Tras trabajar durante dos años para completar And Nothing Hurt, álbum armado con un laptop, el resultado habla por sí mismo: a sus 52 años, Jason Pierce continúa flotando en el espacio.
Por: Nuno Veloso

  • 13 septiembre, 2018

En noviembre de 2016, poco antes de conmemorar los 20 años del exitoso Ladies and Gentlemen We Are Floating In Space (1997) con dos shows junto a coro y orquesta en el Barbican de Londres, Jason Pierce confesó a The Independent que el próximo disco de Spiritualized sería tal vez el último de su carrera. “La música es muy importante, y hay mucha música afuera como para hacer algo nuevo porque sí”, nos comenta respecto a dicha afirmación hoy, al teléfono desde su hogar en East London.

“Siento que el rock and roll es como una persona joven, se siente lleno de la estupidez y la arrogancia de la juventud. Y es difícil hacer eso cuando uno envejece”, asegura Pierce luego de crear este disco sorteando la escasez de recursos y grabando cada sección por partes, para poder concretar así su ambiciosa visión. 

 

-¿Por qué te demoraste tanto en editar este nuevo disco? Entiendo que es el primero que grabas utilizando un laptop.

-En realidad hay varias razones. Me toma un tiempo sacar discos; siempre he sentido que es una gran responsabilidad y que uno no debería llegar y sacar un disco porque sí. A medida que me he hecho viejo, siento que esta sensación es cada vez más grande, y veo que hay muchas personas de mi edad que lanzan trabajos, pretendiendo tener veinte o treinta años todavía, usando el mismo lenguaje y el mismo estilo de cuando eran jóvenes. Yo siento que, sí voy a hacer un disco, tiene que ser mejor que eso. Tiene que reflejar quién soy ahora, tiene que haber una gran razón para hacerlo, no puede ser simplemente una excusa para salir de gira otra vez. Sacas un trabajo, estás en la carretera, ganas dinero, y otra vez hacer todo de nuevo. La música es muy importante, y hay mucha música afuera como para hacer algo nuevo sin una razón mejor. Siento una suerte de presión interna de que sea así.

-¿Es envejecer un tema importante a la hora de enfrentar este nuevo trabajo?

-Sí, algo así. Hay una especie de nostalgia, de reflexionar sobre el paso del tiempo. Cuando yo era joven, estaba muy inspirado por la música que amaba. Escuchaba a Kraftwerk, Brian Wilson, todos me inspiraban y sentía que eso abría un nuevo mundo para mí. Ahora, siendo más viejo, escucho esa música –u otra música que amo– y me pregunto, ¿cuál es el punto? Ya se ha hecho tanta música hermosa antes, no solo por otra gente, sino que yo mismo incluso. Siento la responsabilidad de hacer algo mejor, algo que no sea tan fácil. Parece que mis propias inseguridades me impiden hacer eso a medida que envejezco, y se hace más difícil.

-Entiendo que esta vez grabaste algunas partes de nuevo, tras los shows en The Barbican el 2016, para el aniversario de Ladies and Gentlemen we are Floating in Space.

-Principalmente las voces. Yo no grabé realmente todo en un laptop. Cada vez que tenía algo de dinero iba a grabar a un estudio partes de batería, tímpanos, o lo que necesitaba. Pero, en cuanto a las voces, las grabé al lado de mi cama y no podía hacer que sonaran mejor. Esos dos shows los hice para acordarme de cómo era cantar con una orquesta y un coro. Luego, hice la mitad del disco de nuevo, como queriendo recapturar esa experiencia. Volví a casa y canté las palabras otra vez, de la forma correcta.

-Cuando te refieres a la música de otros artistas, hablas mucho de la nostalgia.

-Cuando grabo, no puedo escuchar nada más. Ese es otro problema, porque amo la música y me encanta lo que me provoca. Pero cuando hago un disco, se me arruina esa experiencia porque empiezo a fijarme en cómo está hecha la música de los demás, en la producción, no puedo relacionarme con ella de la misma forma. Quería hacer algo como las sesiones del Smile de Brian Wilson, como Ray Charles, algo tan simple como escribir canciones y luego grabar las sesiones. Pero cuando llegó el momento de comenzar, no tenía el dinero para eso. Entonces pensé, si me compro un laptop, puedo ganar tiempo y después armar todo en pedazos, desde partes pequeñas. Me pasé como dos años moviendo y construyendo cosas, tratando de conseguir el sonido que estaba persiguiendo.

-¿Y cómo te sientes con el resultado?

-Creo que estoy muy cerca de él todavía. Han sido años escuchando todas las partes, todos los días. Creo que la gente debería poder escuchar más de lo que es posible, siempre he pensado que las sesiones completas del Smile de Brian Wilson son mucho más conmovedoras que el disco terminado. Quiero que la gente escuche todas las cosas que hay en este disco, pero eso es casi imposible de hacer. Cuando comencé, pensé que podía cambiar las reglas, modificar la forma en que funciona el espacio y en que la gente escucha todos los sonidos.

 

-Hablando de ese sentimiento de urgencia y de envejecer, algo que está muy presente en las letras, ¿sigues pensando que este es el último disco que vas a editar?

-Tal vez. Fui sincero cuando lo dije, y estaba aceptando voluntariamente esta especie de locura, donde haces lo mismo una y otra vez, pero esperas distintos resultados. Cada vez que hago un disco, siento que voy al mismo lugar oscuro, como aceptando este desorden obsesivo compulsivo, esta suerte de obsesión, y siento que no puedo hacerlo otra vez si nadie me ayuda y me dice: “Mira, podemos conseguirlo, encontrar un punto medio”. Siento que cuando uno toca en vivo es distinto, se siente como fácil, sin esfuerzo, tan hermoso y tan sencillo, pero hacer discos es otra cosa. Yo nunca dije que no haría música de nuevo, me refería a los álbumes. Hablaba con el cineasta Jonathan Glazer el otro día, y siento que la forma en que él trabaja es bastante similar a la mía, alejándose de todo lo que le gusta, crea un agujero y pasa cada minuto del día obsesionado con eso. Cuando yo era joven, era excitante tratar de resolver problemas y encontrar soluciones, pero ya no, ya sé cómo es eso, sé cómo es hacer un disco.

-Cuando hiciste los shows de aniversario de Ladies and Gentlemen… , ¿cómo fue enfrentarte a esas canciones y observarlas con lo que ha ocurrido en tu vida después de todos estos años?

-Fueron shows sorprendentes. Vi a Kris Kristofferson tocar hace algunas semanas, para su cumpleaños número 82, y cantaba todas esas canciones hermosas, magníficas. Incluso sus estribillos tienen una narrativa, no son algo flojo, son muy elocuentes, bellas. Cada una de ellas fue cantada de vuelta hacia él por el público. Y me hizo darme cuenta una vez más de que las canciones no le pertenecían a Kristofferson, sino al público. Ahora que yo dejé ir ese disco, esas canciones ya no me pertenecen. Un amigo me dijo “le pertenecen al universo ahora”. Cuando hicimos esos shows, se sintió así. No pudimos tocarlas de esa manera, todo de una vez, cuando sacamos el disco originalmente. En los shows se sentía como si el público se hubiese enamorado –o distanciado– al son de esas canciones, como si hubiesen vivido esos grandes y pequeños momentos de sus vidas acompañados por ellas, y eso fue algo muy increíble.