La figura de Bobby Womack atraviesa por completo la historia del rock and roll. Desde su canción It’s all over que llevó a The Rolling Stones por primera vez al tope de las listas en UK en 1964, hasta su intervención en el tema Stylo, junto a Gorrilaz, que le valió un nuevo número uno casi cincuenta años más tarde. El mito dice que Bobby volvió para hacer el track con Gorillaz sólo porque su nieta Cheyenne le dijo que eran “cool”.

  • 20 junio, 2012

 

La figura de Bobby Womack atraviesa por completo la historia del rock and roll. Desde su canción It’s all over que llevó a The Rolling Stones por primera vez al tope de las listas en UK en 1964, hasta su intervención en el tema Stylo, junto a Gorrilaz, que le valió un nuevo número uno casi cincuenta años más tarde. El mito dice que Bobby volvió para hacer el track con Gorillaz sólo porque su nieta Cheyenne le dijo que eran “cool”.

Una verdadera leyenda viviente, Womack inició su carrera de la mano del célebre Sam Cooke y desde entonces su nombre ha sido ligado a personajes tan ilustres como Wilson Picket, Jimmy Hendrix, Janis Joplin o Sly Stone. Un personaje controvertido, con un talento musical excepcional, que muchas veces se vio eclipsado por sus continuos escándalos amorosos, disputas personales y una profunda adicción a la cocaína que duró por casi tres décadas.

Alejado de los estudios desde la edición de Resurrection en 1994, Womack fue sacado de este largo ostracismo gracias a la porfía de Damon Albarn, quien insistió en fichar al “mejor cantante de soul de todos los tiempos” para un par de surcos de los discos Plastic beach (2010) y The Fall (2011).

Tras su exitosa colaboración con Gorillaz, Albarn y Richard Russell -presidente de XL Records- se empeñaron en que Womack trabajara, esta vez, en su propio comeback album. “Ellos creían en mí, mucho más de lo que yo creía en mí mismo”, confiesa Womack. Haber estado fuera del ring por casi veinte años le había hecho perder el deseo y la confianza en sí mismo.

Una vez que el cantante de Cleveland decidió poner su futuro en las manos de Albarn y Russell, el trío comenzó a trabajar en la confección de The bravest man in the universe , un disco cuyo principal desafío era encontrar un sonido moderno y original que se fundiera con el brioso y silvestre tono del soulmen norteamericano.

Lo que más impresionó a Womack –que acaba de superar un cáncer- fue que durante las sesiones del álbum no sucedió nada alocado; sólo trabajo y música. Por cierto, un ambiente muy diferente a las “intensas” jornadas de grabación que acostumbraba tener junto a Sly and The Family Stone o Janis Joplin. El disco refleja claramente esta suerte de realidad paralela, en que el apasionado carácter de Womack debe convivir con la prudente y racional postura de los ingleses. Como un cerebro funcionando desde su hemisferio lógico y emocional, sin mayores conflictos ni altercados.

En esencia, The bravest man… se construye sobre este doble relato, con Womack inyectando dramatismo y urgencia en su voz, asistido por arreglos electrónicos inteligentes, administrados de forma sobria y prudente. Esta dualidad se transforma en la marca registrada del álbum, y su máxima expresión la encontramos en temas como Please forgive my heart, Jubilee y Dayglo reflection. En este último el músico es interpelado por la inquietante y sinuosa voz de Lana del Rey.

El disco puede verse como un lúcido encuentro entre dos mundos dispares, una colisión estelar de dos lejanos puntos del tiempo. Y que quede claro: no es una simple mezcla de géneros, como las hay tantas. En The bravest man… se une el peso histórico de Womack, un protagonista de los horrores y placeres de la vida, con el romanticismo futurista de Albarn y Russell, quienes como verdaderos arqueólogos buscan entre las ruinas rasgos de sus propias identidades.

Lejos de ser un espacio de nostalgia por los mejores tiempos pasados, aquí el viejo Hombre del Soul encuentra -por fin- unos aliados dignos en las máquinas sin alma de nuestro siglo XXI. Vaya paradoja, pero suena perfecto.