En su última muestra, el diseñador y artista chileno Sebastián Errázuriz reflexiona sobre la tecnología y sus límites. Mientras presenta datos que suenan alarmantes, insiste en que no se trata de ciencia ficción, ni futurología ni distopía. Es nuestro presente y es El principio del fin.

  • 6 diciembre, 2018

Si yo estuviese de viaje en Irán, y supongamos, me secuestran. Soy ciudadano chileno pero imagínense que además trabajo para Apple. ¿Quién preferiría yo que intercediera por mí? ¿Sebastián Piñera o Tim Cook? Preferiría a Tim Cook. Nada en contra del Presidente, pero de pronto el dueño de una empresa pasa a tener más poder que el director de un país”. Con ejemplos como este, Errázuriz (41)expone ante un grupo de periodistas el trasfondo de su muestra El principio del fin, que la semana pasada abrió sus puertas al público en CorpArtes. Usando pantallas, renders, impresiones en 3D y realidad aumentada, recrea un panteón contemporáneo donde figuran los líderes de los principales imperios tecnológicos, como Steve Jobs, Tim Cook, Elon Musk, Edward Snowden, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos.

“El arte”, explica el diseñador radicado en Nueva York hace 12 años, “es una excusa para hablar de temas más importantes”. 

Antes de instalarse en Estados Unidos, Errázuriz protagonizó llamativas instalaciones en Chile. En 2005 rescató a una vaca de un matadero y la trasladó a la azotea de un edificio en el centro de Santiago. Al año siguiente, plantó un magnolio en medio de la cancha del Estadio Nacional en un acto que bautizó Memorial Of A Concentration Camp. A lo largo de su carrera ha seguido experimentado y creando originales muebles performáticos, y en 2015, su obra A Pause in the City that Never Sleeps fue exhibida en las pantallas de Times Square. Ahora el artista entra en una fase “más intelectual e intangible”, en sus propias palabras, y para eso investigó cinco años, junto a un equipo multidisciplinario, utilizando datos duros, papers científicos y publicaciones de medios de comunicación, para dar vida a esta exposición que según él es la obra más ambiciosa que se le pudo ocurrir. 

“Hay provincias en China en las cuales las cámaras pueden seguir a millones de personas al mismo tiempo y detectar cuándo cruzaste una calle de manera equivocada y quitarte puntos, de manera que no solo te castigan a ti, también a tu familia. La manera de penalizar es que no puedas acceder a los mejores colegios, por ejemplo”./ “La raza humana se va a bifurcar entre aquellos que tienen y los que no tienen dinero para prolongar su existencia. Vamos a tener grupos de personas con 50 años más de vida que otros, ellos podrán elegir los ojos y el coeficiente intelectual de sus guaguas, o revertir su edad”./ “Todavía de manera precaria y tímida, pero la curva nos está llevando a gobiernos fascistas. Imagínense nuevos gobiernos autoritarios con el poder de la tecnología hoy día. Están haciendo ingeniería con nosotros, aprendiendo a modificar nuestro comportamiento”./  

“Si en un minuto Facebook nos permitió conectarnos y reencontrarnos con amigos del colegio, poco a poco, los algoritmos te van mostrando a aquellos que piensan como tú, así nos vamos aislando en unas cámaras de eco en las que uno solo se escucha a sí mismo”./ “Google es el nuevo oráculo, hoy le preguntamos todo. Me da la respuesta a lo que ni siquiera sé que quiero. Estos depositarios de información siguen acumulándose”.

Son algunas de las ideas y frases que el artista lanzó horas antes de inaugurar su muestra.   

 

El nuevo imaginario 

Sebastián Errázuriz responde distintas preguntas, muestra cómo lucen sus estatuas de realidad aumentada proyectadas en el espacio de la exposición y explica de qué manera funciona allword, la app que desarrolló junto a su equipo. 

-En conclusión, los personajes que citas en esta muestra ¿son héroes o villanos?

-Depende. A mí un Snowden me parece un héroe, un tipo que si uno lee artículos sobre su moral y ética, fue muy purista. El aporte que hizo, si bien al gobierno de Estados Unidos le pudo parecer que había elementos de traición y que pudo poner en riesgo a las fuerzas armadas, no arriesgó a nadie y se probó que fue lo suficientemente juicioso al entregar la información a otras entidades y periodistas para que ellos la procesaran de manera responsable. Un Elon Musk, por mucho que sea empresario y tenga mucho que ganar, al igual que Jeff Bezos, hasta el momento solo ha realizado aportes. 

-Pero más allá de las particularidades  de cada uno, la cuestión se trata sobre el inmenso poder que sustentan y la capacidad que tienen incluso de poder anticipar nuestros deseos. Lo poderosos y peligrosos que pueden ser.

-Lo que pasa es que el villano al que estamos acostumbrados viene de una narrativa de cómics que es muy caricaturesca. Funciona sobre la base de a generar un villano muy feo y muy malo, y uno bueno muy bonito y valiente. Yo creo que muchos de estos personajes van pasando por una serie de matices. El poder va corrompiéndolos y poco a poco van creyendo más en sí mismos y aliándose con gente que solo les reafirma su posición. El dinero también los va pervirtiendo. Yo no sé si Mark Zuckerberg partió como un tipo que lo quería todo, que estaba dispuesto a enlodar a sus enemigos o estar a cargo del destino de gobiernos, pero es algo que le ha ido tocando, y no ha sido el más loable en su comportamiento. 

-Puede ser muy adictivo ver cómo puedes realmente influir en las conductas humanas. ¿No es triste asumir que somos tan predecibles? ¿Crees efectivamente que los algoritmos pueden leernos mejor que nosotros mismos?

-Sí, claro, por supuesto.

-¿No hay una naturaleza que se pueda rebelar a esa ecuación?

-Es que nosotros somos algoritmos. Tú puedes creer en el alma o en Dios, yo no creo en eso. Solo sé que la ciencia cada año va demostrando que esas verdades o misterios son explicables. Ante eso nos damos cuenta de que nuestro cerebro funciona a una cierta velocidad y que hay un cierta cantidad de circuitos capaces de generar un determinado nivel de sinapsis. Somos bastante predecibles.

-¿Y el espacio del arrebato, el impulso, el antojo?

-Cualquier buen psicólogo, cualquier buen doctor es capaz, puede decirte de dónde provienen. Cualquier observador puede entender por qué pasan ciertas cosas que nos pasan. No me parece tan complejo entender al ser humano. Y, de hecho, somos estadísticamente básicos y repetitivos. Todos creemos que somos más inteligentes que la media y matemáticamente eso es imposible. 

-¿Todos estos siglos nos hemos engañado al otorgarnos una supremacía que no es tal?

-Claro, de hecho la historia ha probado eso. Antiguamente creíamos que el sol giraba alrededor de nosotros y después nos damos cuenta de que no. Siempre hemos tenido una posición egocentrista y poco a poco constatamos que somos un elementillo más dentro del espacio.

 

Y ahora qué

-El título de la exposición es apocalíptico, pero tu obra se abre a un futuro. 

-Lo presenté así solo como una pequeña aspirina, pero no es solución a nada. Era lo único que se me ocurría como manera de paliar un poco lo que se viene. 

-¿Y si tratas de imaginarte a la humanidad en 100 años más?

-No puedo. Y los profesionales que se dedican a esto te dicen que es irresponsable tratar de imaginar más allá de 20 o 30 años. Que el nivel de crecimiento exponencial es tal, que no nos da la cabeza. El que diga que sabe lo que va a pasar en 50 o en 100 años, está loco. Racionalmente no se puede.

-¿La tecnología ha sido una trampa? ¿Se supone que nos iba a hacer más libres pero finalmente estamos siendo leídos, observados y categorizados todo el tiempo?

-Nunca hemos sido libres. Siempre fuimos prisioneros de otras cosas. La tecnología nos ha permitido tener las más largas expectativas de vida, los más altos niveles de riqueza y de alfabetización. Estamos en el mejor momento de la historia, con menos guerras y menos muertes. La tecnología nos permitió liberarnos del temor a que si tú tenías un hijo, era muy probable que murieses en el parto. Nos permitió liberarnos de que tu vida tuviese que terminar a los 30. Pero siempre vamos a estar limitados y quejándonos de lo que dejamos atrás. 

-¿Y qué viene?

-No creo que tengamos un propósito, pero tal vez nuestro fin futuro va a ser generar una tecnología y vida superiores a nosotros. De ahí que la muestra se llame así. El principio del fin del hombre como protagonista, de la evolución biológica de carne y hueso. Hoy, muchos de estos mismos fundadores, como se llaman a sí mismos los grandes empresarios de la tecnología, que hablan de vivir mucho más que el resto. 

-¿Y para qué?

-¿Quién no quiere vivir más tiempo? Por algo hay tantas  películas y fábulas de gente que busca el elixir de la juventud o la vida eterna. Es llegar a ser un dios. 

-¿La gracia de vivir 150 años entonces es la ilusión de la inmortalidad?

-Claro, qué lata estar viviendo a medio morir y usando pañales durante décadas. Así no vale la pena. Pero la gracia es que ellos creen que la muerte es algo evitable. Y que la extensión de vida es algo en lo que se puede ir avanzando de manera muy rápida. Así lo vemos en todos los cambios genéticos que se están desarrollando y en la manera de considerar al cuerpo humano un elemento que puede ser hackeado y reprogramado. Es un tema netamente matemático, extender esa curva exponencial entendiendo que tienes grandes cantidades de recursos e inteligencia artificial. Pones eso en una juguera, le das 5-10-15-20 años y la realidad es completamente diferente a la que conocemos. Elon Musk tiene un planteamiento muy bueno, dice: “Imagínate que estamos en 1903, antes de jamás haber volado en la historia de la humanidad. Lo hemos soñado, pero todavía no ha existido. El año siguiente volamos por primera vez, diez años después empiezan los primeros vuelos comerciales. Y 65 años después del primer vuelo caminamos sobre la luna”. 

-Pero ahí como que se estancó la cosa.

-Se estancó un poco el avance espacial. Pero el tema es otro: la velocidad en la que puedes pasar de algo que nunca existió, a una realidad. Era imposible en 1903 concebir que ibas a poder caminar sobre la luna. Musk sigue entonces: “Imagínate que, de manera conservadora, solo nos moviéramos hoy a un tercio de esa velocidad”. Por ende, en veinte años de los primeros trasplantes de cabeza, que se están experimentando ahora, pasaríamos a ponerle una cabeza humana a un robot. Ese es un ejemplo que no solo es factible, es conservador. 

 

Arte virtual

-En cuanto a consumo cultural, ¿crees que la experiencia virtual pueda terminar de sustituir a la presencial? ¿No ha sido más lento de lo que imaginamos cuando empezamos a usar internet?

-Creo que ambas experiencias van a existir en paralelo. Cuando salió la radio todos pensaron que se acababan los diarios, llegó la televisión y pensamos lo mismo de la radio. Y así. Se va parcializando. Si tienes el nuevo sistema operativo de Apple en tu teléfono, te calcula cuánto rato pasas en redes sociales. Si lo revisas, da miedo, asusta. Entonces efectivamente estamos pasando hacia una vida más digital. Lo queramos o no. Y todo eso a través de un bloquecito que andamos trayendo en el bolsillo. 

-Si tus esculturas las pudiéramos proyectar en el living de mi casa, ¿te parecería igual de valioso a que estén en el contexto de un espacio artístico como este?

-Por supuesto. Mientras lo puedas ver y percibir, la calidad de la experiencia es igual de buena como si existiera. 

-¿Y la comercialización del arte en ese caso cómo funciona?

-Hay una serie de elementos, está el blockchain que permite asegurar la propiedad intelectual. Las criptomonedas que permiten a su vez generar pagos muy pequeños para que la gente pueda pagar por experiencias. Hay muchas maneras de desarrollar y proteger la propiedad intelectual. Puedo arrendarte el archivo para que lo proyectes sobre Times Square.