El poeta y documentalista chileno, Santiago Elordi, identifica al pensamiento binario como uno de los principales enemigos de estos tiempos. instalado en españa, viajó al país exclusivamente para echar a andar un proyecto cultural que propone un nuevo paradigma fractal que surja del arte: “Veo reduccionismos de la realidad. ‘Yo tengo la razón y tú no’. Cero poesía”.
Fotos: Verónica Ortíz

  • 26 diciembre, 2019

Propone juntarse a los pies mismos del general Baquedano, epicentro del estallido social. Es lunes en la mañana y aunque el lugar está prácticamente desierto y el sol empieza a sentirse fuerte, algunos transeúntes llegan a sacarse fotos posando junto a la estatua que cambia de accesorios. Ese día el caballo viste una capucha amarilla y de su cuello cuelga una cuerda para quienes lo montan cada tarde. En su pedestal hay una verdadera galería de imágenes y consignas que se superponen en capas luego de más de 60 jornadas de intensa actividad. Para la foto, a Elordi (59) se le ocurre posar con un cartel. Cruza a una librería cercana a comprar cartulina y un plumón con el que escribe “Ni adentro ni afuera”. Con ese mensaje el poeta, que actualmente vive en un pueblo costero de Alicante, España, quiso viajar Chile exclusivamente para echar a andar un proyecto cultural que propone salir de la lógica binaria y abordar un cambio de paradigma. Según cuenta, fue el mensaje del empresario y presidente de 3xi Sergio Cardone –quien dijo que el país no se va a ir a la cresta–, el que lo motivó.

Previo a la entrevista el escritor desarrolló una especie de borrador de varias páginas que se traducirá en un artículo próximo para el diario El País. Ahí analiza algunas de las características de este movimiento social y, sobre todo, las reacciones que ha suscitado en nuestra esfera cultural. En el texto también se anticipa a los golpes que podría recibir de parte del mundo progresista: por burgués, por amarillo, por opinar viviendo afuera y por haber sido agregado cultural de Chile en Italia durante el primer gobierno de Sebastián Piñera. “A esta edad no le voy a pedir permiso a nadie para decir lo que pienso ni hacer lo que hago”, dice sentado en un café uno de los fundadores de la revista Noreste –junto a Beltrán Mena y Cristián Warnken– a finales de los 80, y autor de varios títulos de poesía. Desde que llegó a Santiago ha estado visitando el sector, asistiendo a las manifestaciones que los viernes congregan a miles de personas, repasando los daños materiales y también las expresiones callejeras.

-¿Hay algo que te haya sorprendido al llegar aquí?

-Estar con gente que ha sido parte de la protesta, pero sin color político. Estoy tomando la temperatura y todavía me falta conversar con más personas. Me interesa hacer un diagnóstico cultural porque creo que ha habido reacciones muy polarizadas. Y estoy muy en contra de eso.

-En tu texto hablas de la hegemonía de la izquierda en el mundo de la cultura. Si hay polarización, ¿quién representa el otro extremo?

-Nadie. Porque la centroderecha o la derecha en Latinoamérica es muy pobre culturalmente. No se ha levantado un discurso cultural porque se ha enfatizado solo el crecimiento económico. Eso ha creado un vacío en las nuevas generaciones que no tienen otra alternativa, aunque fuese dicotómica o antagónica. La izquierda tiene una estética poderosa y una oferta mucho más rica. 

-¿Cómo desarrollas el “Ni adentro ni afuera”?

-Tenemos la sensación de que estamos viviendo en un barco que se hunde por desastres que vienen desde el calentamiento global, la sobrepoblación, el populismo y el totalitarismo ideológico. Se está polarizando el mundo y creo que la forma de resolver ese problema no es a través del pensamiento binario político tradicional.  Tenemos que atrevernos a explorar con libertad distintos paradigmas. Por hacerlo homologable a la ciencia lo llamo entrelazamiento cuántico: un sistema donde hay distintas partículas interconectadas, no son entes sueltos. Tenemos que acercarnos a formas de pensar asociativas para poder salir de estas ecuaciones binarias, que nos han llevado a ver la realidad de manera muy plana.

-¿Cómo se sale del pensamiento binario?

-Esa tercera forma de pensar está muy ligada a la poesía. Es propio del taoísmo, de los cuentos sufi, de relaciones que no son blanco y negro. Hay grises. Hay que mantener la poesía en ese estado y no instrumentalizada políticamente. No todo se puede reducir a una categoría política, que es lo que quieren las corrientes de tipo marxista en una visión reduccionista de la existencia humana.

-¿Y el lenguaje no es acaso una expresión política?

-Tiene una implicancia política porque interactúa con el mundo. Es el viejo de la tribu que cuenta algo en torno al fuego. Son las sacerdotisas de la antigüedad. Pero eso va por otro conducto y no está hablando siempre de una problemática social entre explotadores y explotados, entre mujeres y hombres… Lo que hay que conservar son esas líneas de pensamientos poéticos o fractales, porque si no la cosa pasa a ser un totalitarismo salvaje. Da lo mismo de dónde venga. Yo, a lo que más me acerco es al liberalismo, pero soy eso y muchas otras cosas más; me interesan las sociedades que hablan y se contradicen. La duda antes que la certeza. Creo que el campo del arte está más vivo que nunca y es el momento de la poesía, que es a la que nunca invitan a la fiesta.

-¿Te parece que lo que ocurre en la calle tiene algo de poesía?

-Hay manifestaciones creativas. Pero en los muros las consignas son blanco y negro. Veo reduccionismos de la realidad: “Yo tengo la razón y tú no”. Cero poesía. Sí he visto en las protestas unas ganas de participar con creatividad, una forma de juntarse en encuentros asociativos basados en la belleza. Ahí se crea un clima de encuentro que Chile necesita. Creo que en buena parte esto se explica porque nuestro país es aburrido, es una sociedad que se ha volcado a lo económico. No tenemos fiestas, no tenemos carnavales, no tenemos representaciones paganas, falta eso.

-¿Cómo se encauza esa energía para no caer en la frivolización?

-El pensamiento cuántico nos dice que el sistema no es algo que esté afuera. Ya no podemos ir contra el sistema porque también somos parte de él. Ni adentro ni afuera. Hagámonos todos responsables.

-En una entrevista previa a Capital hablabas de que debería existir una canción que dijera “Que nadie se vaya”, en alusión al himno de Los Prisioneros. ¿Sigues pensando así?

-Absolutamente. El baile de los que sobran es muy fácil, pero resulta que estamos todos en este planeta y si no entendemos eso, no vamos a llegar a ninguna parte. Todos sufren además. Hay soledad y pobreza también en la riqueza. Nadie sobra. Yo entiendo esta ola de destrucción. La gente se siente excluida, son marginados. Pero más que luchar contra el sistema, hay que lograr incorporarlos a él. Conflictos sociales va a haber siempre -dicen algunos expertos que ocurren cada 40 años-, pero la posición de un artista creativo debe ser más bien de reconciliación. Como Walt Whitman y su poema que creó los cimientos de la democracia estadounidense. Todos estamos acá: el empresario, el paco y el poblador.

-¿Sientes desazón respecto de este momento o ves elementos rescatables?

-Las dos cosas. Me dan ganas de ponerme las pilas porque hay un desafío y por otro lado me produce pena, malestar y rabia.

-¿Para ti la estatua de Baquedano intervenida representa el acabose?

-No, eso es una manifestación y lo veo como una intervención creativa. Ahora, los mensajes políticos más rupturistas yo los sacaría. Como las amenazas de muerte al presidente. Pero que el caballo lo intervengan con color me parece bien, si no podemos hacer eso…

La distopía

El poeta y escritor tiene fuertes críticas hacia la izquierda más dura, aunque le concede conquistas sociales importantes, afirma que suelen caer en épicas reivindicativas “infectadas de ideología”. Él está en las antípodas de eso, pero tampoco se ubica en la derecha: “Estoy solo. Es que no me representa la derecha, pero dentro de un pensamiento político económico, me siento más liberal, tipo Evópoli”. En sus reflexiones sobre las causas del estallido apunta al imbunchismo, figura mitológica mapuche que representa el ánimo de destrucción. “El imbunche quiere destruir todo lo que no entiende. Es una cosa tanática que tenemos los chilenos, parte de un complejo de inferioridad”, afirma Elordi.

-Mencionas en tus apuntes una cultura del resentimiento.

-Sí, y eso se junta con un antecedente histórico que me parece muy interesante. El historiador Mario Góngora señala que es una constante latinoamericana querer empezar de nuevo porque somos jóvenes. Como pueblo, según nuestra edad comparada con otras civilizaciones, tenemos unos 13 o 14 años. Somos jóvenes, entonces justificamos la destrucción.

-¿Las revoluciones han sido el motor de la historia?

-Esa es una mirada, pero han sido muchos los motores de la historia. Creo que ha habido momentos de entrega, de sociabilidad, de amor, de propuestas. No veo la cosa entre buenos y malos. Ya no creo en la revolución cueste lo que cueste.

-¿Qué te hizo descreer? 

-Cuando se producen los cambios sobre la base de la violencia, terminan generando más violencia. Los que llegan al poder cambian de modelo, pero ellos, como dijo Arthur Rimbaud, no se transforman. Entonces se vuelve a repetir lo mismo: la Revolución francesa, los bolcheviques, la dinastía china, el fascismo italiano, el populismo latinoamericano. Llegan al poder, se institucionalizan y vuelven a ser conservadores. No creo en la violencia como móvil de la historia. Creo que los modelos es importante transformarlos y reformarlos más que destruirlos. Y creo que los grandes profetas de los tiempos que estamos viviendo fueron novelistas, como George Orwell y Philip K. Dick. Estos escritores prefiguraron la realidad distópica en la cual estamos.

-¿Estamos viviendo una distopía?

-Absolutamente. Llegó el principio de algo mucho más grande y polarizado. Pero veo una salida en cuanto podamos conservar una poética y un pensamiento humanitarios. Va a depender de qué continuos creamos como civilización. 

El proyecto nacional

“Tengo un lado solitario como escritor y un lado colectivo que trabaja junto a un grupo de artistas haciendo intervenciones públicas”, cuenta el escritor que se autodefine como individualista. El colectivo se llama VPS (Visual Public Service) y su núcleo lo integran la artista Kate Macdonald (casada con Elordi y madre de dos de sus hijos), José Manuel Délano y Sebastián Garrido. Ahora vienen a proponer un proyecto comunitario que se desarrolle en cada región de nuestro país. “Partimos del supuesto de que el arte está en todas partes, no solamente en las galerías y museos”, afirma.

-¿Cuál es la propuesta?

-Está en desarrollo. Ahora buscamos apoyo y recursos para que el diseño lo hagamos entre todos. Lo concebimos como una especie de acupuntura: está tan estresado el país que en ciertos puntos, que se llaman las líneas ley, podemos aplicar energía. No soy muy esotérico pero creo que el planeta tiene correspondencias geográficas, como los cuerpos, que si tú tocas un lugar puedes activar otro o como los árboles, que se comunican con sus raíces bajo la tierra. Entonces hay que hacer un estudio para definir qué lugares neurálgicos puedes tocar con arte, para que pueda circular energía que nos lleve a mirarnos como país.

-Un hilo conductor.

-Sí. Si logramos hacer que todas las comunidades más apartadas de Chile y en cada región puedan desarrollar obras de arte, hasta en la Antártica, vamos a crear algo. Hay que hacer una comunicación desde el arte y la geografía. Cada localidad debe expresar mediante sus tradiciones identitarias. Queda definir cuánta plata y colaboración necesitamos para lograrlo. Tenemos un equipo local interdisciplinario con arquitectos como Gonzalo Mardones y Cazú Zegers, el pintor Gonzalo Ilabaca, la fotógrafa Ori Sánchez, el poeta Guillermo García y otros nombres que se irán sumando. Y como el efecto mariposa, este proyecto coincide con la visión de Andrea Brandes, también poeta, que durante ocho años realizó un taller en la Cárcel de Alta Seguridad. Ella lo sacará adelante.

-¿Se puede ser individualista y estar comprometido socialmente?

-Pienso que sí. Creo además que es la única manera porque si uno se vuelca a lo colectivo sin tener nada dentro, se disuelve. Solo es posible hacerlo si tienes una individualidad, un contorno de soledad, con algunos cruces y relaciones humanas.

-Cuando dices que le temes a lo multitudinario, ¿te refieres a la homogeneización?

-Sí. A la pobreza de los discursos que crean totalitarismos. Eso es muy peligroso, porque se traduce también en muerte; de los pensamientos y de las personas. Hay que estar alerta a todo lo que sea el pensamiento reduccionista. Me lo enseñó Nicanor Parra, él decía que la misión del poeta era ser un ordenador del caos. 

-Una de las preguntas que busca inspirar a quienes participen del proyecto VPS es  cómo te gustaría ser recordado por tus seres queridos. ¿Cuál es tu respuesta?

-Me gustaría ser recordado como una persona que intentó explorar pensamientos libres. Con todos los condicionamientos que tengo, al menos traté de pensar lo más libremente posible y explorar paradigmas nuevos: “Intentó ser artista”.