Se trata de la única zona de Chile donde el producto se extrae directamente del mar. En medio del agua, el turista aprende un oficio que existe hace más de 500 años.

  • 7 febrero, 2019

Así como en Lota, cuna del carbón, hay tours para que la gente conozca cómo era la dura vida del minero, o en Sewell hay paseos para ver cómo vivían los hombres que sacaban el cobre a 2.000 metros de altura. Ahora en la zona de Cáhuil, a 15 kilómetros al sur de Pichilemu, hay un tour que muestra un mundo chileno que a pasado desapercibido por mucho tiempo: la vida de los salineros.

 Gracias a un proyecto ejecutado por la Universidad Central y financiado por el Gobierno Regional de O´Higgins, la experiencia que hoy se ofrece en la zona es para trabajar un día como salinero, una especie de minero, pero de sal. El tour parte en Pichilemu para luego llegar a Cáhuil, pueblo costero donde desemboca el estero Nilahue, y sube, siguiendo el cauce, unos 18 kilómetros, recorriendo, sucesivamente, los pueblitos de Barrancas, La Villa y El Bronce.

¿Por qué la ruta de la sal?

Cada año, en invierno, el mar sube por el estero y lleva la sal aguas arriba, donde se apoza y decanta. Para recogerla, los lugareños forman cuarteles, especies de piscinas rectangulares, que son anegadas por el mar. Más menos en octubre, con el sol, el agua se evapora y baja, lo que deja una mezcla de barro y sal. Extraerla es el trabajo del salinero, para lo cual aplica técnicas heredadas de sus abuelos.

“Sacamos el agua a mano y, la que queda, con motobombas, que es la única tecnología moderna que aplicamos en el proceso. Luego despejamos el barro, lo pisoneamos y esperamos a que lo seque el sol. De ahí le echamos agua, la pasamos, con ramas, de un cuartel a otro, suavemente, para que la tierra decante. Al final queda una costra de sal de 10 centímetros, la que sacamos con carretillas y ensacamos”, explica Agustín Moraga, salinero de Barrancas.

Esa experiencia es la que puede vivir el turista, ya que hoy forma parte de los paquetes que ofrece la empresa “Turismo Pichilemu”. “Ellos van a hacer exactamente el mismo trabajo de producción de la sal de los lugareños, desde la extracción hasta el ensacado. Luego se pueden llevar la que trabajaron”, comenta Eduardo González, dueño de la agencia.

Mariah Lee Hibarger, guía de rafting estadounidense, quien baja en balsas por el río Colorado en el Gran Cañón, hace una semana hizo la ruta de la sal. “Me parece muy interesante, porque una se involucra con la cultura del lugar, es una forma de conocer y vivir la realidad de los lugareños”, cuenta.

Trabajo de siglos

La historia de las Salinas partió hace unos 500 años, en la época precolombina, cuando los aborígenes de la zona extraían el producto con técnicas ancestrales. No fue sino hasta 1.700 cuando la actividad adquirió el carácter de proto industria (modelo productivo medieval), en base a las prácticas con que hoy se trabaja en el lugar. La señora Elena Parraguez, que vive desde siempre en la zona, es la encargada de hacer el relato histórico. La mujer cuenta que hoy el trabajo se hace igual que hace 300 años atras, “se usaba la pala de palo, los cuarteles, el desbarre, todo era igual”, explica. De primera mano, comenta cómo la sal era transportada 70 años atrás, “se llevaba a Valparaíso a lomo de animal, con una tardanza de 15 días de ida y quince días de vuelta. Los hombres que la iban a vender estaban un mes fuera de la casa”, recuerda.

Actualmente son alrededor de 20 personas las que se dedican a esta actividad. Se trata de hombres de unos 50 años que han recibido el oficio como herencia de sus padres y abuelos. Un 62% de ellos solo tiene enseñanza básica, y  han encontrado en las Salinas una forma de ganarse la vida. Incluso en 2013, estos hombres, fueron declarados Tesoros Humanos Vivos por la Unesco, gracias al aporte patrimonio cultural inmaterial que otorgaban a Chile.

La sal de Cáhuil es un producto que sólo puede ser elaborado en ese lugar, debido a condiciones geográficas y prácticas productivas únicas. Esta es la única sal de Chile que se extrae del mar, a diferencia de la del norte, que se saca de los salares del Altiplano.