Este año Luis Poirot cumple 80 y pensaba celebrarlo con un libro que reúne retratos de cien escritores chilenos. El proyecto se vio detenido por causa del coronavirus pero desde el confinamiento el fotógrafo ha estado publicando algunos rostros que forman parte de nuestra memoria colectiva.

  • 10 junio, 2020

Las imágenes que he subido estos días a mi Instagram @luispoirot son parte de mi archivo de más de cincuenta y cinco años involucrado en la fotografía, en la memoria de la cultura de un país que pareciera no tenerla, o más bien, no quererla. Comenzó mi preocupación con esta memoria cuando, estando en Barcelona, en 1975, volvieron los exiliados españoles luego de cuarenta años de dictadura. No reconocían su país y ellos tampoco eran reconocidos.

Fue un proceso a ratos doloroso de reconocimiento mutuo para reconstruir una nación que se había intentado borrar. Grandes nombres de la cultura eran desconocidos en su país. Surgió en mí entonces la pregunta si no ocurriría lo mismo en Chile una vez que terminara la pesadilla empezada en 1973. Fui abandonando el proyecto de ser un fotógrafo de lugares exóticos en color para una revista como National Geographic o Geo. Había viajado a la India tres veces, a Túnez, Algeria, Escocia, Venecia, casi toda España y mucho de Francia. Todo en colores brillantes y fuertes, como los que veía en esas publicaciones.

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Raúl Ruiz. #raulruiz #directordecine

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Comenzó entonces una serie sin destino conocido: retratar a los amigos que pasaban por mi casa en Barcelona. Cenábamos, y luego una luz y un retrato. Algunos estaban impedidos de regresar, otros estaban de paso. Me dije entonces que no podíamos olvidar esos rostros y su obra, que eran parte importante de nuestra identidad. Por ese lugar pasaron Enrique Lihn, don Roberto Parada, Bélgica Castro y Alejandro Sieveking. El Gitano Rodríguez, Mauricio Wacquez, Pepe Donoso, Raúl Ruiz, muchos otros, y algunos un poco olvidados. Sin saber por qué, todo pasó a ser en blanco y negro. El color nunca existió en esta memoria. Después vino el libro Neruda, Retratar la ausencia, que me ayudó a regresar. Y varias otras ediciones rescatando memoria de personas y lugares que a mi juicio constituyen nuestras raíces. Así aprendí a ser un fotógrafo, hablando de lo que conocía, coherente con mi vida. Luego de un cáncer y un infarto, hace veinte años, se hizo más urgente en mí conocer y recordar lo que somos.

El confinamiento me sorprendió terminando un libro con retratos de cien escritores chilenos, mi regalo al cumplir ochenta años. Quedó en suspenso, como todas nuestras vidas. Y aquí estoy en un campo, que no es mío, rodeado con pocos libros, algunas cámaras y las imágenes que están en la memoria del computador, que no son todas las que guardo. Como aquel poema “ligero de equipaje”. Surgió entonces con Fernanda (Larraín, su pareja) la necesidad de compartir memoria, para que no se olvide. Y que pase lo que pase con nosotros, no sea un secreto privado: esas personas, obras y naturaleza.