Uno de los debuts más esperados de la temporada fue el primer disco de Teleradio Donoso. Pasados algunos meses y todo el hype del lanzamiento, conviene echar un vistazo a esta novel banda chilena. 

  • 7 septiembre, 2007

Uno de los debuts más esperados de la temporada fue el primer disco de Teleradio Donoso. Pasados algunos meses y todo el hype del lanzamiento, conviene echar un vistazo a esta novel banda chilena. Por Andrés Valdivia.

 

Desde hacía ya un tiempo que el sonido de Teleradio Donoso sonaba en la escena local con relativa insistencia. Lo suficiente para que se les colgara el peligroso mote de “revelación del rock nacional”, tan pernicioso a la hora de ajustar expectativas, tan benigno para conseguir espacios en la prensa. Lo más novedoso de nuestra música había venido en los últimos años de la mano de la recuperación de la canción chilena como género, a cargo de Gepe y Javiera Mena; y el rock and roll había estado algo ausente, quizás desgastado, por lo que lo de Teleradio era un asunto al que convenía ponerle oído.

 

La banda, sólida y potente, fue creada por su líder, Alex Anwandter, para recrear en vivo las canciones que ya hace un tiempo venía puliendo y afinando en su cabeza. Anwandter está en sus tempranos 20s y tiene ya 12 años de estudios de violín clásico en el cuerpo, algo que se nota en cada melodía, en cada coro de las canciones de Teleradio. Obsesivo, talentoso, con un look a mitad de camino entre Buddy Holly y Elvis Costello, con pasta de productor déspota y multiinstrumentista avezado, este compositor tiene tiempo y holgura para ser uno de los grandes en nuestro país. Si bien sus canciones suenan muy contemporáneas y están fuertemente influenciadas por Paul McCartney y Brian Wilson y parte del mejor anglopop de los 60 y 70, especialmente en el manejo del contrapunto y en la utilización del piano. No deja de sorprenderme lo profunda que es la influencia de dicha corriente en nuestro rock: Los Tres, Los Bunkers y ahora Teleradio Donoso –coherente línea genealógica, si uno lo piensa– comparten todos esa vocación, con algunos matices, claro. Lo de Teleradio es quizás la versión más escolástica de esa familia, con cuidados arreglos, progresiones armónicas bien construidas y un cuidado en la producción muy por sobre lo que se espera en un disco debut en Chile.

 

Titulado Gran Santiago y editado hace algunos meses, el primer disco de Teleradio Donoso sorprende por donde se le mire. Canciones movidas que recuerdan a Franz Ferdinand, baladas entrañables y una sana tensión recorren esta placa que más que un gran éxito, seguro será la primera semilla en una larga serie por venir. En vivo, la banda se defiende muy bien y transmite una sensación de profesionalismo y sana juerga, lo que se agradece en una escena repleta de experimentos a veces interesantes, pero muchas veces poco acabados. Fiato, prolijidad, estilo y sentido comercial. Una ecuación que bien resuelta es capaz de hacer milagros en este mundo extraño que es el rock and roll. Bien lo sabe el manager de estos chicos, el mítico Carlos Fonseca, el mismísimo de Los Prisioneros.

 

Si bien lo de Teleradio es auspicioso, quizás su punto débil es parte de lo que los hace notables: a veces, les ocurre algo que no se puede decir en español, pero que los gringos llaman overdoing. Se les pasa la mano con su propia genialidad, siendo capaces de ir de la maestría a la bobería en dos segundos. Es algo que a los músicos pop con formación docta les suele ocurrir y que se pule con tiempo y oficio. Teleradio Donoso –o alguna encarnación distinta del talento de Mr. Anwandter– llegaron para quedarse y, a todas luces, esa es una excelente noticia.