Aunque en estricto rigor su centenario fue en 2018, por distintas razones la celebración de los 100 años que habría cumplido Nemesio Antúnez está hoy en plena marcha. La fundación que lleva su nombre está tras la inmensa muestra que exhiben conjuntamente el MNBA y el MAC, y actualmente trabaja en un par de publicaciones y un memorial dedicado a la figura del artista, que además fue un importante gestor, comunicador y diplomático.
fotos: Archivo Fundación Nemesio Antúnez

Un artista no debe estabilizarse en los puestos, más claro, burocratizarse”, afirma Antúnez a su hijo Pablo, en su Carta Aérea, una autobiografía donde repasa la historia de su vida de manera cercana pero sumamente informativa. Lo dijo un arquitecto que decidió dedicarse al arte, pero que en el camino se vio varias veces solicitado para cumplir con distintos cargos. Un profundo sentido del deber, o la dificultad a decir que no, lo convirtieron en director del Museo de Arte Contemporáneo (1961-1965) y luego dos veces en director del Museo Nacional de Bellas Artes (1969-1973 y 1990-1993). También fue Agregado Cultural de Chile en Estados Unidos entre 1965 y 1969, años en los que además condujo un espacio radial dedicado a conversaciones con diversos creadores latinoamericanos y fundó  T.O.L.A. “Theatre of Latin America”. Antes, en la década del 50, ya había creado en Chile el Taller 99, dedicado a desarrollar la técnica del grabado, y donde aplicó lo aprendido en su paso por el legendario taller de Stanley William Hayter, Atelier 17, en Nueva York. De 1970 a 1971 fue conductor del programa Ojo con el arte en Televisión Nacional, espacio que revivió luego en la década de los 90 y además participó como actor en varias películas, entre ellas, Estado de Sitio, del director Costa-Gavras. Eso, sin mencionar su dedicación al arte plástico y su gran producción de grabados, acuarelas, pinturas y murales.

Las muchas vidas que vivió Antúnez fueron repletando varias cajas en forma de fotografías, cartas, archivos, recortes de prensa y obras documentales. Su segunda mujer, Patricia Velasco, fue fundamental en la tarea de almacenar todo este material y hace algunos años se lo traspasó a su hija Guillermina. Ella, en conjunto con Olivia Guasch, nieta del artista (hija de Manuela Antúnez), y al arquitecto Felipe Berguño decidieron transformar las cajas en un completo archivo. Con ese propósito, en 2015 constituyeron la Fundación Nemesio Antúnez y obtuvieron un fondo del Consejo de la Cultura, entonces a cargo de Ernesto Ottone, que debía destinarse a realizar un acabado inventario con miras a la celebración del centenario del ex director del MNBA. “Nos fuimos dando cuenta de la inmensa cantidad de material que contenían las cajas y comenzamos a ordenar ansiosamente para tratar de llegar al centenario”, cuenta Guillermina.

Entremedio, cambió el gobierno, el Consejo pasó a ser Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, y el año pasado hubo tres jefes distintos en la cartera. Eso sí, destacan desde la fundación, las conversaciones siempre se han mantenido con Varinia Brodsky, encargada del área de artes visuales del Ministerio. Estos cambios explican, en parte, que la exposición conmemorativa “Antúnez Centenario”, que por estos días ocupa parte importante del MNBA y del MAC, en forma de tres exposiciones distintas, se inaugurara recién en abril de este año. A eso se suma la muestra “Arte desde Nueva York: Al Aire con Nemesio Antúnez”, actualmente en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos; la publicación de un cuaderno pedagógico dedicado al artista y con 13.500 ejemplares distribuidos a docentes a lo largo del país; y una itinerancia de la exposición “Ilustrado por Antúnez” que se presentó en julio del año pasado en la Biblioteca Nacional, y que aborda la producción del artista como ilustrador y diseñador a cargo de portadas y dibujos de libros, colaboraciones con revistas, carátulas de discos, catálogos y afiches.

“Estamos contentos, hemos logrado despertar interés y generar movimiento. Así se actualiza un legado que sirve para reinscribir a este personaje, que de alguna manera a veces quedaba aislado, y permite darlo a conocer a nuevas generaciones”, señala Olivia Guasch en la terraza de una casa en Providencia desde donde funciona la fundación. Agrega que como fundación les interesa destacar la transversalidad de Nemesio con respecto a la política, las clases sociales y el arte: “Ponía en valor la cerámica de Quinchamalí, en la misma línea que una obra de Van Gogh, siempre desde una aproximación muy didáctica”.

De hecho, la artesanía fue otro de sus múltiples focos de interés: tras una larga estadía fuera de Chile, el año 1953, Antúnez junto a su primera mujer, Inés Figueroa, recorrieron parte del país para conocer en profundidad sus distintas artesanías e incluso montaron una tienda.

Los amigos de Nemesio

“Otra cosa muy bonita del archivo es que Nemesio aglutina a muchos otros artistas a través de cartas de esa época y de otras, porque él también se relacionaba con gente mucho más joven e igualmente con gente mayor. Hay desde cartas con Roberto Matta, en los años 40, en adelante”, cuenta Guillermina. Así, el largo trabajo de inventario ha permitido configurar un panorama cultural que abarca varias décadas, tanto en Chile, como de chilenos viviendo afuera.

La hija menor de Antúnez cuenta que mantiene comunicación vía whatsapp con hijos de otros artistas y amigos de su padre, donde comparten fotos o material que va apareciendo. “Tenemos que salir de la resaca del tsunami que fue la exposición, que fue increíble pero fuerte, para avanzar en la publicación de algunos libros y una plataforma web donde se aloje el catálogo del archivo”, agrega Guillermina.

Hasta aquí, como fundación lo han hecho todo a pulso. Ellos invitaron a los tres curadores de las tres muestras que componen Antúnez Centenario: El museo en tiempos de revolución, a cargo de Amalia Cross; Antúnez Panamericano, sección con curatoría de Matías Allende, y Manifiesto, por Ramón Castillo. El montaje también corrió por cuenta de la fundación, a cargo de Felipe Berguño, de tal modo de presentar parte de la obra y de su legado que, estiman, no estaba bien comprendida. “Muchos se quedan con una visión más de juego; los cuadros de tango y los volantines. Pero Antúnez no eludió ningún tema, pintó contenido político y fue un artista muy versátil”, dice Felipe Berguño.

Los pendientes

Una de las trabas con las que se han encontrado en la misión de completar el archivo es el material televisivo del programa Ojo con el Arte, ya que los derechos pertenecen a TVN. Si bien el canal autorizó el uso gratuito de imágenes durante el desarrollo de la conmemoración del centenario, el material les pertenece a ellos y no se encuentra disponible para los espectadores. Algunos capítulos del programa que pueden verse en YouTube, y que forman parte de la exposición Antúnez Centenario, corresponden a grabaciones caseras realizadas en formato VHS, luego compartidas con el MNBA para su digitalización. Otro de los frentes que aborda por estos días la fundación es la recuperación de sus emblemáticos murales. Antúnez pintó quince en total, cinco de ellos en Chile. Cuatro se encuentran en Santiago y uno en el cerro Bellavista de Valparaíso. Terremoto, pintado en 1958, mide 10 x 8 metros y abarca toda la pared del vestíbulo del cine Nilo, ubicado en un subterráneo de la calle Monjitas. El Municipio de Santiago, a través del alcalde Felipe Alessandri, ha expresado la voluntad de rescatarlo, pero el cine es de propiedad privada y aunque existe la intención de arrendarlo, no han llegado a acuerdo con sus dueños. Por otra parte, desde la fundación solicitan que quienes tengan obras de Antúnez, escriban al correo fundacionnemesioantunez@gmail.com, con el fin de poder completar también un catastro de sus pinturas.

Anecdotario

Nemesio Antúnez fue particularmente trabajador y un artista prolífico, pero como tenía taller en su casa, también se daba tiempo para estar en familia y para el ocio. Una de las características que destacan sus cercanos es su sentido del humor; no necesitaba llamar la atención, ya que su gracia era espontánea y no le tenía miedo al ridículo. Sociable y bueno para los amigos, su hija Guillermina recuerda que era frecuente que después de una exposición invitara a todos a su casa para armar ahí la fiesta. De carácter afable, sí podía ser enérgico cuando surgía una discusión, pero rara vez era él quien la iniciaba. En cuanto a labores domésticas, su mayor afición era lavar los platos, la cocina en cambio no le quitaba tiempo ni atención. En una ocasión en que su mujer se fue de viaje durante varios días se limitó a comer huevo; le hacía un hoyito a la cáscara y se tragaba su contenido crudo.

Una de sus principales debilidades fue la incapacidad para decir que no. Hay una historia que lo grafica muy bien: siendo director del museo le piden que vaya al aeropuerto a recibir al poeta español Rafael Alberti ,que venía de visita al país. La solicitud le habría llegado por medio del escritor Jesucristo Riquelme; Antúnez no quería ir, pero medio en broma medio en serio, partió diciendo: “¿Cómo no voy a ir si me lo pide Jesucristo?”. En ese trayecto fue víctima de un accidente de tránsito, que le provocó una fuerte lesión en el hombro y que lo dejó durante mucho tiempo sin poder pintar.

De formación católica, se educó en el Colegio de los Sagrados Corazones de Santiago, incluso fue monaguillo, pero con el correr de los años el artista se alejó de la religión y siempre contaba cómo siendo niño, los curas de su colegio lo hacían pasar la mano cada vez más cerca de la llama de una vela para que sintiera cómo se sentía el calor del infierno. De todas maneras, cuando el cáncer ya lo acercaba al final de su vida, recibió la bendición del sacerdote Percival Cowley.

Desde la fundación también destacan que una de sus grandes causas fue la democratización del arte. “Por eso le interesó mucho desarrollar el grabado, de modo que las obras resultaran más accesibles. También le importaba que sus pinturas no subieran de cierto precio”, señala Guillermina. La multiplicación del mensaje como herramienta democrática: el grabado, la televisión, la radio y los espacios públicos dedicados al arte.

MEMORIAL EN PROVIDENCIA

A fin de mes, la Municipalidad de Providencia bautizará un parque con el nombre de Nemesio Antúnez. Se trata del tramo que continúa al Parque de las Esculturas por el borde del río Mapocho, entre el puente La Concepción y Pedro de Valdivia. El memorial es un homenaje diseñado por Felipe Berguño, donde aparece el rostro del artista trazado sobre una estructura metálica y cuya segunda parte contemplaría la instalación de mobiliario público que emule los cuadrados tipo mantel, presentes en parte importante de la obra pictórica de Antúnez. Uno de los propulsores tras la ejecución del memorial desde el municipio ha sido el actor y concejal Julio Jung.