Por Luis Larraín Zadie Smith, la laureada escritora británica (autora de Dientes blancos), vuelve con una buena novela, en que la compasión, el carácter y la suerte son algunos de los factores determinantes del destino de un grupo de familias que habitan en la zona noroeste de Londres. Leah Hanwell está casada con Michel, un […]

  • 13 junio, 2014

Por Luis Larraín

NW London

Zadie Smith, la laureada escritora británica (autora de Dientes blancos), vuelve con una buena novela, en que la compasión, el carácter y la suerte son algunos de los factores determinantes del destino de un grupo de familias que habitan en la zona noroeste de Londres.

Leah Hanwell está casada con Michel, un peluquero jamaicano, negro, de carácter afable que ama a su perra Olive. Llevan una vida apretada y sueñan con días mejores. Natalie, su amiga de siempre, es abogada, está casada con Frank, también abogado de negocios y pertenecen a una clase emergente de creciente éxito económico.

En un incidente callejero un joven agrede a Michel, patea su perra, que después muere de sus heridas internas. Al mismo tiempo, Leah y Michel se enteran de la muerte de un joven negro, Felix Cooper, que vive cerca de ellos. El matrimonio empieza a pensar en cambiarse de barrio, pues el vecindario está cada vez más peligroso.

Luego la historia hace un giro, para contarnos acerca de la atribulada vida de Felix Cooper, hasta su muerte, un ejemplo de supervivencia en NW London. Tiene ya tres hijos a los 32 años. Su chica es Grace, una mujer preciosa que lo hace feliz y es una de las razones por las que se ha hecho más responsable y tiene un trabajo formal. Su padre es Lloyd, un ex hippie de los sesenta que sigue en su vejez viviendo como tal. Su madre, Jackie, es una mujer inestable que los abandonó siendo pequeños y a la que nunca pudo tomar en serio. Su hermano es un delincuente profesional. Felix dejó atrás una vida de drogas duras que compartía con Annie, una mujer mayor que él, que continúa en ese mundo, para irse con la estupenda Grace.

Hacia la parte final de la novela la atención se centra en Natalie, la abogada amiga de Leah. Natalie Blake solía llamarse Keisha Blake cuando iba a la escuela de Brayton junto con Leah y proviene de una familia de clase media, llena de problemas pero de tradición religiosa. Su hermana tiene hijos de padres desconocidos y vive en la casa materna; el padre es buena persona, pero nunca tiene dinero.

Natalie-Keisha siempre fue una chica ambiciosa y junto a Leah conforman una pareja que lo pasa bien. Leah es mucho más liberal y va introduciendo a su amiga en el sexo y las dogas.

En la escuela de Brayton ambas chicas eran amigas de Nathan Bogle, jamaicano y el más guapo de los chicos. Pero ahora, ya adultas, comprueban que Nathan vive como un vagabundo en el barrio. “Los jamaicanos somos adorables hasta los diez años”, les dice Nathan. “Después ya no”.

A lo largo de toda la novela pareciera que estos personajes caminaran por una cornisa. De un lado están la prosperidad, la tranquilidad y una vida mejor. Del otro, la droga, la delincuencia y la muerte. Y ellos caminan por allí, sin mucha conciencia, jovialmente, despreocupados; y de pronto caen a un lado o a otro.

Unas veces es el carácter lo que determina el destino de los habitantes de NW London, pero otras veces es la suerte.

Zadie Smith, con su talento para la narrativa, construye personajes creíbles y queribles que nos muestran esa cruda realidad en esta entretenida novela. •••