Por: Pablo Marín Fotos: Alejandro Barruel A poco de entrar a Surreal, la productora de Cristián Leighton, en una casa que bien podría tener 60 o 70 años, junto a la plaza Uruguay de Providencia, se ven algunas revistas internacionales de cine. Pero cuando aparece el realizador de la recordada serie Los patiperros lo que […]

  • 7 julio, 2016

Por: Pablo Marín
Fotos: Alejandro Barruel

Cristian-Leighton

A poco de entrar a Surreal, la productora de Cristián Leighton, en una casa que bien podría tener 60 o 70 años, junto a la plaza Uruguay de Providencia, se ven algunas revistas internacionales de cine. Pero cuando aparece el realizador de la recordada serie Los patiperros lo que trae en sus manos es otra cosa: la larga indicación sustitutiva, firmada el 19 de mayo por Michelle Bachelet, que modifica la ley que en 1970 creó la Televisión Nacional de Chile (fundando, al tiempo, un canal cultural-educativo).

Como productor independiente, cuyos trabajos llevan casi un par de décadas exhibiéndose en el canal público, a Leighton no podría sino interesarle el tema. Su idea es que no pase acá lo ocurrido cuando se debatió la ley sobre TV digital, que a su juicio se transformó en una polémica “estrictamente tecnológica, donde sólo se discutía si es mejor la norma japonesa o la otra”.

Tras haber leído la indicación, Leighton señala: “No hay una sola idea respecto del rol que debiera tener la producción independiente, que es fundamental en otras redes públicas que se citan como ejemplos. Ni una línea en torno a la creatividad, lo que es desolador”.

-¿Qué está en juego en TVN?

-Creo que está en juego un modelo de televisión pública. La crisis es evidente con el actual sistema, un híbrido que en otros países resulta incomprensible: un canal público que tiene que financiarse con avisaje.

-Mientras el canal ofreció números azules y buen rating, eso no pareció tan grave.

-Cuando TVN es primero o segundo nadie reclama, pero cuando está en cuarto lugar y hay problemas de caja, ahí la clase política se preocupa. El rol de los contenidos, de la calidad, ha sido un tema totalmente secundario por muchos años y hoy reaparece por una crisis económica.

También es verdad que el proyecto del canal cultural estaba en el programa de Bachelet, pero es evidente que la crisis de TVN es la que genera esta reacción, tras lo cual se envía un proyecto de ley para una señal educativa y al mismo tiempo capitalización para que pueda iniciar una nueva fase.

-Hay quienes condicionarían la entrega de recursos como los US$ 70 millones anunciados, a que TVN tenga un esquema de organización distinto. Que su directorio, por ejemplo, tenga una composición técnico-profesional y no sujeta al cuoteo de los partidos.

-En la ley sustitutiva está incluido ese cambio, con más directores, con representantes de ciertos organismos públicos. Se supone que ahora van a ser escogidos por sus competencias profesionales, lo que me parece muy relevante. Pero, ojo: no vayamos a caer en una idea de que la formalidad del aparato va a solucionar los temas de convicción en torno a tener una televisión pública. Hay que creer que la TV pública no está para construir sólo audiencias, que ha sido más o menos el discurso durante mucho tiempo. Está para cumplir otros roles: la integración de una sociedad, la inclusión, el desarrollo de una industria audiovisual.

Es clave que TVN reenfoque sus prioridades. Tiene que ir adelante en el tema de la producción audiovisual en Chile. Tiene que ser un socio. No puede subirse al carro de la victoria como en Historia de un oso (corto animado chileno transmitido por TVN tras ganar el Oscar). Obtuvo el premio, entonces ahora es nuestro. Si esa misma persona va antes con su proyecto, debe ser apoyada por la televisión pública, como ocurre en otras televisiones públicas que saben que una película puede ser tremendamente estratégica para la industria audiovisual de un país. Por lo tanto, se la apoya desde un comienzo.

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-La idea de capitalizar por US$ 70 millones ha sido duramente criticada. ¿Es particularmente malo el momento?

-Probablemente, si se hubiera lanzado este proyecto de ley con una televisión pública que está en cuarto lugar, pero que está proponiendo un modelo en términos de contenidos, algo realmente distinto y diferenciador, la recepción habría sido distinta. La gente percibe que TVN busca ser como los otros canales. Entonces dicen: por qué hay que apoyar a este canal que compite con los privados si no veo grandes diferencias. Si se operara con otra lógica –incluso con déficit, pero con una propuesta distinta–, mucha gente habría dicho, “es interesante, hay que defenderla”.

-En su minuto, tu nombre “sonó” para nombramientos en TVN.

-Nunca me he sentido ajeno a la discusión por la TV pública, pero no me interesa la discusión del poder. Me interesa la discusión sobre tener un canal que haga una contribución en muchos sentidos y que no hace.

Ahora, si yo llegara hoy a Televisión Nacional, por ejemplo, para mí los sueldos de los ejecutivos serían un tema. Y no lo digo ahora: visto hacia atrás, un tema como el de los bonos es insostenible. Hasta hace un tiempo había bonos por utilidades y no me parece: estamos hablando de un canal público con un rol que se juega en la cancha del interés común. Por lo mismo, no me parece que el tema esencial de un canal público sea tener rostros.

-¿Hacia dónde te gustaría que se dirigiera el canal?

-Me gusta mucho el modelo norteamericano, porque creo que es un modelo público que se abre a lo privado en un sentido interesante. No son sólo las fundaciones ni el aporte de capital privado: integra a comunidades, universidades y además trabaja con la idea de la regionalización. Pude conocer hace dos años lo que hace PBS (la TV pública de EE.UU.) y me pareció un proyecto que invoca la diversidad en términos de que cada estado genera sus contenidos, comparte contenidos nacionales, pero hay una idea de fortalecer las identidades locales de manera inteligente y proactiva. Así lo ha entendido gente como [el ex candidato presidencial republicano] Mitt Romney, que fue gobernador de Massachusetts e hizo mucho por PBS.

Puede que el modelo de la BBC sea el ideal, pero es realmente difícil de implementar. Y hay otros modelos (coreanos, finlandeses), cada uno con su propia manera de aproximarse a lo público y lo privado, pero siempre con una idea: no estamos para rentabilizar solamente. No estamos para construir audiencias cada vez más grandes, sino para fijar una cierta línea que ayude a la sociedad, que integre a la sociedad.

-Estamos en un contexto en que hay generaciones completas que ven poca o ninguna TV “convencional” por atender a Youtube u otras plataformas. ¿Cambia un poco la discusión?

-La televisión ya no es lo mismo. Podríamos no llamarle televisión y no hablar de canales. Somos muchos los productores independientes que estamos mirando las nuevas plataformas, porque es una manera posible de avanzar. Los canales tradicionales, en Chile, están muy rígidos y optan por cosas más seguras. Dicen, franjeemos: ojalá estemos todo el tiempo franjeados, no nos salgamos de la norma y veamos de a poco qué pasa con las nuevas plataformas. Los productores independientes estamos hace mucho rato en ese trabajo.

-¿Cómo te ha ido con eso?

-Bien. Estamos ya con dos proyectos para afuera, con nuevas plataformas… que no puedo contar todavía.

Películas de la realidad

Dice Leighton que en otro tiempo, cuando hacía sus primeras armas en el oficio, se plantaba frente al género como si leyera un libro de texto: había documentales fílmicos (autorales, reflexivos, parsimoniosos) y documentales televisivos (estandarizados, esquemáticos, previsibles). Pero una vez a caballo, se dio cuenta de que había muchos matices y muchas posibilidades de tender puentes y de seguir caminos propios. Así lo ha expresado en ambos frentes y en ambos ha sido premiado y solicitado. Un nuevo hito de este recorrido lo marca ¿Qué pasó con mi curso?

“Uno busca mucho ideas, las persigue y cuando las persigue mucho, no pasa nada”, comenta Leighton respecto del origen de esta serie que junta a los compañeros de colegio egresados hace 10, 30 o 40 años, regresándolos incluso a la sala de clases. Dice que todo nació de una idea muy simple, en la lógica del “qué fue de…”. Acto seguido, en un brainstorming se propuso con su equipo de la productora buscar cursos y ver qué pasaría si se vuelven a juntar algunos de ellos. Querían “revisar cómo fue su experiencia, en qué están hoy, cómo los marcó el proceso educativo, cómo los traumó, cómo los afectó”.

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-¿Cómo fue entrar por vías inhabituales a un tema que hoy es tan central y que dice tanto acerca de la sociedad chilena?

-Me parece que la educación es un problema, y no sé por qué uno tiene que hacerse cargo de los problemas, pero a mí me encanta, parece. Ahora, la idea es profundizar. A veces las discusiones, sobre todo cuando se trata de proyectos de ley o de política, se transforman en algo muy superficial y muy pragmático. De alguna manera, la discusión sobre la calidad de la educación y su sentido ha estado desplazada por las emergencias y las urgencias que comienzan con un montón de gente endeudada, a partir de lo cual se genera un cambio social y político. Yo entiendo las urgencias, pero no podemos dejar de atender lo que está de fondo. Hay un lado más profundo, más complejo y más contradictorio, porque todo el mundo quiere que sus hijos tengan buenos resultados en el Simce, pero ignoran lo que ellos viven las ocho o nueve horas que están en el liceo o en el colegio.

-¿Qué pasa cuando eso se aterriza?

-Hay un capítulo que cuenta la historia de un chico talentoso para la música. Los profesores, en un sistema con muchas limitaciones, deciden protegerlo para que sea cantante lírico: deciden eximirlo de matemáticas y ayudarlo para que se enfoque en la música. Es algo muy poderoso: es gente que se sale del libreto que les impone el Ministerio y hacen un aporte a la sociedad. Y tú ves a los profesores trabajando en un sistema súper complicado.

-Has estado en las “dos veredas” del documental: uno de expresión personal y otro más cerca de los estándares televisivos. ¿Ves validez hoy en estas etiquetas?

-Cuando yo empecé veía que había esos dos mundos, así como el mundo del documental y el de la ficción, pero hoy la cosa está mucho más híbrida y me gusta ese territorio. Siempre he querido compatibilizar mundos. Crecí viendo mucho más películas de ficción, por ejemplo. Para mí, los grandes directores son los de ficción, los que me han gustado siempre…

-¿Nunca has querido hacer ficción?

-He encontrado en el documental una cierta forma de hacer ficción. •••