El músico chileno Neven Ilic lleva cuatro años viviendo en Miami y trabajando arduamente en su carrera como compositor y cantante. El camino no ha sido fácil, pero luego de su paso por la competencia internacional del Festival de Viña del Mar se siente listo para despegar.

  • 28 marzo, 2019

Por algo fue” se llama la canción que compuso especialmente para su participación en la competencia internacional de Viña del Mar. Neven Ilic (30) quedó entre los tres finalistas, pero el primer lugar finalmente se lo llevó la representante de Perú. De todas maneras, su paso por la Quinta Vergara fue un hito importante para cumplir su sueño de darse a conocer como artista internacional. Hijo del dirigente deportivo y actual integrante del Comité Olímpico Internacional, Neven Ilic, siempre ha tenido que aclarar que todo lo que ha logrado es fruto de su trabajo. De formación musical autodidacta, ha compuesto canciones para Denise Rosenthal (I wanna give my heart) y para Kel Calderón (Walk away), y también colaboró con el español David Bisbal en la canción Fiebre. Además, sus propios videoclips suman miles de reproducciones y suscripciones en YouTube.

Actualmente viene recuperándose de una operación y desde un café santiaguino cuenta que está a punto de viajar a México para seguir con la promoción de su nuevo disco, Punto de fuga, que lo traerá de vuelta al país en junio. Viste una camisa colorida y a ratos se le escapan chilenismos, pero en general se expresa con el tono latino de quien lleva viviendo varios años en Miami. Con Chile tiene sentimientos encontrados; por un lado de cariño –aquí están sus seres más queridos–, y por otro lado de deuda pendiente porque no ha logrado sonar aquí como quisiera. También le conflictúa su relación con las redes sociales; asume que constituyen una herramienta de trabajo, pero siente que ahí abundan las falsas apariencias.

-¿Siempre quisiste ser músico?

-Desde muy chico andaba cantando por todos lados, a los 13 años ya estaba en mi pieza grabando con un micrófono mis composiciones,transformando todo en mp3 y mandándoselo a mis amigos y a mi familia. Canté en el coro de mi colegio, en la kermesse, en bandas, en festivales. Fui armando todo en redes sociales cuando empezaron.

-¿Cuáles fueron tus referentes musicales?

-Sonidos muy americanos; rhythm and blues y pop. Artistas como Stevie Wonder y Mariah Carey. Hasta el día de hoy el R&B está presente en mi manera de cantar, aunque ahora esté haciendo algo latino. Entre el año 2000 y 2001 viví en Estados Unidos, entonces tenía 11 años y fue importante porque me empapé de esa cultura. Me tocó vivir muy de cerca la explosión del pop.

-¿Siempre pensaste en hacer carrera afuera?

-La música no tiene fronteras y uno decide dónde quiere cantar y bailar. Nunca pensé que todo iba a ser detrás de la cordillera escondido, siempre me planteé la posibilidad de expandirme.

 

-¿Tu familia te apoyó en tu proyecto musical?

-Siempre me apoyaron mucho, pero cuando llegó el momento de entrar a la universidad no me dejaron estudiar música y me obligaron a seguir otra carrera. Estudié arquitectura y cuando estaba en quinto año, ya había compuesto canciones para Denise Rosenthal que estaban sonando en las radios. Entonces di entrevistas de cómo un niño desde su casa, sin un sello, lograba tantos downloads, siempre con autogestión. Eso fue en 2011.

-¿Nunca se te acercó un sello discográfico?

-No. Es que si no eres un fenómeno viral con millones de visitas tipo Paloma Mami, nadie te llama. Pero cuando me di cuenta de que mis canciones estaban pegando en la radio, me dije: “Ok, soy un buen cantante, creo en mi trabajo, tengo la disciplina, no quiero seguir en la universidad porque no es lo mío. Si ahora le dedico el 20% a la música y tengo canciones en el top, ¿qué pasaría si me dedico en un 100%?”. Hablé con mi familia y les expliqué: “Si en seis meses no logro nada sustancial vuelvo a la universidad. Ustedes imagínense que me tomé un semestre sabático, que me fui a recoger kiwis o que me rompí el pie”. A los seis meses había hecho un videoclip y estaba terminando un disco entero compuesto por mí. Entonces les dije que necesitaba más tiempo. Así me fui de seis meses en seis meses, hasta que ellos ya estaban yendo a mis presentaciones en vivo.

-¿Luego qué vino?

-Saqué mi disco y tiré toda la carne a la parrilla. Hice videoclips producidos, dirigidos y editados por mí. En 2013 logramos el número 1 en iTunes Chile digital, y justo había gente de Estados Unidos echando el ojo. Ellos me dijeron que les gustaba el disco y que veían mucho potencial en mí. No veían una congruencia entre mi trabajo y los resultados que mi carrera estaba teniendo acá, y ellos me tenían un par de oportunidades allá.

-¿Te sentiste poco valorado aquí en Chile?

-Esa no es la palabra porque significaría que me estoy dando un valor muy grande. Pero hay falta de industria en general, de oportunidades y de interés. Es algo cultural. En Puerto Rico la gente no tiene qué comer y va camino al concierto. En Chile la música no ha sido prioridad para nadie. No somos una raza culturalmente musical, no tenemos el sabor ni el ritmo en la sangre. No se nos arranca la pelvis. Es como vender algodón de azúcar en un hospital de diabéticos.

-El techo es demasiado bajo.

-Y me sentí sin posibilidades de llegar a mi techo porque la autogestión tiene un límite. Allá se me abrió una posibilidad, pesqué todas mis cosas y partimos a Miami. Mi socio, productor y tecladista se llama Cris Müller y tenía un estudio de grabación, vendimos todo y luego lo montamos en un pequeño departamento allá. Fuimos a buscar nuevos sonidos y a componer mi segundo disco. El proceso fue muy lento, algunas oportunidades se fueron cayendo en el camino pero aparecieron otras.

-¿Qué fue lo más difícil?

-Dejar a mi familia, a mis amigos, a mis fans, a mi banda. Y como entré a Estados Unidos de turista se produjo un congelamiento; no podía trabajar legalmente y por lo tanto estuve de manos atadas. Luego conseguí una visa muy específica para alguien con habilidades extraordinarias, pero para obtenerla tienes que demostrar que eres un artista de tomo y lomo que se merece estar trabajando ahí, y la manera de acreditarlo es presentar publicaciones en prensa, además debes tener un abogado y un sponsor. Chile no hace eso por sus artistas, pero yo tuve la suerte de lograrlo. Llegué con el vuelo a la bomba de bencina, me rajé y conseguí la visa. Me demoré un año y medio en conquistar a un gran productor para que me ayudara con eso.

-¿Nunca pensaste en rendirte?

-Suena súper duro decirlo, pero hay una parte de mí que se quiere rendir todos los días. No soy músico por gusto ni por oficio, soy músico porque tengo vocación de artista. Entonces quiero hacer música cuando las vacas están gordas o flacas. He tenido momentos donde mi salud mental no ha estado bien por lo difícil que es ser músico, y por estar lejos de mi familia, yo soy muy apegado a ellos. Pero sobre todo por la incertidumbre de no saber qué día va a llegar tu gran oportunidad.

-¿Cómo manejas esa ansiedad?

-Tienes que obligarte a estar siempre en tu mejor ánimo y con tu mejor sonrisa porque no sabes qué día vas a conocer a la persona correcta. Soy mi propia carta de presentación y mi propio jefe, entonces las preguntas y las respuestas están en mí. Eso te genera un estrés muy grande. La libertad con mentalidad positiva es algo muy fructífero, pero la libertad con mentalidad negativa es muy destructiva.

-¿Te costó mantener el ánimo?

-Sí. Yo venía trabajando mucho, pero los meses antes de recibir la noticia de Viña me la empezó a ganar la mente y estuve un poco negativo. Después de una linda promoción en Miami, México y Perú, había llegado a Chile, contraté a una relacionadora pública que me estafó, estuve dos meses tratando de promocionar mi música y no me recibieron en ningún programa de televisión ni de radio, nadie me quiso hacer entrevistas. Regresé triste, porque en el país que más me importa no puedo tener carrera. Si creí que iba a romperla, me equivoqué y ya no tenía más plata ni más energía, entonces entré en un círculo de desesperación.

-Cuando quedaste seleccionado para participar en el Festival de Viña, ¿viste la luz?

-Cuando recibí la noticia de que había quedado en Viña boté todo el estrés acumulado hace años. Era la oportunidad para que el país y el resto de Latinoamérica me escucharan. Para un artista preparado como yo, eso es lo mejor que te puede pasar.

-¿Cómo fue la realidad versus la expectativa?

-La competencia fue muy potente, todos los artistas tenían más experiencia y carrera que yo, pero hubo muy buena onda entre nosotros, e incluso algunos me pidieron que les compusiera canción.

-¿Te pusiste muy nervioso?

-Me puse nervioso, alegre, ansioso, lo pasé bien y quedé conforme, aunque el espacio de la competencia y la app para votar estuvo súper invisibilizada. Sentí el cariño de la gente e hice muchos contactos. La gaviota es un galardón, pero la plataforma, el escenario y la cantidad de gente que me vio son una gran oportunidad. Pude mostrar mi música y entregar mi lenguaje inclusivo. Aproveché al máximo.

 

Ser, no parecer

-¿Aquí en Chile te relacionan mucho con tu padre?

-Tengo una muy linda relación con mi papá, estoy muy orgulloso de él y de llamarme igual. Pero en Chile les encanta lo del “hijo de”. Es una muy mala costumbre nacional, muy poco progresista. Yo no soy mi papá. Los contactos, el dinero y el colegio donde fuiste no te enseñan a componer ni a cantar ni a comunicarte con tus fans. Doy una entrevista de una hora hablando de mi música y titulan con mi papá. Sé que es un enganche, pero de alguna manera es ofensivo.

-¿Te imaginas volviendo a Chile?

-Chile es mi país, me siento en casa cuando llego, pero me gusta mi vida allá. Estoy haciendo algo urbano, sabroso, en el epicentro de la música latina. Si me preguntas qué es más enriquecedor: ¿rozarte con venezolanos, chilenos, peruanos, ecuatorianos, o solo con chilenos? Allá he crecido mucho como artista y he abierto mi mente musicalmente. Aquí somos un país pequeño, aislado, nuevo, hay que tener paciencia. Pero después de la tormenta va saliendo el sol y siento que el universo me está premiando.

-¿Estás cansado?

-Sí, pero he esperado tanto tiempo la oportunidad de trabajar, que no me estoy quejando. Los momentos oscuros me han llevado a esta explosión de luz de la que estoy muy consciente y agradecido. Ahora a sacarle el jugo y seguir aprendiendo.

-Tu promoción funciona mayormente a través de redes sociales, ¿cómo habitas ese mundo?

-Si me preguntas, personalmente no me gustan mucho las redes sociales, me cuestan. Ahí los momentos malos y reales de las personas no existen, entonces se crea algo muy tóxico. Muchos tenemos problemas de salud mental, dormimos mal o tenemos miedos, pero en las redes se crea una irrealidad y es muy dañino estar creyendo que el de al lado siempre es más feliz. Yo hablo mucho de salud mental porque aun estando en el momento más alegre de tu vida puedes tener un bajón o un ataque de ansiedad, y tienes que subir una foto sonriendo porque puede aparecer una oportunidad laboral. Yo tengo vocación de músico, no de influencer. Pero es una herramienta de trabajo, entonces cuál es el límite para llegar al: “Hola, me estoy comiendo un pan con palta, ¿y ustedes?”.

-¿Cómo lo resuelves?

-Sigo mi propia manera de hacerlo. Pero no me nace estar comunicando todo a miles extraños. Me gustaría que la gente quisiera conocer al músico y no al personaje. Estoy vivo por la música y por ahí escojo contar quién soy. Usar las redes no me es fácil y no siempre me acomoda, pero es uno de los precios que hay que pagar. Ahí no hay espacio para la humanidad, es muy desgastante y desvía la atención de lo importante.

-¿Sientes que los problemas mentales están invisibilizados?

-¡Cómo nos cuesta decir la palabra depresión! La gente se está tirando a las líneas del metro, pero no existe una contención de salud mental. Quizás ayudaría que los artistas hablaran de eso y no solo se mostraran felices. Por eso mi disco se llama Punto de fuga, para mí la música es una oportunidad de fugarte de tus problemas y vivir el presente. La mente se va al futuro y al pasado, con las respectivas recriminaciones y ansiedades, pero la música te lleva al presente absoluto. Cuando bailas te mueves en el presente. Mi música es una invitación a fugarse de los problemas de la vida diaria, el lenguaje es sugerente y cachondo pero inclusivo y sin ofensas. Mi tema Dame luz verde se trata de eso: ¿hasta cuándo en luz roja, con el freno puesto, con los miedos encima, con los prejuicios. ¿Qué tanto?