La oreja de Vincent Van Gogh ha regresado de la tumba o mejor dicho, de la zanja o vertedero, donde terminó el pedazo de carne que cortó del lado de su cabeza en diciembre de 1888. Van Gogh lo dejó en un burdel en Arles y presumiblemente las prostitutas lo sacaron junto con la basura. […]

  • 5 junio, 2014

Vincent van Gogh’s ear replica on display at German museum

La oreja de Vincent Van Gogh ha regresado de la tumba o mejor dicho, de la zanja o vertedero, donde terminó el pedazo de carne que cortó del lado de su cabeza en diciembre de 1888. Van Gogh lo dejó en un burdel en Arles y presumiblemente las prostitutas lo sacaron junto con la basura.

Ahora se ha recreado desde material genético suministrado por el tatara-tatara-nieto de Theo, el hermano de Vincent. Está en exhibición en un museo en Alemania y Diemut Strebe, la artista detrás de la [tweetable]resurrección de arte más famosa sobre partes del cuerpo humano perdidas[/tweetable], espera poder llevarla a Nueva York.

La oreja de Van Gogh es uno de los grandes íconos de la cultura moderna. Ciertamente, ningún artista de ese tipo de arte ha podido competir con este horroroso simbolismo. Cuando Allen Ginsberg llamó a un poema ‘Muerte a la Oreja de Van Gogh’, la oreja cortada de este pintor y escritor de cartas de belleza compulsiva y melancolía era ya un totem de la cultura popular, que Ginsberg estaba harto. En la película de 1956, ‘Lust for Life’, la eliminación de la oreja es actuada por Kirk Douglas. Este gesto artístico de autolesión, desde entonces se ha convertido en un cliché del comportamiento creativo extremo.

Su piel se ve labrada como una talla de madera medieval. A juzgar por esta pintura, Van Gogh creyó que era un mártir, mostrando su lesión como si no se hubiera infligido por sí mismo, sino que por los soldados romanos que estaban persiguiendo a algún santo antiguo.

Lee más sobre la creación de la oreja de Van Gogh en The Guardian