“No me olvides” se llama el programa de televisión conducido por Marcelo Cicali, dueño del Bar Liguria, con el cual ha recorrido doce países visitando chilenos que viven en el extranjero para cocinar y comer junto a ellos. A través de las papilas gustativas se abren conversaciones que hablan de memoria y emociones.

La cocina y el baño, ahí siempre hay rastros de chilenidad, asegura el empresario gastronómico. Incluso en las casas de quienes llevan veinte, treinta o cuarenta años viviendo afuera. Un mentolatum en el baño o una caluga de aliño completo en la cocina. La nostalgia, esa memoria emotiva que nos mantiene conectados con nuestro lugar de origen, aparece en las historias de compatriotas que por distintas razones han hecho sus vidas lejos de Chile, y con la comida como foco para arrancar la conversación, el equipo compuesto por Jaime Landeros como director, productor y cámara, José Francisco Porte en cámara, sonido y producción, y Marcelo Cicali (51) en la conducción, ha rodado 80 días en los últimos seis meses.

Fotos: hornoferoz.cl

Los destinos de esta primera temporada fueron Francia, España, Inglaterra, Brasil, Cuba, Estados Unidos, México, Canadá, Portugal, Italia, Dinamarca y Alemania. No me olvides se emitirá por las pantallas de Mega. Cada capítulo se concentra en un país a través de tres personajes distintos. La idea es conocer sus distintas experiencias y cómo la cocina, los sabores y los olores muchas veces contienen todo un universo de recuerdos que cobra fuerza a la distancia.

En el cuarto piso del Liguria de barrio Lastarria, en lo que fuera la buhardilla del antiguo edificio neobarroco donde por años funcionó el Instituto Chileno-Francés de Cultura, se encuentra la oficina de Cicali. Con la decoración animada y llena de detalles que caracteriza a sus restaurantes y escuchando al pianista Glen Gould, cuenta que esa es su sede. Desde ahí cumple sus funciones de empresario y también estudia: actualmente está cursando un Diplomado en Liderazgo y Gestión de Equipos en la eEscuela de Negocios de la Universidad de Chile. Le gusta estudiar y considera que forma parte de sus responsabilidades, considerando que las empresas son dinámicas y están cambiando constantemente. Él también se mueve harto -acaba de ser nombrado jurado para la remodelación del Mercado de Providencia-, eso además de su intensa agenda de viaje de los últimos meses, lleva cuatro años viajando por el país, siempre junto a Landeros. Calcula que ha recorrido Chile tres veces de norte a sur grabando el programa Plato Único, que tuvo tres temporadas en Canal 13 y en el que se dedicó a conocer, cocinar y comer junto a personas de las más diversas localidades de nuestra larga patria. “La experiencia de un viaje tiene que ver con el trayecto más que con el destino, eso te permite conocer muy bien la idiosincrasia del chileno, cómo se comporta frente a distintos estímulos y qué le importa”, cuenta Cicali. No me olvides, platos chilenos por el mundo, continúa con esa lógica del disfrute, pero sale a buscar trozos del país en distintas latitudes del planeta. Se acercaron a Mega porque querían llegar a una pantalla con una audiencia más amplia y ahí se encontraron con un equipo interesado en contenido de corte cultural. El programa está a cargo de la productora Horno Feroz, de Jaime Landeros, y parte de su gracia reside precisamente en que se trata de un equipo pequeño con cámaras discretas y sin tanta parafernalia. Solo así logran naturalidad y espontaneidad en las conversaciones con los entrevistados, que muchas veces pasan de degustar una alegre cazuela a diálogos desbordados de emociones.

“El programa se trata de migraciones. Hay muchas razones para irse de tu país: política, trabajo, estudios, amor y también desamor. La nostalgia es una bonita compañía, creo que es mejor la expresión saudade del portugués, describe mejor ese espacio de memoria donde sientes alegría por haber vivido determinado momento”, cuenta el conductor del espacio. Llegaron a los distintos personajes principalmente a través de redes sociales, ahí la gente les iba escribiendo y recibieron todo tipo de invitaciones. El nombre No me olvides funciona para los dos lados, explica Cicali, porque ellos no se olvidan de Chile y el propósito del programa también es no olvidar que como país tenemos mucha gente viviendo afuera.

El gusto no se olvida

Un asado al exterior con -10° en Londres, una panadería en Madrid donde mandan a hacer dobladitas y tienen cola de mono de cortesía, una chilena en Londres probando decenas de tipos de tomates en la feria hasta dar con el más parecido al nacional para así lograr el sabor de la ensalada chilena o un almacén en Barcelona donde tienen Tapsin, Super8, chancaca o polvos royal. Son algunos de los tantos episodios que mostrarán los capítulos de No me olvides, experiencias de sincretismo cultural asociadas al recuerdo de algún sabor. Un viaje a la infancia, a la familia o al barrio que está lejos. Cicali comenta que la mayoría de los entrevistados cocina comida chilena al menos un par de veces a la semana y los menús hogareños suelen incluir cazuela, charquicán, pollo arvejado o pastel de choclo. Esta primera temporada también visitó a algunos personajes emblemáticos como Mario Gutiérrez, guitarrista histórico de los Ángeles Negros, que vive en México hace décadas y que sigue recorriendo carnicerías buscando cortes similares a los que usamos los chilenos en la parrilla, o el artista René Olivares, instalado en Francia desde finales de los años 60 y autor de las piezas gráficas de Los Jaivas. Olivares es uno de los pilares espirituales de la banda y todavía conserva el hábito de comer atún en lata aliñado con cebolla y limón, alimento con el cual sobrevivió a la precariedad de sus primeros meses en Europa.

Cuenta el mismo Cicali que para él, el programa ha sido también una oportunidad para deshacerse de varios prejuicios. Contra su idea preconcebida de que la sociedad norteamericana no poseía el gusto del buen comer, se encontró con estadounidenses de la Costa Este muy entregados al goce gastronómico, educados, cultos e ingeniosos al momento de consumir mariscos de las más diversas maneras, como por ejemplo hamburguesas de almejas. “Lo otro bonito fue en Porto, Portugal. Ahí nos tocó grabar con una pareja testigo de Jehová y desde el desconocimiento uno pensaría que serían pacatos o aburridos, pero eran las personas más simpáticas y divertidas que hay. Uno acá en Chile vive con capas de prejuicios y la mejor manera de romperlos es viajando, si tienes la oportunidad”, agrega. El país que más lo sorprendió fue Dinamarca, ahí se encontró con una sociedad sana, alegre y conectada con el respeto: “En un pueblito danés había dos semáforos y la gente caminaba hasta ahí para cruzar la calle aunque no viniera ningún auto. O un día en Copenhague salieron unos rayos de sol y vimos una pareja de 70 años desnudarse para tomar sol en el parque”.

La crítica

La nota amarga no proviene de la añoranza ni de las distintas historias personales de los entrevistados, sino de la percepción compartida que tienen nuestros compatriotas que viven fuera, del ánimo nacional. La mayoría no volvería a Chile porque sienten que este ya no es el país cercano y de bonita convivencia que alguna vez fue. Nos ven muy preocupados de la plata, pobres de espíritu, descontentos con la cotidianeidad y particularmente adictos a las pantallas de nuestros teléfonos inteligentes. “Debiéramos fijarnos cómo estamos haciendo las cosas porque nuestros amigos desde lejos nos ven mal”, concluye Cicali. Como fundador y socio del Bar Liguria, parte de su trabajo consiste en observar los comportamientos y hábitos de su clientela. “Hoy, en la barra de un bar se te acerca alguien a conversar y desconfías, en cambio en el teléfono puedes hablar con el mismo desconocido a través de una aplicación. La confianza la tenemos depositada en un dispositivo digital o en los administradores de una red social”, observa el empresario y agrega: “El que se sienta en la barra a mirar el teléfono tiene que estar muy confundido porque ahí pasan tantas cosas más entretenidas. Deberíamos tener antenas que distorsionen la señal del teléfono. Los bares fueron la primera red social, antes de Tinder o de Twitter la gente se juntaba ahí a debatir, conversar o pinchar”.

Filosofía empresarial

Además de sus estudios de liderazgo y gestión de equipos, Marcelo Cicali también se ha especializado en dar charlas. Su aplaudida presentación en un foro de Icare en 2015 es un ejemplo de ello. Le interesa particularmente hablar de ética y es dueño de un discurso donde –en sus propias palabras– la filosofía convive con la mechada y la piscola. “Las empresas como tal son buenas porque generan movilidad social, renta para sus dueños e impuestos que se reparten solidariamente. Pero los empresarios muchas veces tienen pésimas prácticas porque no han tenido una capacitación moral. Vas a cualquier universidad donde se hable de coaching y ontología, y no te encuentras con los dueños de empresas ahí. Por eso las clases de ética para los Penta se considera un castigo chistoso”, comenta.

Como el buen conversador que es, Cicali entra en análisis sociológicos con total naturalidad y afirma que le interesa comprender el mundo que lo rodea. Asegura que durante treinta años fue adicto a los noticiarios y consumía noticias con avidez, pero desde hace un tiempo dejó de hacerlo, ya que le alteraban el ánimo. “En estos tiempos ser heterosexual, cincuentón, empresario y que además te vaya bien, te transforma en una especie de sociópata del siglo XXI. Hubo una variación en los últimos 30 años, antes el héroe era el guerrero. Hoy, quien más ha sufrido pareciera que tiene más condiciones para ser aplaudido y admirado, hay una trampa ahí bien perversa. Todos quieren andar con ese estandarte”, concluye.