Por: Christian Ramírez Desde hace más de una década, a Tommy Wiseau le vienen diciendo que es el peor director del mundo. Al menos, eso es lo que ha recogido de quienes han visto The Room, su atroz cinta debut; la película que en 2002 filmó poniendo cerca de seis millones de dólares sacados de […]

  • 4 enero, 2018

Por: Christian Ramírez

Desde hace más de una década, a Tommy Wiseau le vienen diciendo que es el peor director del mundo.

Al menos, eso es lo que ha recogido de quienes han visto The Room, su atroz cinta debut; la película que en 2002 filmó poniendo cerca de seis millones de dólares sacados de nadie sabe dónde, y que hoy estaría olvidada si no se hubiese convertido poco a poco en un fenómeno de culto, una suerte de espectáculo interactivo que él mismo va presentando a audiencias que felices pagan por ver una mugre que jamás sintonizarían al pasar en el cable, pero que se transforma en toda una experiencia cuando se ve con público “en vivo”, que liberado en la multitud puede disfrutar de lo mala que es: gritar a la pantalla, repetir los pésimos diálogos, imaginarse dentro de sus sets de cartón piedra y revivir así la banal tragedia de Johnny, un buen tipo que lo pierde todo cuando es engañado por su mujer; un papel concebido, escrito, protagonizado y dirigido –cómo no– por un realizador que está en vías de convertirse en inmortal, pero no por las razones que él cree. Porque de ese nivel estamos hablando. La imperfección de The Room, a ratos, parece infinita y realmente sin límite (ver recuadro). Algo lo bastante absurdo y sin sentido como para ser evocado no como curiosidad, sino como una brutalidad de proporciones épicas…

Dirigida por James Franco, The Disaster Artist ha venido recogiendo una merecida cantidad de nominaciones y premios.

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