Gracias a su flexibilidad, la madera se mantiene en la primera línea de la innovación arquitectónica en el mundo, pasando a ocupar un importante lugar en construcciones de gran escala. Un buen ejemplo internacional de este inmenso potencial son las Torres Moholt en Noruega.
Fotos: ©Ivan Brodey

  • 30 agosto, 2019

“¿Puede un edificio de madera soportar un terremoto?”, esa pregunta tan propia de nuestra idiosincrasia deja a Minna Riska sin respuesta inmediata. “Voy a investigar antes de viajar a Chile para tener algo inteligente que responder”, dice la arquitecta noruega entre risas a través de una conversación vía Facetime. En su país no hay movimientos sísmicos como los que aquí tan bien conocemos. Pero en términos de construcción sí deben lidiar con temperaturas que llegan hasta los -25°C. Riska viajará a Santiago para participar de la Semana de la Madera que organiza la Corporación Chilena de la Madera (Corma) y que este año se realizará entre el 4 y el 8 de septiembre en el GAM. La arquitecta es una de las invitadas internacionales de esta próxima edición a propósito de las Torres Moholt, importante proyecto que llevó a cabo junto a su oficina MDH Architects en 2016 y que estuvo nominado a los premios Mies van der Rohe 2017. Se trata de un complejo estudiantil ubicado en la localidad de Trondheim, Noruega. Las instalaciones se suman a la villa construida entre los años 60 y 70 y que alberga a cerca de 1.200 habitantes. Son cinco torres, una sala de kindergarten, un centro de padres y una biblioteca estudiantil, que suman 21.700 mt2. Es el proyecto más grande de Europa construido con estructura de madera laminada cruzada (conocido como CLT por sus siglas en inglés). Cada edificio tiene nueve pisos, una altura total de 28 metros y hormigón armado en el subterráneo y planta baja.

La decisión de usar CLT tuvo que ver con lograr un menor gasto energético. La oficina de arquitectura con sede en Oslo existe desde el año 2010 y está compuesta por nueve arquitectos, cuatro de los cuales son socios. Buscan combinar diseño y sostenibilidad, y varios de sus actuales proyectos son en madera: un colegio, instalaciones deportivas multiuso, una clínica dental y dos estaciones de transporte público.

“No fue planificado trabajar en tantos proyectos con madera, pero las Torres Moholt generaron conocimiento en un área de trabajo que nos resultó interesante y nos dimos cuenta de que ya sabíamos mucho más de madera que una oficina de arquitectura promedio”, cuenta Riska. Y agrega: “Se ha convertido en una de nuestras especialidades, pero también trabajamos con otros materiales, como piedra y hormigón, dependiendo de las características de cada obra”.

La arquitecta explica que aunque la madera laminada ya dejó de ser un material experimental, al menos en Europa, todavía existen ciertos hitos respecto de los distintos usos que se le pueden dar. En el caso del proyecto Moholt se trata de una construcción CLT muy pura. Prácticamente no hay otro material en la obra, asegura, salvo una base de concreto que le da peso a la estructura, ya que por su altura era necesario anclar el edificio para proveerle mayor estabilidad. Incluso la caja del ascensor y los ejes de ventilación son de madera. “Todo menos la plomería y el sistema eléctrico”, aclara.

Energía pasiva

A partir del uso de madera laminada cruzada se ha reducido en un 57% la emisión de CO2 en materiales de construcción, en comparación con métodos tradicionales. Pero los grandes obstáculos para la arquitectura en madera siguen siendo el fuego y la aislación acústica. “Hay distintas maneras de proteger a la madera de incendios, una de ellas es esmaltando y repasando con nuevas capas cada cinco años, pero también hay otros sistemas de impregnación que funcionan distinto. En Moholt utilizamos un retardador que repele el fuego y hace que la madera demore más en prender”, dice la arquitecta. Para la fachada de los edificios se utilizó pino Kebony, un producto noruego hecho a base de componentes biológicos que resulta más sustentable y amigable con el medio ambiente. El invierno nórdico contempla temperaturas con varios grados bajo cero, además de importantes cantidades de lluvia y nieve, por lo tanto, la impregnación es fundamental para que las fachadas no se pudran. “Tenemos periodos de mucha lluvia y debemos estar preparados para asumir condiciones climáticas cada vez más extremas, producto del cambio climático”, comenta Riska. Los veranos, por su parte, reportan días con temperaturas por sobre los 25° y considerando esas variables es que en esos países se ha instalado cada vez con mayor urgencia el concepto de energía pasiva. La socia de MDH Architects lo explica así: “Se trata de hacer edificios utilizando estructuras muy ajustadas, de manera de retener el calor y no requerir tanta calefacción. Las fijaciones de las ventanas también van particularmente apretadas y el aislamiento es grueso. Eso es energía pasiva: impedir la fuga de energía”. Con el mismo objetivo se opta por limitar el tamaño de las ventanas, para que así no entre al edificio tanto calor ni frío. Pero para rescatar la luz del sol utilizan una pantalla solar que se adapta al clima y que funciona como obturador; si hay mucho sol se cierra, y a falta de luz natural, se abre.

Si bien las tecnologías asociadas a lograr mayor aislación implican un costo en materialidad, Minna Riska asegura que esa inversión se devuelve a través del ahorro energético. En el caso del complejo Moholt, ellos instalaron una pequeña planta que consiste en una perforación subterránea para obtener energía geotérmica y además usaron paneles solares en el techo de uno de los edificios. El entorno también juega un rol importante para la comunidad estudiantil, se trata de una urbanización rodeada por un bosque: “De agosto a mayo tenemos un largo invierno, y primaveras y otoños inseguros. Entonces, cuando es verano, los jóvenes quieren estar afuera la mayoría del tiempo”, concluye.

A Chile los pasajes

La arquitecta está muy entusiasmada con su pronto viaje a Chile. Además de la inmensa distancia que tendrá que recorrer desde Oslo a Santiago para participar de un seminario el próximo jueves 5 de septiembre a las 19.15 horas junto a uno de sus socios, Dagfinn Sagen, espera poder aproximarse a la arquitectura contemporánea nacional, de la cual tiene muy buenas referencias: “Hay muchos arquitectos chilenos a los que ponerle ojo, como Alejandro Aravena, que es muy famoso internacionalmente por sus proyectos socialmente responsables y porque además construye edificios preciosos (ríe). Me parece que Smiljan Radic y la oficina Pezo von Ellrichshausen también están haciendo cosas muy interesantes”. Y si el tiempo alcanza, dice, le encantaría conocer Valparaíso.