La vuelta a los estantes de las disquerías de R.E.M. y Madonna es una buena noticia en sí misma. Mientras la emperatriz del pop arremete con Hard Candy, R.E.M. edita Accelerate, un disco largamente esperado. Dos buenos discos para el comienzo del año hábil.

  • 2 abril, 2008


La vuelta a los estantes de las disquerías de R.E.M. y Madonna es una buena noticia en sí misma. Mientras la emperatriz del pop arremete con Hard Candy, R.E.M. edita Accelerate, un disco largamente esperado. Dos buenos discos para el comienzo del año hábil.

 

La vuelta a los estantes de las disquerías de R.E.M. y Madonna es una buena noticia en sí misma. Mientras la emperatriz del pop arremete con Hard Candy, R.E.M. edita Accelerate, un disco largamente esperado. Dos buenos discos para el comienzo del año hábil. Por Andrés Valdivia

 

Aunque provienen de morales distintas y de que uno reventó en el mainstream antes que el otro, Madonna y R.E.M. comparten una era, un país y un rango etáreo. Mientras la emperatriz del pop ya está en 49 bien vividos años, Michael Stipe, genio y figura de R.E.M., no se queda atrás con otras 48 convulsas primaveras. Son, digámoslo, los nuevos viejos del pop, que vienen a ocupar el espacio que McCartney, Jagger, Dylan y otros dejarán con sus muertes, que esperamos no sean pronto. Porque claro, la segunda camada ya ni califica para viejo del pop, sino que más bien para icono sobreviviente o algo así. Entonces, resulta importante comenzar a hacerse la idea de que algunas de las estrellas pop más rutilantes de nuestro tiempo emprenden la larga batalla contra los años que supone el paso del tiempo.

 

R.E.M. ya tiene un nuevo single sonando en las radios –Supernatural Superserious– y hacía ya un buen tiempo que no les escuchábamos una canción tan potente. Apretada, bien construida y con esa dosis de épica y desenfado melódico que ya le conocemos hace siglos, la banda de Athens pareciera haber vuelto a su forma. O quizá, a una forma que le hacía falta. La crítica los ha tratado de maravillas y es que al parecer la energía de la placa resuena muy bien con los aires algo esperanzados y voluptuosos que corren en Norteamérica. Conocido es el compromiso constante de Stipe con las causas más liberales de la política contingente de Estados Unidos y al parecer el fin de la era Bush –cercano, pero aún no cierto– tiene envuelto a este músico en un manto de la mejor épica rebelde, dejando cualquier dosis depresiva fuera del horizonte de posibilidades. Ya era hora, para una banda sorprendente y repleta de grandes canciones, que por un tiempo pareció cansarse de ser quien es.

 

Madonna, por su parte, realiza un ejercicio de excelente sentido táctico al alejarse de esa sonoridad y estética como de levantador de pesas de Ibiza que tanto le redituó en Confessions from the Dance Flor, su última placa oficial. Esta vez la imaginería gay ochentera dio paso a un sonido más urbano y punzante, de alguna manera anclado en lo que fueron sus comienzos. Ahora, no hay que equivocarse, Madonna siempre piensa en grande y para eso esta vez pidió la ayuda de Timbaland, Pharell y Justin Timberlake, los dos primeros quizá los productores más exitosos de hip-hop del último tiempo y el tercero, una de las estrellas más portentosas del momento. Los que lo han escuchado dicen que Hard Candy es un disco bravo, melódico y urbano, con más dosis de funk que de pop para hacer aerobics.

 

Al parecer, se llega mejor a los 50 que a los 40, lo que no deja de ser reconfortante.