El Museo del Hongo no tiene dirección, ni techo ni paredes. Se trata de un espacio itinerante, que al igual que su objeto de estudio, aparece una vez que se dan las condiciones. Su fundador, el diseñador Juan Ferrer, cuenta aquí sobre las innumerables propiedades de estos organismos vivos y los detalles de las obras que inaugurarán en las próximas semanas en Santiago.
Retrato: José Miguel Méndez

  • 11 noviembre, 2019

No forma parte de la naturaleza del proyecto establecerse en un lugar fijo”, reza una de las principales definiciones del Museo del hongo. Pero cronológicamente su historia surge con la vocación profesional de su fundador. Juan Ferrer estudió en el colegio Cumbres y entró al College de ciencias naturales y matemáticas de la Universidad Católica, convencido de estudiar Medicina para luego convertirse en cirujano. Piensa ahora que esa idea posiblemente se trató de una obsesión influida por las series de televisión y el cine. Pero en el camino fue encontrándose con su lado más creativo y después de dos años del plan de estudios se decidió por Diseño. Sin embargo, le quedaron rondando los conocimientos adquiridos en los ramos científicos y estando en cuarto año realizó su práctica profesional en una organización sin fines de lucro: la fundación Fungi. Ahí conoció a Giuliana Furci, su actual directora, y a Camila Marambio, curadora de artes visuales, quienes estaban desarrollando una serie de actos llamados “proyecto justicia al reino Fungi”, y que consistían en activaciones que cruzaban las artes performáticas con la micología. Así, de a poco, las puertas de este mundo tan inmenso como misterioso se fueron abriendo para Juan. Antes incluso de empezar la entrevista, es enfático en afirmar que nadie es micólogo experto, no por desmerecer los conocimientos o estudios formales que se puedan adquirir sobre el tema, sino porque se estima que conocemos aproximadamente un 5% de la diversidad fúngica a nivel mundial. “Te puedes saber dos mil hongos de memoria, así como su rol dentro de su medioambiente, pero al final es un porcentaje tan bajo de la totalidad que sería soberbio decirse experto”, advierte. Parte de su tesis de Diseño se convirtió en una exposición llamada “Prototipo para un Museo del Hongo”, muestra que ahora define como educativa, y que tuvo lugar en el Club Social de Artistas, en noviembre de 2016. Ahí, junto a la colaboración de científicos y artistas, se abarcó el universo de los hongos desde sus usos ceremoniales, contemporáneos y medicinales.

La segunda aparición del Museo del Hongo fue en Valdivia en agosto del año pasado y se trató de una muestra en el Museo de Arte Contemporáneo de esa ciudad donde se presentó la obra Vigilantes, del artista Iván Navarro, que ahondaba en el concepto de dormancia: “Estado del ciclo biológico de la espora en el cual las actividades metabólicas se reducen para conservar energía”. Los recursos para esta exposición los obtuvo Ferrer a través del concurso Haz tu tesis en cultura. Bajo el método site specific cultivaron hongos en las bóvedas del MAC. “Las condiciones de humedad de los muros eran ideales, entonces decidimos cultivar dos especies de champiñones comestibles, París y Ostra, los que se venden en supermercados. Navarro diseñó obras que acompañaban los cultivos, como espantapájaros. Curatorialmente hicimos ese paralelo: nosotros somos vigilantes del reino fungi y ellos son los vigilantes de la vida”, cuenta el diseñador. Para la ceremonia de cierre ofrecieron a los invitados un risotto cocinado con los mismos champiñones usados en la muestra.

Micoexpos

Este mes de noviembre el Museo del Hongo estrenará dos importantes apariciones en el marco de la Bienal de Artes mediales; una será en el Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna y la otra en el Parque Bicentenario de Cerrillos. Cuenta Ferrer que la primera se titula Infinita y su apertura se pospuso para finales de noviembre, debido a las manifestaciones sociales que han alterado el normal funcionamiento de avenida Vicuña Mackenna. Con la intención de visibilizar el reino fungi van a recubrir toda la fachada del museo con un material biotextil. “Es como una obra del artista Christo, pero técnicamente se trata de celulosa, ya que la fermentación de la kombucha -que es una colonia de hongos y bacterias con gran cantidad de probióticos- va liberando celulosa que se acumula en la parte de arriba de la bebida”, explica el diseñador. La elaboración de esta cubierta está a cargo del laboratorio de biofabricación UC.

La fuente de agua que se encuentra frente a su fachada también será intervenida con hongos a través de la construcción de una pirámide hecha de bioplástico. Dentro del museo se presentará Inocular, obra de Rodrigo Arteaga, artista que ha desarrollado también un método para dibujar mapas con hongos. Arteaga ha realizado una extensa investigación en el Laboratorio de Microbiología del Centro Médico San Joaquín y en esta oportunidad creará esculturas fabricadas con micelio de hongo que imitarán los objetos; jarrones, ánforas y columnas, originalmente de fierro fundido y mármol, desaparecidos del Cerro Santa Lucía luego de remodelación. La textura del micelo se asemeja al mármol, piedra o yeso.

También se mostrará Hypha, película inmersiva en realidad virtual que lleva a la persona en un viaje que limpiará La Tierra de los desastres hechos por el hombre, desde una espora. Hypha está dirigida por la artista medial Natalia Cabrera junto a un equipo de programación. La otra aparición del Museo del Hongo formaba parte de las actividades culturales programadas en el contexto de la COP25, pero pese a la cancelación del evento se inaugurará el próximo 24 de noviembre en el Parque Bicentenario de Cerrillos, con el apoyo del Ministerio de Obras Públicas. Se trata de Monumento Abierto, obra experimental concebida en conjunto con el arquitecto estadounidense David Benjamin, referente de innovación de la Universidad de Columbia, a quien Ferrer conoció el año pasado durante la Semana de la Biofabricación en Valdivia. La propuesta para Cerrillos son conos de ocho metros construídos con ladrillos de biomaterial y hongos. Contará además con una obra lumínica de Iván Navarro, que alude simbólicamente a la torre de control del aeródromo que funcionaba en ese lugar hasta 2008. La obra contempla un proceso de construcción por etapas y está proyectada en el tiempo de manera que, al momento de degradarse, los ladrillos se conviertan en sustratos que den vida a nueva vegetación nativa para el parque. Ferrer cuenta que para las obras de la Bienal de Artes Mediales recibieron financiamento de la corredora de bolsa LarraínVial, el cual acogieron a la ley de donaciones culturales: “Ellos apostaron por este proyecto que explora nuevas materialidades. Están muy motivados, y me lo explico como la inquietud hacia lo desconocido. Ese misterio que además resulta súper atractivo visualmente”.

Valer hongo

“Los hongos tienen mala prensa porque son los descomponedores de la naturaleza. En Occidente la muerte se entiende como el fin, pero en realidad después de la muerte, hay nueva vida”, señala Ferrer para explicar por qué culturalmente no hemos incorporado a los hongos en nuestros procesos productivos. Pero eso está cambiando. El fundador del Museo del Hongo destaca sus propiedades de biorremediación; entendidas como la capacidad que tienen las setas de regenerar suelos explotados, las cuales ya están probándose a gran escala. Cuenta también sobre la producción de biomateriales que realiza el Laboratorio de Biofabricación UC y destaca la investigación que viene desarrollando Sebastián Rodríguez. A nivel mundial existen empresas como Ecoworks y Ecovative que han desarrollado diferentes productos a partir de material orgánico elaborado con hongos, como por ejemplo en la industria del packaging, donde se utiliza en reemplazo del plumavit. En medicina también hay tratamientos contra el cáncer que incorporan el hongo cordyseps. Aquí en Chile, el trabajo que ha realizado la fundación Fungi ha sido fundamental para conocer más sobre esta especie y ser pioneros mundiales en cuanto a su conservación. Por una parte es inédito que una organización se dedique exclusivamente al estudio de los hongos, y además han establecido relación con distintas entidades a nivel internacional.

Bajo un espíritu basado en la biomímesis, ciencia que estudia a la naturaleza como fuente de inspiración para nuevas tecnologías, el museo propone diferentes módulos, algunos de ellos con declarada misión educativa. Desde ya participarán del Festival Puerto de Ideas, a realizarse el próximo año en Antofagasta, y también expondrán en el MAM de Chiloé. “Nos gustaría profundizar en la propiedad de biorremediación que tienen los hongos sobre el suelo, y la idea es que los artistas trabajen con científicos, agrónomos y personajes locales, de manera experimental”, adelanta el diseñador. Tampoco se cierran a abordar las propiedades alucinógenas de las callampas, de hecho, en su primera exposición hubo una sala dedicada a sus usos ceremoniales. “Lo psicodélico te permite generar nuevas conexiones a nivel neurológico que son utilizadas en terapias para superar adicciones, pero es importante que sea bajo supervisión porque existen hongos venenosos y mortales. Hay que educar”, afirma. Insiste que los hongos están en todas partes y que habitamos con ellos en nuestra cotidianeidad: “Están en el vino, en el pan, en algunos quesos, en la cerveza artesanal, y también en nosotros mismos, hasta en nuestra flora intestinal. Hay que eliminar la micofobia y aceptar el proceso de la media muerte”.

TELLURIDE MUSHROOM FESTIVAL

Telluride es un pueblo ubicado en Colorado, Estados Unidos, que queda a 2.600 metros de altura y acoge a distintos festivales durante todo el año. Hay un festival de yoga, de cine, de vinos, de montaña, de jazz, de cine, y varios más. Y ahí hace casi 40 años tiene lugar también el festival del hongo. Su programación consta principalmente de conferencias en torno al reino fungi desde la ciencias e innovación, pero también hay un espacio dedicado a representaciones artísticas. Y este año, el Museo del Hongo chileno participó de su última edición, entre el 14 y el 18 de agosto. Juan Ferrer y el realizador Nicolás Oyarce decidieron montar una performance  audiovisual que generó entusiasmo por parte de los asistentes. “Es información que ellos manejan y conocen bien, entonces pueden hacer su propia interpretación sin necesidad de andar explicando todo. Vieron la obra y luego comentaban: ‘So creative, so fresh!’”, cuenta Ferrer y muestra el traje que utilizaron en el desfile que cierra cada edición del festival. Con capas y cortes que imitan las diferentes partes del hongo -micelio, sombrero, escamas, entre otras-, el vestido fue diseñado por Rosario Riveros (creadora de la marca Duende Capitalista) especialmente para la ocasión.