Sin apegarse a las versiones tradicionales, el cantautor se atreve a trasladar los acordes mayores a menores, en busca de un sonido más contemporáneo, e invoca las letras originales para recuperar el tono oscuro que poseían muchas de las canciones. 

  • 5 julio, 2012

Sin apegarse a las versiones tradicionales, el cantautor se atreve a trasladar los acordes mayores a menores, en busca de un sonido más contemporáneo, e invoca las letras originales para recuperar el tono oscuro que poseían muchas de las canciones.  

No cabe duda de que Neil Young es un gran compositor. Por eso sorprende que su último álbum Americana, grabado junto a los legendarios Crazy Horse, no contenga ninguna canción de su autoría. Esta vez el fogueado músico canadiense decidió incluir sólo covers de viejas canciones tradicionales norteamericanas, muchas de las cuales aprendió durante su infancia.

Y no es que Young haya perdido su capacidad creativa. La determinación de hacer este disco surge mientras el artista escribía sus memorias. Durante la preparación del libro, los recuerdos lo hicieron regresar a los inicios de su carrera cuando tocaba junto al grupo The Squires, en el club The Fourth Dimension en Ontario.

Fue allí donde escuchó por primera vez a la banda neoyorkina The Thorns  interpretando la tradicional Oh Susanna y a The Company con su particular versión del spiritual  High flying birds, donde destacaba la voz de un joven Stephen Stills, con quien formaría más tarde el súper grupo Crosby, Stills, Nash & Young.

Las canciones de Americana pertenecen a esa época cuando la música aún era vendida en partituras y las familias se aglutinaban en torno al piano de la casa para interpretar las tonadas más populares. De hecho, seis de las once canciones que conforman la placa son consideradas tradicionales, sin autor conocido, aprendidas de boca en boca, a través de las misas dominicales o en las salas de clases.

Eso sí, Young las interpreta a su propio modo, lo que le ha valido más de una controversia con los críticos y  oyentes más puristas. Sin apegarse a las versiones tradicionales, el cantautor se atreve a trasladar los acordes mayores a menores, en busca de un sonido más contemporáneo, e invoca las letras originales para recuperar el tono oscuro que poseían muchas de ellas.  

El disco comienza con una pegadiza versión de Oh Susanna, para luego dar paso a una versión pre-grunge de la clásica Clementina, donde, junto a un coro de niños, Young canta al final de la canción: “la extraño, la extraño, la extraño a mi Clementina, así que besaré a su pequeña hermana y olvidaré a mi Clementina”, una línea que con el tiempo fue cristianizada y suprimida. Lo mismo sucede con This land is your land, de Woody Guthrie, en la que Young rescata el tono de protesta de la canción aludiendo al sentido social de  uno de sus versos originales: “en mi tierra hay un letrero que dice no pasar, pero por el otro lado no dice nada, así que ese es el lado de la tierra que fue hecho para ti y para mi”.

Americana baja el telón con God save the Queen, no la versión de The Sex Pistols, sino el himno original. Para Young, es una canción que cubre una franja importante de su vida, un repetido recuerdo de su infancia, de cuando cada mañana debía entonarla antes de comenzar las clases. Pero también es un tema que simboliza la revolución norteamericana y que encierra insospechados versos de protesta que critican a los políticos por sus “viejos trucos vacíos”, algo que todavía parece adecuado decir en los tiempos que vivimos.

La totalidad de las canciones de Americana fueron grabadas en sesiones en vivo, sin procesos digitales y en una sola toma. El sonido que recorre las pistas resulta mordaz y vigoroso, sin poses ni gran acicalamiento. Las guitarras son pedaleadas con el oficio que sólo poseen los  veteranos y la voz de Young sigue funcionando como hace treinta años. Por momentos, las interpretaciones no resultan del todo perfectas o el ritmo parece no ser  llevado con la necesaria rigurosidad, pero tales desaciertos acaban por formar parte del encanto de este trabajo. Americana es en realidad una festiva jam de rock sureño que infunde nueva e inesperada vitalidad a estas viejas tonadas.