Born this way, el nuevo disco de la cantante más exitosa del momento, evidencia el pobre nivel al que ha llegado la música pop de hoy. Por Juan Venegas

  • 3 junio, 2011

Born this way, el nuevo disco de la cantante más exitosa del momento, evidencia el pobre nivel al que ha llegado la música pop de hoy. Por Juan Venegas

Lady Gaga, nacida Stefani Joanne Angelina Germanotta, habría estado perfecta como parte del elenco de The Rocky horror picture, un musical de culto de los 70, en el que un alocado científico travesti celebra de manera particular la Convención Anual Transilvana. Y es que con su sobrecargado maquillaje, sus peinados encendidos y su manía por cantar siempre en calzones, Lady Gaga luce más como un apéndice de la vieja movida andrógina iniciada por David Bowie y The New York Dolls que como la gran diva del pop del siglo XXI.

Pero a diferencia del movimiento glam de los 70, que tuvo repercusiones en todos los géneros artísticos, el fenómeno mediático de Lady Gaga se ha limitado mas que nada a su persona. Es cierto, existen miles de adolescentes que tratan de imitarla, ya sea por su look o por su actitud desfachatada, pero sigue siendo un fenómeno acotado, carente de un correlato cultural más profundo. ¿Significa esto que Lady Gaga es sólo un acto efectista? Hay muchos que avalarían esa idea, pero no olvidemos que también existe una gran masa que ve en Gaga lo mejor que le ha sucedido al pop desde la irrupción de Madonna, hace 25 años.

Subestimar la música de Lady Gaga a priori, luego de su formidable éxito a nivel mundial, puede ser un acto de inflexibilidad y, de paso, un desprecio hacia el gusto musical de millones de personas. Evaluar el trabajo de Gaga no es tan fácil como parece y nos obliga a mirarlo como lo que simplemente es: una producción de mainstream pop que no intenta cambios culturales, sino que busca proporcionar un espacio de entretenimiento liviano y bien gestado.

En ese sentido, Born this way (Interscope), su nuevo álbum de estudio, cumple a cabalidad con los preceptos básicos. Siguiendo con la línea marcada por Fame (2007) y el EP Fame monster (2008), Born this way nos revela a la estrafalaria cantante neoyorquina transitando por zonas de seguridad, básicamente reciclando la fórmula que la convirtió en la artista más vendedora de 2010. No es algo que podamos criticarle a Lady Gaga, considerando que habitualmente es la propia industria discográfica la que exige a sus “artistas premium” no modificar algo que funciona a la perfección.

A lo largo del nuevo CD, la pesada sombra de Madonna, una de sus mayores inspiraciones, se escucha más patente que nunca. Desde el tono de voz de Gaga hasta la composición de al menos dos temas del álbum, Born this way y Black Jesus – Amen fashion, en los que resuenan ecos del hit Express yourself, de la rubia de Michigan.

Sin embargo, más allá de estas meras “coincidencias”, Gaga confirma su talento para armar con simplicidad e inteligencia canciones con poderosos ganchos melódicos. Del mismo modo, los abigarrados arreglos de sintetizadores y la infatigable pulsión del eurotrash, que atraviesa cada arista del álbum, funcionan de forma eficaz a la hora de ejercer como contraparte del fraseo tecno de Gaga.

Lo que llama a decepción, considerando las altas expectativas puestas en la placa, es la exigua conexión temática que Lady Gaga logró imprimir a los 14 temas que conforman el CD. Sus seguidores, a quienes ella llama “little monsters”, probablemente esperaban un mensaje más cohesionado y no una mera compilación de canciones bailables sobre religión, moda y gente rara.

Aun así, Born this way, sin romper esquema alguno, cumple con el objetivo de entretener con frívola ligereza. Y de paso, le permitirá a Lady Gaga, al menos por otra temporada, seguir luciendo su corona como reina del pop y de los rankings de ventas. ¿Será suficiente?