Let England shake, sobre los efectos de la guerra, es uno de los mejores y más accesibles discos de la cantante inglesa en 20 años de carrera. Por Juan Venegas

  • 6 mayo, 2011

Let England shake, sobre los efectos de la guerra, es uno de los mejores y más accesibles discos de la cantante inglesa en 20 años de carrera. Por Juan Venegas

"¿Qué tiene de malo la paz que su inspiración no perdura?”, se preguntaba Homer, el viejo poeta de la película Las alas del deseo, de Wim Wenders, teniendo ante sí la desoladora destrucción provocada por las guerras mundiales. Una interrogante similar parece haberse hecho la inglesa PJ Harvey en su último álbum, Let England shake, donde respiran vívidamente, como diapositivas, las imágenes y fantasmas dejados por los grandes confl ictos. Historias que han querido ser olvidadas, pero que aún habitan profundamente en el inconsciente de todos los pueblos que se han visto involucrados en confrontaciones.

Como preparación para este disco, PJ Harvey (41), una de las más talentosas compositoras del movimiento alternativo de los 90, dedicó gran parte de los dos últimos años a perfeccionar su escritura e investigar, como lo haría una novelista, el tema de los efectos de la guerra. Entrevistó víctimas, se sumergió en la beligerante historia inglesa y en la poesía contemporánea afgana e iraquí, en un intento por captar, de primera mano, las emociones de las víctimas.

Las canciones, grabadas en una iglesia de Bridport, su ciudad natal, narran distintos episodios a través de los ojos de soldados y civiles, que tienen a Harvey como observadora en la línea de fuego. Es una descripción urgente, trágica y oscura, como el vivo relato de un corresponsal de guerra. A ratos, más que escuchar un disco de pop, nos parece estar viendo un fi lme como Path of glory, (1957) de Stanley Kubrick, con soldados angustiados y hambrientos, escondidos en trincheras, esperando por la muerte.

Let England shake es un trabajo en el que cuesta enfocar la mirada a la música. Al igual que en The Freewheelin’ Bob Dylan (1963), aquí la melodía representa sólo el método de expresión de un mensaje. Y ni Dylan ni Harvey son, diríamos, los más melodiosos. Se puede sostener que Harvey continúa la línea marcada por Morrisey en You are the quarry, en 2004, en el que el ex-líder de The Smiths irrumpe con canciones como America is not the world y Irish blood English heart, en las que hace patente su rechazo al militarismo de Gran Bretaña y EEUU. Pero si hay algo singular en la propuesta de la artista inglesa es su intento por mantener vivos en la memoria trágicos hechos de la historia, a través de un relato crudo y gráfi co.

Producido por el experimentado Flood (Depeche Mode, U2) y con la colaboración de John Parish (ex Bad Seeds), Let England shake se emparenta con proyectos alternativos como Arcade fi re, especialmente por su viscosidad sonora y por el pulso golpeador de la guitarra eléctrica siguiendo el ritmo marchante de los tom toms. A ratos evidencia el legado del punk en solitario de Joe Strummer y guiños al cantar seminal de Yoko Ono; todo esto, cruzado transversalmente por el folk inglés tradicional.

Sin duda, este último álbum de PJ Harvey, por sus arreglos, apoyo vocal e instrumentación, es el trabajo más accesible y cercano que ha realizado en sus 20 años de carrera. Un disco en el cual la amabilidad de la música parece contraponerse a un sobresaliente set de letras colmadas de dolor y amargura. MUSICA Guía + cultura