• 4 mayo, 2007

De los primeros acercamientos a Sibelius hasta la fascinación de seguir la transmisión de una ópera en directo, todo gracias a la “caja idiota”. ¿Dónde están los programas que solían difundir música en la TV abierta?
POR JOEL POBLETE

 

 

Hace unas semanas empecé a pensar cuándo y cómo fue mi primer acercamiento a la obra de Jean Sibelius, del que en septiembre se conmemorarán los 50 años de su muerte. Sí, porque en estos días el Teatro de la Universidad de Chile ofrece un programa dedicado al compositor finlandés, con la Sinfónica interpretando tres de sus obras más conocidas a modo de homenaje, uniéndose así a las iniciativas similares que conmemoran el aniversario en todo el mundo.

¿Dónde lo escuché por primera vez? Probablemente en el mismo sitio donde lo oyeron muchos chilenos, quizás sin saberlo: en la cortina musical de las transmisiones deportivas de TVN. Con sus sones vibrantes y enérgicos, ha sido parte del inconsciente colectivo de varias generaciones sin que la mayoría sepa que es el arreglo de un fragmento de la Suite Karelia de Sibelius. Y también fue la televisión la que me acercó de manera más definida a la capacidad expresiva de la música de este autor: una mañana de domingo, debe haber sido a fines de los 80, en el programa Creaciones que el recordado Jorge Dahm conducía en Canal 13, vi por primera vez Allegro non troppo, un notable largometraje italiano de animación dirigido en 1976 por el dibujante Bruno Bozzetto. Eran seis cortos animados creados a partir de célebres piezas musicales, en el espíritu de la Fantasía de Disney, pero con trazos más modernos y un sesgo más rupturista y mordaz.

Y fue ahí, entre un erotizado y viejo fauno que se movía al ritmo de Debussy y un grupo de bestias que marchaban siguiendo los compases del popular Bolero de Ravel, que me conmoví con un melancólico gato que soñaba con utópicas felicidades con el Vals triste de Sibelius sonando de fondo. La televisión y Jorge Dahm también estuvieron ligados a mi inesperada adicción por la ópera. A diferencia de muchos operáticos que empezaron a amar el género gracias a los discos que escuchaban sus padres o abuelos o porque desde niños los llevaron al teatro, mi conexión no surgió de lazos familiares, porque hasta ese momento nadie en mi casa mostraba mayor interés por el canto lírico. Es más, la verdad es que desde mi infancia yo relacionaba este arte exclusivamente con señoras voluminosas y algo histéricas emitiendo gritos capaces de romper cristales, o con Giovanni Jones, ese irascible cantante al que Bugs Bunny sacaba de sus casillas en un corto de Merry melodies. Por eso nada podía hacerme suponer que una tarde de domingo a mediados de 1987 iba a quedar embrujado gracias a una transmisión en directo desde el Teatro Municipal, nuevamente con Dahm en la conducción: la archifamosa Carmen de Bizet, protagonizada por una sensual Victoria Vergara y una joven Verónica Villarroel interpretando el segundo rol importante de su carrera.

Gracias a los subtítulos que por primera vez me permitían entender lo que cantaban los personajes, gracias a la irresistible pasión y dramatismo del drama y la contagiosa música de Bizet, gracias a la emoción de saber que mientras tomaba “once” en casa de mis abuelos estaba contemplando un espectáculo en vivo, caí rendido ante la ópera, y desde entonces nunca me alejé de ella. En años posteriores vería por TV desde ballets y conciertos hasta óperas como El trovador (1988), El barbero de Sevilla (1989), en 1990 una conmovedora Madama Butterfl y y una entrañable Hija del regimiento…

Pero en la última década lo más cercano a programas que difundan la música docta y la ópera hay que buscarlo en la televisión por cable, porque la programación cultural en los canales “abiertos” de seguro, salvo muy esporádicas excepciones, considera elitistas este tipo de programas, dirigidos a una minoría muy ajena a las inquietudes del chileno medio. ¿Y si hubiera algún niño o adolescente en algún remoto rincón del país, sin mayor acceso físico a estas artes, que pudiera dejarse llevar por la música de Sibelius, o fascinarse con una transmisión en directo de una ópera o concierto? He escuchado rumores sobre un nuevo espacio televisivo ligado al Municipal que debería ver la luz en los próximos meses en el marco de los 150 años del teatro. Esperemos que se difunda por un canal abierto, porque en verdad hoy, en un país moderno donde supuestamente la cultura está más viva que nunca, se hace imprescindible gente como Jorge Dahm y su labor de difusión a través de la pantalla chica, que con humor y ternura alejaba estos temas de lo denso, pomposo y latero para introducir a los televidentes en el terreno de la belleza, lo mágico y trascendente.