Por: Christian Ramírez En la recta final hacia el desenlace de The Last Jedi, flamante nuevo episodio de la saga Star Wars, el inmenso destructor del Líder Supremo Snoke se lanza a la caza de la nave que transporta al grueso de las fuerzas rebeldes. Alcanzarla y destruirla es cuestión de tiempo: ya no tienen […]

  • 21 diciembre, 2017

Por: Christian Ramírez

En la recta final hacia el desenlace de The Last Jedi, flamante nuevo episodio de la saga Star Wars, el inmenso destructor del Líder Supremo Snoke se lanza a la caza de la nave que transporta al grueso de las fuerzas rebeldes. Alcanzarla y destruirla es cuestión de tiempo: ya no tienen combustible para un nuevo salto al hiperespacio. Lo que resta es presionarlos hasta la inmovilidad y luego, con inmenso poder, dar el golpe de gracia.

La estrategia no es muy distinta a la que Disney, el estudio que produce estos filmes, usó hace solo unos días en su sorprendente compra de 20th Century Fox por 52,4 billones de dólares. Táctica de asedio. La diferencia es que si en la película los rebeldes consiguen escapar para regresar –recargados– en una futura entrega, en la vida real la familia Murdoch dejó ir sin vuelta un estudio de cine adquirido en 1984 y que en las décadas siguientes logró convertir en un verdadero gigante del entretenimiento medial. No es como para condolerse. El destino de la Fox había quedado bajo cuestión a mediados de 2014, cuando la empresa se quedó corta al intentar una operación muy similar: adquirir por 80 billones al gigante Time Warner…

Ahora bien, ¿qué saca Disney con devorarse a Fox? No andaba en busca de un estudio. Tampoco de otro canal de TV. La razón es una sola. Contenidos.

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