Por: Juan Venegas Fotos: Verónica Ortíz Hace 20 años entrevisté por primera vez a La Ley, semanas antes de que sus integrantes se marcharan definitivamente a México. En una pequeña oficina estudio, entre papeles e instrumentos, ubicada en Providencia, unos chicos sonrientes y optimistas hablaban de sus planes, de la necesidad de escapar de un […]

  • 9 junio, 2016

Por: Juan Venegas
Fotos: Verónica Ortíz

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Hace 20 años entrevisté por primera vez a La Ley, semanas antes de que sus integrantes se marcharan definitivamente a México. En una pequeña oficina estudio, entre papeles e instrumentos, ubicada en Providencia, unos chicos sonrientes y optimistas hablaban de sus planes, de la necesidad de escapar de un Chile pequeño y aún muy cerrado al mundo.
Unos años más tarde me tocó verlos nuevamente en Miami, esta vez en la grabación del Unplugged para MTV, la mejor presentación de su carrera, que les hizo merecedores del único Grammy que una banda chilena puede ostentar. A mi lado, una joven Sofía Vergara gritaba, chifleaba y me contaba en tono barranquillero de su fanatismo por el grupo nacional. Ahí me di cuenta de que La Ley había cumplido su sueño de convertirse en una banda sin nacionalidad.

Hoy, 20 años después, los encuentro en la suite presidencial del Sheraton, durante una ronda de prensa, en la que tenemos 20 minutos cronometrados para realizar algunas preguntas acerca de su reunión, luego de una década separados. A pesar del entorno rococó de la habitación, Cuevas, Clavería y Frugone, la alineación más longeva de La Ley, todavía suena jovial y amable. Cuevas con ese tono de niño educado, Frugone con la ansiedad de siempre y Clavería ya de vuelta de todo, viviendo en Puebla, alejado del polvo en suspensión del DF que le provocó síntomas alérgicos. “Y yo que me tiré tanto polvo”, me cuenta en tono sarcástico.

Una periodista se saca fotos con ellos, y no la juzgo, porque son los únicos rockstars chilenos. Están más maduros, se sienten responsables de sus fans y de su staff. Ya pasaron los tiempos del carrete eterno y hoy se preocupan de estar en buena forma física, porque saben que a los cincuenta las resacas duran más de lo que uno quisiera.

En enero se presentaron en Chile, en sitios alejados del glamour como Graneros, Chépica o Machalí, pero están contentos de hacerlo, porque es una vuelta de mano y han podido palpar el cariño que la gente aún les profesa. Cuevas sigue siendo el sensato del grupo, el que habla con ponderación y tino. Está lejos de ser un divo, y relata su historia con La Ley como la obra de su vida, que lo retrata y define. Habla con cariño de sus comienzos, de los nombres que se fueron quedando en el camino, y recuerda con exactitud cada uno de los capítulos que le ha tocado vivir junto al grupo.

Fueron sólo 20 minutos, pudieron ser más, pero la encargada de prensa nos dio la señal de la guillotina y tuvimos que parar. Esto es lo que dijeron.

-La pregunta obligada: ¿por qué volver luego de diez años de separación?

Frugone: Creo que fue un proceso muy natural. Al principio pensamos reunirnos sólo para unas tocatas, pero nos dimos cuenta de que aún manteníamos la misma onda y terminamos editando este nuevo disco. La pausa en el 2005 era inevitable, veníamos de años de mucha intensidad y necesitábamos nuestro espacio.

Clavería: Ahora convivimos, más que como artistas, como personas con historias que van mucho más allá del trabajo. Fue como volver a nuestra base. Es una etapa de mayor madurez, con un sinnúmero de experiencias tanto arriba como abajo del escenario.

-Escuché el disco y lo que más resalta es la variedad estilística.

Claveria: Nos tiene muy satisfechos y orgullosos. Un álbum bien completo, en el que no hay rellenos.

Frugone: Lo increíble de esta historia es que cuando volvimos, nos encerramos en el estudio por un par de semanas y logramos componer un buen número de canciones. Fue una sorpresa para todos.

-Es un disco en el que aparecen como coproductores. ¿Manejaron las riendas del proyecto?

Cuevas: En esencia sí. Tuvimos la opinión de gente de la compañía, pero al final la última palabra la tuvimos nosotros. Es nuestro disco. Es bueno que haya personas externas que opinen, porque cuando estás involucrado en la creación pierdes un poco la objetividad. Como ejemplo está la canción El Borde, que dudamos si la metíamos en el disco, pero debido a la buena recepción en otras personas la incluimos y terminó siendo una de las canciones con más prestancia, espesa y con una letra sustantiva en relación a la contingencia.

-¿Cómo fue ese episodio con Quentin Tarantino en uno de sus últimos conciertos, que apareció en las redes sociales?

Frugone: Es lo que pasa por estar expuesto a un público como el de Estados Unidos, donde hay un collage de gentes. Tarantino tiene una amiga en común de la banda y fue a vernos. Obvio que es un tipo muy interesante y un honor que vaya a tus conciertos.
Cuevas: Ojo que pagó su entrada. Y mientras cantaba lo vi, y claro, te sorprendes porque es un personaje y tu director de cine favorito, pero seguí haciendo el show. Luego, en uno de los bises, lo saludé y le dedicamos una canción. Es un tipo súper generoso igual, porque por ahí hay gente famosa que no quiere que la reconozcan. Le dije, “no te quiero incomodar, pero tampoco puedo dejar de lado y felicitarte por tu carrera” y todo eso. Al final subió al escenario y se vino con nosotros al backstage. Conversamos un rato, pero no hay que candidatearse como piensan algunos que nos preguntan si vamos a estar en la próxima película de Tarantino. Eso sería como de mal gusto, Pero si Tarantino se la juega y llama (risas), obvio que le atendemos el teléfono.

 

Veinte años atrás

-Me tocó entrevistarlos cuando estaban a punto de irse a México a probar suerte. ¿Cómo recuerdan esos años?

Cuevas: La determinación de irnos no fue tan dramática, porque teníamos ganas de hacerlo. Para mí en lo particular fue un poco más difícil porque fui el único que no se fue con la familia. Pasaba temporadas de dos meses y luego volvía por un par de semanas a Chile. Mis hijos estaban chicos, fue complicado, pero fue importante tener una mujer que me aguantó eso también de alguna manera.

-Estando solo, ¿tuviste tiempo para vivir nuevas experiencias?

Cuevas: En esa época, aparte de muchas entrevistas y conciertos, había también mucho tiempo muerto. Y yo que particularmente nunca fui muy tóxico, muy de carrete tóxico, pasaba días enteros aprendiendo a tocar guitarra. Y eso fue bueno, porque después pude componer música con un instrumento y no depender tanto de los otros. Pero para todos nosotros tuvo un carácter de sacrificio.

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-En esa época, los sellos discográficos aún tenían un gran poder y proveían de recursos a sus artistas. No se lanzaron, como se dice, a la vida.

Cuevas: Es cierto. Para el 95-96 contábamos con un apoyo sustantivo, con ciertas regalías.

-¿En algún momento se arrepintieron?

Cuevas: Nunca. Lo que sí tuvimos fueron bajas; primero muere Andrés, luego se fue Rodrigo (Aboitiz) por problemas personales y el 97 se aleja Luciano. Entonces, más que arrepentirnos, pensamos en cómo adaptarnos a los cambios y de paso probamos la resiliencia del grupo. Ellos eran integrantes claves y quizás no tuvieron el reconocimiento que alcanzamos como el trío que somos ahora. Independiente de las cosas personales, tanto Rodrigo como Luciano eran grandes aportes musicales, y cuando ellos se van, eso nos obligó a redefinirnos como banda. En algunas entrevistas ellos han dicho que La Ley no es la Ley, pero yo creo que es sólo un grupo que ha cambiado muchas veces de piel y eso se puede ver en la discografía.

-En comparación con Los Prisioneros y Los Tres, ustedes eran considerados un grupo más light. ¿Cómo vivieron esa discriminación?

Frugone: Eso fue una cosa creada y orquestada por cierta parte de la prensa. Por mucho tiempo nos machacaron con que éramos el grupo light del pop chileno, que no éramos chilenos, o que nos creíamos más que otras bandas. Ya con Anachena y Viena nos trataban de maricones. Al final yo me quedo con lo que nos expresa la gente, no con lo que piensa un periodista.

Cuevas: En esa época se satanizaba en los círculos intelectuales y musicales el tener un look y una apuesta visual, algo que no pasa en la actualidad. A nosotros nos tocó el grunge, y para que te creyeran debías salir todo destartalado con un look rockero. Si salías bien vestido con un look medio fashion eras calificado de mula, o decían “estos weones son pura pinta”, aunque en realidad lo que ofrecíamos eran buenas canciones. Nunca nos hemos sentido parte de nada. Al final son las batallas ganadas las que te dan la razón y hemos creado un cancionero pop que conecta con la gente.

-¿Echan de menos la adrenalina de esos primeros años? Viajar sin parar, sin horarios, de ciudad en ciudad.

Clavería: Creo que con esta gira la hemos vuelto a vivir de alguna forma. Estamos haciendo un tour súper agotador. Arrancamos en enero realizando 19 conciertos en Chile, luego nos fuimos a México a presentar el disco, y después 14 ciudades en Estados Unidos. Llevamos dos meses fuera de nuestras casas.

-Ya no son unos adolescentes y deben evitar los excesos, ¿no?

Clavería: Bueno, estamos mucho más grandes y cuidamos mucho más nuestro cuerpo y nuestros estilos de vida. Desde la alimentación a todo lo que hacemos después de un concierto. Antes éramos más lancetas, porque era parte del rock y había que vivirlo. Pero ya pasamos por eso, y estar reventándonos de viejos sería medio nefasto.

Frugone: Antes no teníamos conciencia de lo que significaba salir de gira y la responsabilidad que conlleva. Tenemos un staff y sabemos que tenemos que cuidar de ellos y ellos de nosotros. Que hay gente que paga su entrada. Esa conciencia del esfuerzo no la teníamos tan clara cuando éramos más jóvenes. O sea, no podemos tomar esto para el webeo y carretear porque no corresponde.

Clavería: Además, las cañas a los 50 son terribles. Duran como cuatro días (risas). Beto y Pedro se preparan bien, van al gimnasio, yo saco a pasear a mis perros y toco la batería, que es como hacer maquinitas pero sentado.

-Su primer gran éxito fue Angie, un cover de los Stones. ¿Fueron Jagger y compañía una especie de modelo a seguir como banda?

Cuevas: Nos gustaban, pero esa conexión se dio por un programa de televisión. ¡Si en esa época estábamos haciendo canciones en inglés porque había aparecido un gringo mormón que prometía abrirnos las puertas del mercado norteamericano! Imagínate. Hicimos una serie de canciones como Jesus y Angry Lovers con esa intención. Pero luego nos invitaron a la televisión y tocamos Ruby Tuesday, Under My Thumb y Angie. Luego el audio de esta última lo pasaron por radio Concierto y la gente comenzó a pedirla, pensando que era un grupo gringo. Ese hecho marcó el interés de Polygram por firmar con nosotros y nos pusieron como única condición que en el primer disco debía ir esa canción, que terminó siendo nuestro primer sencillo, y con la que nos hicimos conocidos en Chile. Fue muy loco.

-En la serie Vinyl, producida por Martin Scorsese y Mick Jagger, se describe la época más convulsionada de la industria discográfica. Los engaños a los artistas, las drogas y las mafias radiales. ¿A ustedes les tocó una época diferente?

Cuevas: No, si también nos engañaron. Honestamente, creo que ese patrón sigue igual. Lo que pasa es que hoy no se venden tantos discos, entonces no hay mucho donde robar. Ahora se produce más en los shows, especialmente si eres un artista multitudinario. Pero siguen existiendo las personas vivas. A los más jóvenes les diría que contraten un abogado, que no crean todo lo que les dicen y que no confíen simplemente en un manager.

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-¿Qué tipo de engaños sufrieron ustedes?

Cuevas: Cuando firmamos como artistas de Polygram, nos hicieron firmar también la editorial de nuestras canciones y no nos dieron nada de adelanto. En esa época comenzamos a hacernos muy famosos y yo ya no podía andar más en micro. Entonces fui con Clavería a ver al presidente del sello y le dije: “Ya no puedo andar mas en micro ni tampoco en una motito” (risas), que necesitaba un auto. Me respondió “pero ¿qué auto quieren?”, y luego llegamos con catálogos y nos fuimos a Citroen a comprar unos ZX. Los dos weones con el mismo auto y el mismo color (risas). La única diferencia era el último número de la patente. Ése fue como un adelanto. Luego fueron Luciano y Andrés a pedir sus autos, pero les dijeron que debían firmar por más años, entonces no firmaron y no les dieron nada.

Clavería: Cuando salió Doble Opuesto pasaron dos meses y el disco había vendido súper bien. Nos llamaron para ir al sello y, al igual que en la serie Vinyl, entró una secretaria con una bandeja plateada con unos cheques, que en el fondo era un adelanto por nuestro trabajo. Era la parafernalia de las discográficas, parte del show, para impresionar a unos músicos jóvenes. Pero era nuestra propia plata.

-En estas más de dos décadas de carrera, ¿cuál ha sido la noche más memorable?

Clavería: Una de las más increíbles de nuestra carrera fue después del primer Festival de Viña, nos fuimos a celebrar y la pasamos increíble, era como un sueño de niños. Otra noche memorable fue cuando nos juntamos en el año 2003 en un cuarto en Nueva York a echarnos unos buenos copetes y decidir que nos íbamos a separar el 2005.

Cuevas: ¿Pero ésa fue una gran noche para ti?

Clavería: Si, súper buena. Bastante memorable.

Frugone: Para mí también fue una gran noche.

-En retrospectiva, ¿cuál creen que ha sido el rol de La Ley en la historia del pop nacional?

Cuevas: Cualquier cosa que digamos va a sonar pretenciosa, pero pienso que somos parte de la historia de la música, y el lugar que tenemos hoy se debe a los riesgos que tomamos. Y hemos logrado cosas que hasta ahora no ha conseguido otro artista nacional. Somos como un ejemplo, no necesariamente musical, porque es una cosa muy personal, pero somos un ejemplo de que es posible romper con toda clase de barreras, por más complicadas que parezcan. •••