En 1997, poco tiempo después de editar su exitoso álbum debut  Tidal, Fiona Apple grabó una versión del tema de John Lennon, Across the universe, con el clásico estribillo “nothing’s gonna change my world”, como queriendo dejar en claro que ni la fama ni los antojadizos cambios de modas, empujados por la industria musical, afectarían […]

  • 20 agosto, 2012

En 1997, poco tiempo después de editar su exitoso álbum debut  Tidal, Fiona Apple grabó una versión del tema de John Lennon, Across the universe, con el clásico estribillo “nothing’s gonna change my world”, como queriendo dejar en claro que ni la fama ni los antojadizos cambios de modas, empujados por la industria musical, afectarían su solitaria existencia y su singular estilo de composición.

Y tras siete años de silencio luego de Extraordinary Machine (2005), Apple reaparece con The idler wheel is wiser than the driver of the screw and whipping cords will serve you more than ropes will ever do, un largo título que confirma que su independencia e inteligencia como artista continúan intactas y que el paso de los años –tiene 34- ha servido para perfeccionar y madurar su gran genio musical.

Se trata de un disco amalgamado con destreza. Escrito –como siempre- en primera persona, sin temor a revelar los contrastes, vacilaciones y sufrimientos más íntimos de su vida. Son diez canciones que transitan con plena libertad entre la fugaz ilusión de la felicidad hasta las rabias más ácidas y profundas producto de  la incomprensión o el engaño.

No se puede afirmar que The Idler… sea un disco lleno de angustia y amargura, sino más bien una puesta en escena clásica , un musical teatralizado, que evoluciona constantemente en sus niveles de expresión emocional, igual como cambian los tonos y los acordes del teclado.

La voz y el piano de Apple comprimen en 42 minutos parte importante de la  historia musical norteamericana del siglo XX, encarnando a veces a Billie Holiday, Nina Simone o a la misma Ella Fitzgerald. Un disco sin fisuras aparentes, que conecta con el  auditor de forma inteligente, emocional y, a la vez,  con  mesura.

En comparación con Extraordinary machine, la producción de The idler… resulta mucho más austera y esencial.  El aporte del baterista –y co-productor– Charley Drayton surge indispensable al momento de  evaluar el sonido del álbum. Drayton consigue que el piano y la voz de Fiona interactúen en perfecta sincronía  con una  variedad de efectos percusivos, que van desde ruidos de cojines, pisadas en el asfalto, golpes de martillo, hasta el mecánico crujir de una máquina embotelladora. Todo esto resulta en la configuración de atmósferas mucho más cercanas a la música concreta de Edgard Varese que a un disco de música pop.

The idler… es un intento por  volver a la esencia, a una estética primitiva, intrusiva y  catártica. Un manifiesto musical en su máxima honestidad. Un trabajo que -junto a Let England shake, de PJ Harvey- encarna uno de los mejores discos de los últimos años.