La décima versión de la feria de arte más importante del país prometía estar a tono con el alto nivel del arte nacional. Pero tanto galeristas, coleccionistas y artistas quedaron desilusionados de la organización, al punto que hoy está en juego la continuidad de la feria.
Por Sofía García-Huidobro y Antonieta de la Fuente

  • 14 diciembre, 2018

Fue un artículo de la revista especializada en arte Artishock, el que abrió los fuegos. En una columna de opinión, el crítico de arte, José Tomás Fontecilla, daba cuenta de los problemas de la décima edición de Ch.aco, criticando la calidad del lugar escogido, la baja afluencia de público y la poca rigurosidad de sus organizadoras, Irene Abujatum y Elodie Fulton. La nota coincidió con la feria de arte de Miami, Art Basel, a la que asiste parte importante del circuito artístico nacional. Ahí la baja calidad de Ch.aco fue comentario obligado. Los ánimos estaban caldeados.

Para enfrentar la situación y evaluar la continuidad de la participación de las galerías en la feria, la más importante que se realiza en Chile, ayer jueves la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo, AGAC, citó a una reunión a las 17:00 horas. Presidida por Isabel Aninat, el tema a tratar en esta instancia serían las fuertes críticas que han circulado en torno a la última edición que este año cumplía 10 años.

Este año Ch-ACO se realizó en un edificio de la constructora Paz Corp ubicado en Lo Curro. Fue la tercera versión de la feria que tenía lugar en un edificio en obra pero listo para ser entregado; antes de eso fue en Estación Mapocho, en Casas Lo Matta y el primer año en el Club de Planeadores de Vitacura. Otras críticas del artículo de la revista especializada en arte apuntaban al elevado precio de las entradas ($4.500 en preventa y $9.000 en caja) y a todo tipo de problemas en relación al montaje mismo de los stands (cuyo valor va entre $1.500.000 hasta montos cercanos a los $7.000.000 en el caso de los stands más grandes).

En la reunión de Agac, además de las galerías miembros, ArteEspacio, Animal, NAC, Isabel Aninat, Die Ecke, Marlborough, entre varias otras, estuvo presente Irene Abujatum, socia de Galería AFA y directora fundadora de Ch.ACO junto a Elodie Fulton. Antes de participar de ésta, la galerista habló con Capital y señaló que considera que la nota publicada en Artishock “es una acusación virulenta a dos personas que han trabajado mucho por el arte”, recalcando que esta edición de la feria duró seis días versus los diez años de historia que tiene Ch.ACO. Abujatum sí asume las críticas a la locación y reconoce que esa decisión no fue la más acertada por lo complejo que resultaba el acceso al lugar. Agrega que si bien es cierto que había muros no terminados, eso es bastante habitual y sucede igual en otras ferias de arte equivalentes. La galerista de AFA también confirma que este año efectivamente hubo menor afluencia de público pero insiste en que existieron varias actividades positivas en torno a la feria como premiaciones, visitas guiadas y residencias. “Las críticas publicadas son excesivas, abusivas y muy injuriosas. Todo es perfectible y nos haremos cargo de mejorar gracias a las críticas validadas. Porque nuestros clientes son las galerías y ellas son quienes deben hablar”, señala Abujatum.

El ánimo general antes de entrar a la reunión de Agac  era tratar de llegar a un acuerdo y sus propios integrantes afirman que existe una buena relación entre ellos, pero efectivamente hay molestia y descontento por parte de algunas de las galerías que participaron en la última edición de la feria. La postura de Isabel Aninat, actual directora de la asociación, fue la de calmar los ánimos y bajar el tono que ha ido adquiriendo la polémica: “Personalmente no considero que las organizadoras sean ladronas ni mucho menos. Eso está fuera de discusión. Lo que sí, podrían haberlo hecho mejor”, dijo a Capital antes de la reunión.

¿No más feria?

Finalizado el encuentro, la AGAC logró un acuerdo: publicar una carta en algún medio de circulación nacional, posiblemente El Mercurio, en la cual como asociación bajarán el tono de las críticas y se desmarcará de las acusaciones de robo en contra de Abujatum y Fulton que circularon en los días más álgidos de la polémica entre participantes del mundo artístico. “Fue una reunión donde se manifestó la desilusión con la organización de Ch.aco. Estaba la Irene quien fue muy comprensiva con las críticas y se habló de cómo seguir hacia delante. Fue un minuto de paz”, explicó Aninat. También, agregó, se definió enviar una carta privada a Elodie Fulton en la cual se detallarán las razones del descontento.

Pero otro de los debates que hubo en esta reunión tuvo que ver con la continuidad de la feria. Según Aninat, debiera discutirse si Ch.ACO sigue a cargo de solo dos personas o pasa a manos de alguna empresa o productora mayor. “Es mejor que la feria no se haga, a que se haga mal”, dice la dueña de la galería que lleva su nombre. Por lo mismo, agrega que, a su juicio, Ch.aco debiera ser bianual para que se organice con tiempo y agregó: “Es caro organizar una feria de estas características y si se hace a la loca, pasa esto. Estamos de acuerdo en que tiene que hacerse una feria, pero tiene que hacerse bien”.

La desilusión de la AGAC tiene que ver también con las altas expectativas que se habían formado en torno al décimo aniversario de la feria de arte. Y sobre todo, porque es sabido que el arte nacional pasa por uno de sus mejores momentos. “Nunca la feria había tenido un nivel artístico tan alto. Como eran diez años, todos trataron de llevar lo mejor y eso es lo que más duele”, dijo a Capital.

La molestia de Sergio Parra

Entre los problemas que ha vivido Ch.aco, el artículo de Artishock mencionó la abrupta salida de la galería de artes visuales Metales Pesados de la feria el año pasado, luego de que los muros de su stand sufrieran evidente deterioro y las propias obras de arte no lograran sostenerse debidamente.

Sergio Parra, socio de esa galería y dueño de la librería Metales Pesados, confirma esa versión a Capital y entrega más detalles: “Ya habíamos tenido problemas con las socias fundadoras y diferencias abismales sobre cómo tratar al arte y a las personas, pero el año pasado aceptamos ir porque nos convocó la curadora Cecilia Fajardo Hill”. En esa ocasión Metales Pesados llevó a dos artistas; el boliviano Andrés Bedoya y la chilena Camila Ramírez, los cuales prepararon sus obras especialmente para Ch.ACO. Según Parra cuando llegaron a instalar el stand nada estaba listo, tuvieron que esperar que los maestros pintaran los muros para poder montar. Al día siguiente, una vez inaugurada la feria, aparecieron fisuras que fueron pronunciándose con el paso de las horas y algunas de las obras se cayeron. El galerista cuenta que ante la falta de reacción de la organización del evento, decidieron retirarse y en ese momento les habrían asegurado que les devolverían el dinero invertido en el stand. Con el paso de los días les escribió un mail a Abujatum y Fulton, narrando con detalle su mala experiencia en la feria y solicitando el reembolso. Correo que, según él, nunca tuvo respuesta.

Consultada por Capital, una de las socias de Ch.ACO responde que Metales Pesados había vendido varias de sus obras antes de retirarse de la feria por lo que no correspondería la devolución del valor del stand. Parra va más allá y cuenta que él, junto a otros galeristas y coleccionistas, participó del proyecto desde el principio pero “la tozudez y soberbia de sus organizadoras hizo que muchos nos retiráramos”. Y amplía su crítica señalando que en Chile el estado del arte resulta provinciano y existe poco roce internacional: “Está todo muy frívolo, se  llenó de coleccionistas de selfies”.

“Todo es perfectible”

Otro de los que participó de Ch.ACO desde sus comienzos y tiene algo que decir es Felipe Forteza, fotógrafo, coleccionista y gestor de arte: “Conozco el proyecto desde que partió, de hecho algunas de sus socias originales se conocieron en mi casa. También lo auspicié en su segunda versión, a través de la empresa en que trabajaba esos años”. Forteza es menos duro en sus críticas y destaca que una feria como Ch.ACO puede aportar a la circulación del arte y actuar como vitrina de la realidad artística de un país, pero al mismo tiempo sostiene que la feria ha tenido falencias desde sus inicios, principalmente por falta de recursos y de comunicación. Coincide con que este año la ubicación y montaje fueron un especial desacierto. Y que ciertas condiciones necesarias para la conservación de las obras de arte no estaban dadas, pero también acota que lograr la ecuación perfecta es difícil. “Creo que hay muchas cosas que mejorar, pero todo es perfectible y estas instancias sirven para eso: llaman la atención de la organización, del mercado y ojalá del Estado, porque aunque ésta sea una gestión privada, el gobierno debiera involucrarse en una actividad que puede repercutir positiva o negativamente en la imagen país”.

Las editoriales en Ch.ACO

Camila Opazo, curadora de Nave de Ediciones, espacio de la feria dedicado a las publicaciones de arte, diseño y teoría, también opina que este año fue particularmente complejo y que, más allá de lo que se ha publicado, tuvo que ver con retrasos por parte de la producción y problemas de actitud que generaron mucha tensión. “Una feria u evento siempre tiene “incendios” y por lo general un trabajo en equipo logra superar las adversidades, pero este año no fue así. Se generó una laxitud humana muy compleja, que no había pasado años anteriores”, dice la curadora. Ante las críticas que recibió la sección Nave de Ediciones, Opazo defiende su gestión y cuenta que en un principio apoyó la carta enviada por los editores participantes quejándose de las condiciones de la feria, pero luego se restó por no compartir ni el tono ni la intencionalidad de la misiva. “Me importa aclarar que estoy de acuerdo con las críticas que se hicieron a requerimientos que exige la sección, pero jamás voy a justificar el nivel de violencia, de irresponsabilidad en los dichos, la falta de profesionalismo objetivo y de veracidad”, cierra Opazo.