Por Francisco Ortega Los X-Men son los culpables de que hoy, literalmente, vivamos entre superhéroes; que semana a semana se estrenen lecturas fílmicas de estos personajes y que más allá de su calidad revienten las taquillas y sumen dólares en una carrera segura por ser la película más rentable de la historia. Es cierto, en […]

  • 16 mayo, 2014

Por Francisco Ortega

x-men

Los X-Men son los culpables de que hoy, literalmente, vivamos entre superhéroes; que semana a semana se estrenen lecturas fílmicas de estos personajes y que más allá de su calidad revienten las taquillas y sumen dólares en una carrera segura por ser la película más rentable de la historia. Es cierto, en rigor la primera adaptación a lo grande de un cómic fue Superman de 1979, dirigida por Richard Donner; continuada una década después, el 89, por Batman de Tim Burton; pero lo cierto es que hasta el debut de X-Men en el 2000, las hoy llamadas “comic-movies” eran un bicho aislado dentro de la oferta de “blockbusters” veraniegos gringos.

Salvo el hombre de acero y el murciélago, el resto de lo que se ofertaba era más cercano al cine B y rara vez recuperaba su inversión, siendo responsabilidad además de estudios menores como Golan-Globus, Cannon o Carolco. Las versiones noventeras de Capitán América o Los 4 Fantásticos son prueba de este período, donde las viñetas eran el chico feo en un universo dominado por extraterrestres y dinosaurios. Mas todo eso cambió el 14 de julio del 2000 cuando Fox, en asociación con Marvel, estrenó X-Men, primera cinta desde las Batman de Burton y Schumacher que apostaba por llevar una historieta a pantalla con alto presupuesto, jóvenes estrellas y actores de prestigio (Patrick Stewart, Ian McKellan, Halle Berry), un buen director (Bryan Singer) y la idea de ser el inicio de una saga. Aunque la mayoría apostaba por un fracaso, lo cierto es que X-Men se transformó en el “hombre lobo original” de una tradición fílmica contemporánea que hoy es alquimia segura para los grandes estudios.

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Por supuesto no fue casual que Fox apostara por este título de Marvel. No sólo era la colección más exitosa de la llamada “casa de las ideas”: tenía a su haber el número unitario más vendido de todos los tiempos –X-Men Nº 1 (1991) de Chris Claremont y Jim Lee, con más de 8 millones de ejemplares boleteados– y una exitosa serie animada; además era la suma perfecta entre ciencia ficción, superhéroes, teleserie romántica e historia con tesis, segundas y terceras lecturas raciales e incluso políticas. Una ecuación que ha sido clave en el desarrollo de estos personajes, desde sus fracasados inicios hace 50 años hasta su auspicioso presente, con una línea propia compuesta hoy por 15 títulos “X” al interior de Disney-Marvel y una nueva película, la quinta de la saga (séptima si sumamos las dos de Wolverine en solitario) que se estrenaría la próxima semana. ¿Revolución mutante? Absolutamente.

LA PRIMAVERA DEL CÓMIC
Corría 1963 y en la industria de las historietas, Marvel daba cada paso con una seguridad absoluta. Arrasaba en ventas y había cambiado el género. Los autores dejaron el anonimato y se asumieron como estrellas similares a directores de cine. Los argumentos se hacían cada vez más complejos y junto a los combates con archivillanos aparecían personajes con problemas cercanos a los lectores, donde Spider-Man se transformó en el adalid. En ese ambiente, Stan Lee se acercó a su socio creativo Jack Kirby para enseñarle una nueva idea, un título muy distinto a lo que se estaba haciendo. De partida no eran personajes que adquirieran poderes, sino que habían nacido con ellos, constituyendo un nuevo salto en la evolución humana: los primeros homo superior, originados en mutaciones en el ADN del homo sapiens (nosotros) aceleradas por las pruebas atómicas de posguerra. Además no eran adultos, sino adolescentes que formaban parte de una escuela privada donde no sólo estudiaban, sino se entrenaban para ayudar a la humanidad. Por supuesto las cosas no eran perfectas y las personas a las que habían jurado proteger los rechazaban ante el temor de ser reemplazados por esta nueva especie.

Stan Lee propuso el nombre de Los Mutantes para la nueva colección, pero Martin Goodman, director de Marvel, opinó que era una identidad demasiado fuerte y con evidentes lecturas negativas. Que al interior de las historias los llamaran respectivamente “mutantes” pasaba, pero que ese término luciera en portada, no. Fue Goodman también quien propuso el nombre de X-Men por todo lo que la X significaba: desconocido, experimental, cromosoma, etc. Tras la reformulación de la idea, el comité editorial dio luz verde a Lee y Kirby, quienes presentaron un unitario bajo el título de The Uncanny X-Men (Los Imposibles Hombres-X) publicado como piloto en septiembre de 1963 y que para marzo del 64 se convertiría en serie regular.

El plot de Stan Lee y Jack Kirby derivó en las aventuras de los alumnos de la Escuela Xavier para Jóvenes Dotados, un establecimiento educacional formado por el profesor Charles Xavier, un calvo telépata, recluido en una silla de ruedas, que había decidido dedicar su vida y su millonaria herencia a educar a jóvenes con poderes mutantes similares a los suyos. Sus primeros alumnos fueron un tímido quinceañero con la capacidad de disparar rayos por los ojos (Scott Summer/Cyclops), un genio científico dotado de súper fuerza (Hank McCoy/Beast), un rubio aristócrata con alas en la espalda (Warren Worthington III/Angel), un chico de trece años con facultades congelantes (Bobby Drake/Iceman) y una linda pelirroja de 16 años, modelo de medio tiempo y con el potencial de convertirse en la psíquica más poderosa del universo (Jean Grey/Marvel Girl). Xavier y sus alumnos lucharían en secreto por la futura convivencia pacífica entre humanos y mutantes, pero no todos pensaban como él.

Y acá el revés de la trama: el gran enemigo era también el mejor amigo del profesor protagonista, su hermano Erick Lensher, un judío de ascendencia gitana que fue testigo de cómo su familia murió en los campos de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Tras escapar y unirse a Charles Xavier en el sueño por la coexistencia, Erick concluyó que ésta era imposible y que la humanidad (como los nazis con los judíos) haría lo imposible por aplastar a su raza y a sus propios hijos. Tras asumir la identidad de Magneto, se levantaba como el representante de la causa de la supremacía mutante. Por primera vez en los comics aparecía un villano que en el fondo no era malo, pues tenía una causa moral y representaba valores y una cruzada que causaba que los lectores se cuestionaran cuál era la vía correcta: la pacífica de Xavier o la de responder con un golpe de Magneto. Esta idea no fue gratuita, los personajes estaban inspirados en las dos figuras líderes del movimiento a favor de los derechos de los afroamericanos en la Norteamérica de los sesenta: Martin Luther King, que era espejo de Charles Xavier, y Malcolm X, que hacía lo propio con Magneto.

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Con esos referentes, Uncanny X-Men se transformó en el título pionero en la industria del cómic estadounidense en asumir –desde la cultura pop– lecturas políticas y sociales, que iban desde torturados y exterminados por regímenes autoritarios a los abusos de la policía y los organismos de seguridad contra minorías raciales. Esto provocó una especial empatía hacia los personajes, que encontraron su nicho en universidades, movimientos izquierdistas (Magneto fue incluso comparado con Che Guevara) y análisis académicos, de los primeros que se hicieron hacia una historieta comercial. Eso, sin embargo, no se conllevó con las ventas. Uncanny X-Men fue un fracaso, el mayor de la llamada edad de plata de Marvel (1960-70), lo que obligó a que la serie fuera cancelada, aunque los personajes siguieron apareciendo de invitados en otros títulos de la editorial.

No fue el único obstáculo que gatilló el fin de los “X”.  DC Comics, la competencia de Marvel, organizó una campaña acusando a Lee y a Kirby de haber copiado en los mutantes las ideas y conceptos presentados en Doom Patrol, un título iniciado en julio de 1963 y protagonizado por un grupo de “súper adolescentes”, postergados por la sociedad, que eran guiados y entrenados por un profesor inválido y confinado a una silla de ruedas. Aunque jamás se ha aclarado esta curiosa similitud, y por una cuestión de fechas cabría pensar que la acusación de DC estaba fundamentada, lo cierto es que la también temprana cancelación de Doom Patrol bajó el debate llevándolo finalmente al olvido.

SEGUNDAS OPORTUNIDADES
Fue en 1975, cuando los guionistas LeinWein y Chris Claremont más la dupla de dibujantes Dave Cockrum y John Byrne decidieron traer de vuelta a los mutantes, relanzando el título en el mítico Giant Size X-Men Nº1, para luego continuar con Uncanny X-Men según la numeración interrumpida en 1970. Esta nueva etapa partió prácticamente de cero. Los X-Men ya no eran adolescentes, sino adultos provenientes de diversas partes del planeta, que se unían a los supervivientes profesor Xavier, Cyclops y Jean Grey. Aparecen personajes como Storm, Colossus y Nightcrawler, más un violento antihéroe raptado de las páginas de The Incredible Hulk que terminaría convertido en el mutante más famoso, popular y rentable de todos: Wolverine.

Con Claremont y Byrne, los X-Men entrarían a su etapa de gloria. Si bien los motivos políticos y sociales continuaron, éstos bajaron su intensidad en favor de elementos de ciencia ficción como viajes temporales y razas extraterrestres, además de una subtrama de telenovela, graficada en el triángulo amoroso entre Cyclops, Jean Grey y Wolverine.
Con la llegada de los 80, X-Men inició su transformación a franquicia dentro de Marvel, publicándose junto a la serie original una gama de títulos mensuales paralelos. Una colección dedicada al grupo mutante del gobierno, X-Factor; otra para una rama paramilitar, X-Force; dos para Wolverine en solitario; una línea con personajes jóvenes, Generation-X; otra que reunía a los engendros europeos, Excalibury; una centrada en eventos especiales, Astonishing X-Men, que sería la antesala para X-Men a secas, título que debutó en 1991 y que con el arte del dibujante estrella Jim Lee se convirtió en el cómic más exitoso de todos los tiempos, superando los 8 millones de ejemplares vendidos.
Hacia la entrada del nuevo siglo, y con el impulso de las películas de Bryan Singer, la línea X de Marvel se renovó con títulos como Xtreme X-Men o los nuevos Wolverine and the X-Men, que volvían a las bases de la historia. Es decir, relatos de formación, casi adolescentes, con temáticas raciales y sociopolíticas muy claras. En esta ocasión no solo raciales, sino también sexuales. La franquicia X-Men fue pionera en mostrar y hacerse cargo del matrimonio entre personas de un mismo sexo.

Destacable aquí es la etapa a cargo del escritor escocés Grant Morrison, quien en el título New X-Men condujo a estos personajes a dimensiones políticas cercanas a la anarquía y a lo revolucionario. La crítica lo amó, pero la jefatura de Marvel no se sintió muy cómoda y a los tres números comenzaron a cuestionar si había sido acertada la decisión de darle completa libertad creativa a Morrison. Las bajas ventas respaldaron las dudas ejecutivas y el guionista escocés fue sacado del título, trayendo para su relevo a Josh Wheedon, creador de Buffy y director de la película Avengers (Los Vengadores), quien volvió al concepto de aventura pura de la era Claremont/Byrne. •••

EN LA PANTALLA GRANDE
Fue Richard Donner, director de Superman, el primero en interesarse en llevar a los X-Men al cine. Fines de los 90 y el realizador comenzó una serie de reuniones con Marvel y Fox. Su idea era un filme a gran escala, que hiciera justicia al éxito de los mutantes en el cómic, con un casting multiestelar que incluía a Tom Cruise como Cyclops, Nicole Kidman como Jean Grey, Angela Basset como Storm, Patrick Stewart como Charles Xavier, Christopher Walken como Magneto y hasta Clint Eastwood en el rol de un veterano Wolverine, quien sin embargo no tardó en bajarse del proyecto. En el guión comenzó a trabajar el escritor Michael Chabon (Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, El sindicato de policía yiddish), es decir, un equipo 5 estrellas.

Problemas de derechos y el costo disparado del filme fueron retrasando el rodaje hasta que finalmente fue cancelado. Sin embargo Fox y Donner, junto a la esposa de éste, retuvieron los derechos y en 1999, tras el éxito de Matrix decidieron reactivar la cinta, esta vez con un presupuesto más bajo, a cargo del novato Bryan Singer y con un reparto de jóvenes promesas entre los que destacaban los veteranos Ian McKellen como Magneto y Patrick Stewart, quien se mantenía en el rol del profesor Xavier.

El filme fue un éxito de taquilla, catapultó a la fama al australiano Hugh Jackman y levantó la barrera para una serie de tres películas protagonizadas por el mismo reparto, dos aventuras en solitario de Wolverine y un reinicio que este año es continuado con X-Men: Días del futuro pasado, que tiene la gracia de juntar los elencos de todas las etapas de la saga fílmica, traer de vuelta a Bryan Singer y llevar a la pantalla grande una de las mejores líneas argumentales de la franquicia mutante, la de los viajes temporales para salvar el pasado y el futuro, que la dupla Claremont, Byrne firmó a inicios de los 80.