Inagotable. Beck ya tiene al sucesor de The Information listo para llegar a las tiendas en los próximos días. De manera misteriosa, una copia llegó a nuestras manos y esto fue lo que encontramos.

  • 10 julio, 2008

Inagotable. Beck ya tiene al sucesor de The Information listo para llegar a las tiendas en los próximos días. De manera misteriosa, una copia llegó a nuestras manos y esto fue lo que encontramos. Por Andrés Valdivia.

Después de haber grabado uno de los discos definitivos de los noventa –Odelay, 1996–, de coquetear con la lasciva ochentera en Midnight Vultures (1999, adelantándose un buen puñado de años a su revival masivo) y de editar dos de los discos más sobrecogedores y melancólicos de su tiempo (Mutations, 1998, y Sea Change, 2002), Beck Hansen, más conocido como Beck, quedó posicionado como uno de esos músicos de los que todos esperan constantes maravillas. Uno de esos personajes cuyo brillante equilibrio entre la ironía, el eclecticismo y la sensibilidad los hacían sobresalir, independiente del género que abordaran.

Con todo ese peso sobre los hombros, Beck llegó a la mitad de la primera década de este siglo con Guero, un disco que pretendía revisitar el relajo demente de Odelay, pero que no pasó de ser una placa con buenas canciones pero poca inspiración. Luego vino The Information (2006), un trabajo oscuro y notable que combinó su vocación de recolector de basura que lo ha caracterizado siempre, con la mano melancólica y sónica del productor que lo ayudó a fraguar sus discos tristes y acústicos (Mutations y Sea Change). Al escuchar The Information es imposible no preguntarse hacia dónde un músico como Beck puede moverse a estas alturas del partido. Con tanto territorio cubierto y habiendo hecho ya todos los enroques posibles en su equipo de colaboradores, las opciones se achicaban abismalmente.

Es así como Beck reclutó a Modest Mouse (productor detrás del duo Gnars Barkley), un músico que si bien proviene de la tradición del hip-hop y la música negra, reconoce que su vida cambió para siempre cuando, siendo ya un adulto, descubrió a los Beatles y a los Beach Boys. Es decir, un match perfecto, pero que hacía presagiar una verdadera batalla sónica en el estudio. Mouse es probablemente uno de los productores más interesantes y exitosos del momento pero su sonido es muy distintivo, por lo que estaba por verse cuán posible era un equilibrio entre ambos. El resultado se llama Modern Guilt, fue grabado durante diez semanas de extenuante trabajo nocturno y está a punto de ser editado oficialmente en el mundo entero (el disco ya se filtró en la red, por lo que la totalidad de sus canciones ya está disponible).

Modern Guilt resulta un proyecto fascinante. No tanto por su originalidad estructural como por la frescura y simpleza de su estructura ósea, y la notable musculatura armónica que derrocha. El disco es 100% Beck y juega con los mismos códigos de siempre, pero tiene una urgencia y potencia que no le escuchábamos hacía tiempo. Equidistante del rock orgánico y del experimento sintético, Modern Guilt es un disco fino pero al mismo tiempo menos reflexivo y contenido que los trabajos recientes de Beck. Allí donde en The Information había una ácida oscuridad, en Modern Guilt pareciera haber una sana rabia, o quizá, para ser más precisos, una energía nueva, potente y escuchable a la primera pasada. Hay canciones simplemente increíbles, repletas de los mejor que Beck tiene en sus manos: una extraña única mezcla entre melancolía retro y futurismo. No hay refundaciones en este disco, pero a punta de melodías memorables, un pulso asimétrico y una sonoridad algo rockera, Modern Guilt se perfila como uno de los grandes estrenos de este 2008.