Por: Joel Poblete Ha venido en diversas oportunidades a lo largo de dos décadas, pero siempre es un placer y un privilegio que el pianista francés Jean-Philippe Collard (67) regrese a tocar en escenarios chilenos. Afamado gracias a su discografía para el sello EMI, que incluye tanto recitales solistas como conciertos dirigidos por maestros como […]

  • 15 octubre, 2015

Por: Joel Poblete

Jean-Philippe-Collard

Ha venido en diversas oportunidades a lo largo de dos décadas, pero siempre es un placer y un privilegio que el pianista francés Jean-Philippe Collard (67) regrese a tocar en escenarios chilenos. Afamado gracias a su discografía para el sello EMI, que incluye tanto recitales solistas como conciertos dirigidos por maestros como Maazel y Previn, ya fue entrevistado por Capital en su anterior visita, a fines de 2012, cuando se presentó en Viña Santa Rita. Volvimos a conversar con él hace algunos días, aprovechando que estuvo de vuelta, nuevamente abordando obras de dos de sus compositores predilectos –Schumann y Chopin–, presentándose por segunda vez en la viña, ahora en el Concierto de Primavera como parte del ciclo que organiza la Fundación Claro Vial, y además en el ciclo Grandes Pianistas del Teatro Municipal de Santiago.

Precisamente en el restaurante Doña Paula de Santa Rita compartimos un delicioso almuerzo con Collard, ocasión en la que se mostró amable, cálido, simpático y distendido, además de elogiar los vinos chilenos, en especial el carménère. Esa misma mañana, al día siguiente de su concierto en Santa Rita, había tocado para un grupo de niños y adolescentes como parte de las actividades de difusión cultural para escolares que organiza la viña. También pudo entregar sus enseñanzas y sugerencias a dos jóvenes pianistas en una clase magistral.

Pese a su activa agenda en escenarios europeos, siempre trata de regresar a Sudamérica, y guarda inolvidables recuerdos de nuestra región, no sólo de los conciertos, sino además personales: así, nos contó de cuando durante una visita a Valle Nevado hace ya muchos años, tuvo que bajar de emergencia a Santiago con uno de sus hijos, quien tuvo que operarse de apendicitis, y también rememoró con especial emoción un amanecer en Río acompañado por una luz muy especial, cuando su hermano lo llamó a su habitación de hotel para avisarle del fallecimiento de su madre.

En cada viaje, Collard aprovecha de tocar en distintas salas latinoamericanas; en esta ocasión, pocas semanas antes había regresado a Río de Janeiro para exigentes programas con conciertos de Rachmaninoff y Saint-Saëns, y después de Santiago tocaría por primera vez en el Teatro Solís de Montevideo. Además de sus compromisos como intérprete, desde hace cuatro años es director artístico de las Flâneries musicales de Reims, atractivo festival anual que se realiza en julio y donde él mismo contacta a los artistas, negocia sus visitas y hasta escribe los textos de los programas.

 

Otras músicas y YouTube

En anteriores visitas, además de Schumann y Chopin, ha abordado a músicos como Mozart, Ravel y Saint-Saëns. Y aunque ya posee un nutrido repertorio, confiesa que aún hay muchos autores y obras que tiene pendientes por interpretar: “Me gusta pasar algún tiempo aprendiendo música nueva. Uno de mis sueños, aunque quizás a estas alturas ya es tarde, porque es una pieza muy fuerte y exigente de interpretar, es el Concierto número 2 de Brahms, nunca lo he hecho, espero ser capaz de hacerlo en algún momento. Y además por razones personales y mi placer propio, estoy muy interesado en la música de Schubert. Pero, por el momento, no he encontrado en mi interpretación una capacidad en el sonido para hacerlo; lo toco después del trabajo, para mí mismo, por ejemplo algunas sonatas o sus Moments musicaux, y es muy posible que lo haga en algún momento, pero por ahora estoy buscando mi propio camino para lograr el sonido correcto para conseguir interpretarlo en el escenario”.

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-Usted ha destacado en autores de las primeras décadas del siglo pasado, ¿pero le atrae abordar también a compositores posteriores?

-Hice mucha música francesa del siglo XX. No toda, porque no hice ni encontré algún interés en tocar a compositores como Darius Milhaud o Déodat de Séverac. Es una lástima, me gustaría ser más curioso en ese sentido, ¡pero tengo tanta otra música aún por descubrir! Debussy, Ravel y Fauré tomaron un lugar muy grande en mi repertorio. Hablando de música contemporánea, es muy difícil en las nuevas obras el rol del piano, creo que como instrumento está prácticamente muerto. En este tipo de nuevas experiencias, incluso en las obras de Pierre Boulez, el piano no es utilizado en verdad como un instrumento… Para mí el piano es como mi voz, debe ser entendido como una voz, y eso casi no pasa en las obras más contemporáneas.

-¿Y le interesa incursionar en la música latinoamericana?

-He tocado a autores como el brasileño Heitor Villa-Lobos, pero no creo estar especialmente dotado para tocar ese tipo de música… Por supuesto recibo muchas propuestas de músicos para mi festival, de jóvenes artistas en distintos tipos de agrupaciones, y en casi todas las propuestas de programas uno de los compositores que siempre aparece es Astor Piazzolla, ¡todo el mundo quiere tocar algo de él! Como organizador, me alegra mucho, porque es música fantástica, y a la gente le encanta, es muy popular. Quizás no es música “clásica” en el sentido tradicional, pero de todos modos es gran música.

 

Fan de Queen

Aunque Collard está siempre concentrado en el repertorio docto, reconoce que gracias a sus hijos y nietos también ha logrado abrirse a otras corrientes musicales (“me gusta mucho Queen”). Pero en lo clásico, además de admirar a colegas del pasado como Horowitz y el chileno Claudio Arrau, o veteranos como Alfred Brendel y los aún vigentes Martha Argerich y Maurizio Pollini, se mantiene al día con las nuevas generaciones: es crítico con figuras como la gran estrella mediática del piano en la actualidad, el chino Lang Lang (“es primero un gran hombre de negocios, y después un buen pianista”), pero destaca y recomienda escuchar a jóvenes colegas como su compatriota Bertrand Chamayou, quien a fines de este mes también actuará en el Municipal, abordando obras de Ravel.

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Y cuando le preguntamos su opinión sobre el comportamiento del público, cada vez más díscolo a pesar de las advertencias de no encender sus teléfonos o sacar fotos durante los conciertos, su respuesta es franca: “Claro que tengo problemas con eso… ¿Pero sabe? el concierto no puede ser como una misa. Es un encuentro con gloriosa música que viene de diversas épocas y se encuentra con la vida moderna; entre el devoto compositor, ese genio maravilloso y la gente común, tenemos que encontrar el punto en el que yo, el intérprete, estoy entremedio. Antes, ir a un concierto era sólo un evento social, al que uno asistía en lugares específicos, ahora la música está presente en todos lados. Estoy convencido de que el artista tiene que hablarle al público contando qué es lo que va a presenciar a continuación en el escenario; tiene que decir “buenas tardes”… no puede ser una estrella que llega y sin mirar de inmediato se pone a tocar. Además, no soy muy partidario de los intermedios en los conciertos. Creo que es una cosa social. El público se tomó un trago, conversó de cualquier cosa, y el artista tiene que regresar para cautivarlos de nuevo”.

-¿Qué opina del rol de las nuevas tecnologías en la difusión de la música docta, como por ejemplo YouTube?

-Creo que no soy la persona más indicada para responder esa pregunta. Los artistas jóvenes conocen las nuevas tecnologías, están preparados para la revolución que ha significado YouTube. ¿Pero sabe qué es lo peor? Que cada noche alguien puede hacer fotos o grabar un video del recital de un artista, ya no hay control de eso. Y un concierto está hecho de gente que está presente en el lugar, que decidió ir desde sus casas a la sala de concierto en vez de hacer otra cosa, no de gente que está sentada en el sofá de su casa viendo el video y comentándolo… Para peor, muchos esperan que haya un lapsus de memoria del artista, y están listos para grabarlo y subir el error en YouTube. Puede ser terrible y muy peligroso, pero ya no tenemos ningún derecho como artistas a detenerlo. Tenemos que continuar haciendo lo que sabemos hacer, no podemos estar preocupados de si nos graban o no… Es un asunto del tiempo, quizás soy ya muy viejo para acostumbrarme. •••