La comediante llega a Netflix con un show propio y producido por la compañía de streaming, un privilegio de pocos. Aquí habla del buen momento del stand up y de por qué no volvería a hacer algunos chistes.
Por: Cristóbal Fredes

  • junio 21, 2018
Foto: Paloma Palominos

Cuando a Jani Dueñas (42) le contaron que había sido seleccionada por Netflix para tener allí su propia rutina —lo que se conoce como un “especial”, presentación que bordea la hora y que está dentro de las mayores aspiraciones de un comediante— su reacción fue de sorpresa.

“No he ido a Viña, no soy tan famosa”, les dijo a los de la empresa cuando vinieron a Chile buscando nombres. Pero también fue honesta respecto al período en que estaba en ese minuto: reflexionando sobre la pérdida y el fin del amor. Cree que eso los sensibilizó. “Lo que más les importaba era que los comediantes tuvieran desarrollado su punto de vista”, recuerda. El asombro inicial tras la noticia de ser uno de los tres chilenos elegidos (los otros son Natalia Valdebenito y Fabrizio Copano) dio paso al convencimiento. “Me di cuenta de que me lo merecía, que ya llevo 10 años en esto”.

Además de ser precursora del stand up local, Dueñas, que partió como actriz de teatro, ha hecho carrera en varios ámbitos. Es la voz de Patana en 31 Minutos, tiene recorrido en radio (hoy está en NIU, junto a su colega Paloma Salas) y su particular voz, entre dulce y grave, está entre las locuciones más cotizadas de la televisión (está en La divina comida, en CHV, y en Por la razón y la ciencia, en CNN). Se ve contenta con todas estas actividades, pero para la comedia reserva sus mejores palabras: “Es mi espacio creativo por excelencia”.

Grandes fracasos de ayer y hoy se llama el especial que estrenará en Netflix este 28 de junio. Ahí dejó parte del material que venía mostrando en el cada vez más movido circuito local de stand up. Lo grabó en agosto del año pasado en el Teatro Huemul del barrio Franklin, locación elegida por ella. “Me dejaron hacer lo que quisiera. Me preguntaron hasta de qué color me gustaban las cortinas”, dice, siempre risueña. Tuvo libertad artística e incluso participó en la edición del especial.

-¿Qué tan importante es la edición?

-Muy importante. La comedia es rítmica, musical. Muy de silencios y velocidades.

-Se puede potenciar, entonces.

-Totalmente. O se puede arruinar. Yo tenía un guion muy calculado, pero la gracia del stand up es que caigamos todos en la convención de que eso a mí se me está ocurriendo en el momento. Si tú notas que estoy actuando, no te vas a reír. Ahí es importante respetar los tiempos. En vivo a veces uno alarga porque se engolosina. La gente se ríe mucho con un chiste y le agregas algo. Pero si esas tres o cuatro cosas no son tan geniales, las puedes cortar. El público que lo ve en la tele está en otra posición. Esto igual tiene su ciencia.

-El stand up está en una era dorada. Netflix juega un rol ahí porque está produciendo shows en todo el mundo.

-Creo que ha ayudado mucho. Cuando empecé, uno tenía que explicar lo que era el stand up. ¿Es teatro? ¿Es humor? ¿Es Coco Legrand? ¿Es verdad o ficción? Lo mejor de Netflix es que uno ya no tiene que explicar lo que hace, la gente ya sabe. Eso ha repercutido visiblemente en el público de los shows. El Comedy (bar de stand up en barrio Italia) se llena los días lunes. Uno dice, ¿quién va a salir un lunes? Y está repleto.

-¿Por qué este tipo de comedia conecta tanto con la gente?

-La gente se tiende a identificar con la manera de pensar de alguien, con su forma de ver la vida. Se abre un espacio de conexión con el otro que es muy, muy especial.

-¿A qué comediantes admiras?

-Mucho a la Sarah Silverman, porque junta características poco predecibles. Logra, desde la ingenuidad, decir las burradas más grandes o las cosas más incorrectas. Eso es un arte. Me gusta mucho Mike Birbiglia, que es un storyteller supremo. Tuve la suerte de verlo en Nueva York, usa el escenario de una manera que no había visto nunca.

-¿Y chilenos?

Piensa unos segundos.

-Es que admirar es una palabra grande. De la Paloma (Salas) he aprendido muchísimo. Se va a creer con este minihomenaje, pero tiene una manera de trabajar que es aparentemente menos rigurosa, pero que resulta más libre y fresca. Se sube al escenario sin miedo, y sin saber lo que va a hacer, y es graciosa siempre. A (Felipe) Avello también lo admiro porque es el único que puede hacer lo que él hace. Es de los más graciosos de Chile, sino el más.

Abrazar lo femenino

Jani Dueñas está muy contenta con su estreno. Cree que inevitablemente la ayudará a salir del nicho santiaguino. Que la puede potenciar en el circuito latino (en octubre se presenta en México). Que es un impulso para shows que vienen, como uno el 12 de julio en el Municipal de Ñuñoa con Paloma Salas. Y que sirve especialmente para pasar de etapa, dejar material registrado y avanzar. Coincide además con un momento suyo más ambicioso, donde ya no le incomoda que le pregunten si se imagina actuando en Olmué o Viña (la respuesta es sí).

Pero también reconoce que el estreno le da nervios porque tiene algunas cosas que ya no le parecen tan relevantes. “Siento que la comedia es frágil, dura muy poco”. Lo dice en referencia a que en el show se ríe, por ejemplo, de las flacas y las gordas: “Hoy no me reiría de ninguna mujer por su aspecto físico”.

Ese cambio tiene que ver su involucramiento cada vez más profundo con el feminismo. Gracias al movimiento ha dejado de mirarse el ombligo, cuenta. “Por años he hablado de mí, de mi gato, de que soy soltera, de la edad. Y ahora, aunque sean los mismos temas, cambió desde dónde los miro. Los abordo desde un lado más social”.

Otro cambio importante, también gracias al feminismo, le ocurrió hace algún tiempo: dejó de renegar de su feminidad. Desde adolescente había sido la ruda, la punk-rock, la amiga de los hombres. “Los hombres me aceptaban como una más, y yo sentía que eso era un privilegio heavy”. Fue así hasta que se dio cuenta de que había un espectro de maneras de ser mujer. Más opciones entre la girly o la rebelde. Que se podía ser masculina para unas cosas y femenina para otras.

-¿Cómo has visto esta ola feminista más reciente?

-Tuve la fortuna de ir a un par de tomas a hacer stand up y siento que nunca me he desconectado del público varios años menor porque en la radio nos escuchan muchos cabros. Por las estudiantes siento una admiración tremenda. Soy de una generación que no salimos a marchar porque nos tocó nacer en dictadura y en la democracia teníamos susto. Me alegra mucho que existan ellas porque no vienen seteadas como mi generación, más acostumbrada a sentarnos a ver tele y alegar.

-Los millennials son también criticados por ser más mimados o por valorar menos la libertad de expresión. ¿No hay aspectos donde te sientas distanciada?

-No, porque yo también soy pendeja para mis cosas. No soy nativa digital, pero de chica tuve todas las redes sociales. Tengo amigos que todavía no saben qué son las stories de Instagram. Me relaciono bien con la poca paciencia que tienen los millennials. Quizás porque debo reconocer que tuve una adolescencia muy extendida. Fui muy mimada, muy burguesa y me siento un poco millennial en esos sentidos negativos también.

-¿No te conflictúa que sean demasiado castigadores? Como lo que pasó con Louis CK (comediante acusado de mala conducta sexual), que ya no existe. O acá con Ignacio Socías (también comediante, quien cayó por unos audios de hace años).

-Me viene una reflexión, no una desesperación. Me pasó con Ignacio (Socías) y con otros casos. Esto de ser feminista es complicado, porque amigos pueden decir una estupidez en un carrete o haber hecho algo en su pasado. Dices: “Es mi amigo, no es mala persona, pero la cagó, cómo reacciono frente a eso”. Cuando te toca la fibra del cariño es complejo, porque ves que se está haciendo una funa masiva con un nivel de agresividad muy fuerte.

Agrega que entiende que hay que vivir con las consecuencias de los actos pasados. También, que estamos en un momento en que la rabia es la misma independiente de la gravedad de la falta, y que eso es algo que tendrá que decantar con el tiempo.

-¿Cómo afecta a la comedia esta era de corrección política?

-Te puedes seguir riendo de lo que quieras, pero creo que como comediante hay que hacerse cargo de las cosas que genuinamente te hacen gracia. Yo cuando hago stand up no estoy pensando si en el feministómetro va a ser aceptado. Creo que puedes hacer chistes sobre cuestiones serias, el punto es que te hagan reflexionar. Me interesa sí el tema de la corrección política. Ha pasado que comediantes hombres jóvenes nos preguntan: “¿Cómo puedo hacer humor feminista?”. Y es como, loco, si no te nace… O al revés: está todo tan feminista que dicen “voy a hacer políticamente incorrecto: ¡las mujeres a la cocina!”. Loco, tampoco. Ese es un chiste del año 83 y no te estás esforzando.

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