Desde su casa en California y alejado de los escenarios por tiempo indefinido, Fabrizio Copano está transmitiendo distintos programas online, trabajando como guionista y lanzando un sello dedicado al humor. “Hay una barrera del pudor que el virus hizo que bajara”, dice el comediante, buscando aspectos positivos ante el incierto panorama actual.

Comparte un documento Google Calendar con su mujer. Ahí queda agendado todo lo que va a pasar durante el día en el hogar de Fabrizio Copano y Cristina Garza. “Ese documento es lo más sagrado. Si no lo pusiste ahí, entonces vas a tener que cancelarlo. Es la ley”, cuenta el comediante chileno para explicar cómo se organiza familiarmente para cuidar a su hijo Nino, de ocho meses, y cumplir además con sus obligaciones de trabajo, ahora de manera remota. Sin posibilidad de realizar sus funciones de stand up, Fabrizio (31) se ha entregado al formato virtual. Y lo que hasta hace poco todavía le resultaba algo incómodo –ser youtuber–, ahora se le está dando con naturalidad. Su Instagram @fabriziocopano se ha ido transformando en una plataforma de contenidos. Ahí se puede ver el espacio No estamos solos, una especie de noticiario semanal donde analiza la contingencia desde el humor. También La culpa es de, que antes se llamó La culpa es de Colón y luego La culpa es de Wuhan, y donde comparte las vivencias del coronavirus y el aislamiento social junto a distintos comediantes de América Latina.
El viernes pasado también transmitió el programa Translate, un reto donde invita a sus colegas estadounidenses a distinguir qué elementos provienen de México y cuáles no. Se trata de un juego de humor que deja en evidencia el poco conocimiento y el tipo de estereotipos que manejan los concursantes sobre los distintos países de Latinoamérica. Por ejemplo, les muestra una foto de Shakira, y aunque los tres participantes saben que la cantante no es mexicana, ninguno acierta a su nacionalidad. Incluso uno de ellos se aventura a responder que es argentina. Lo mismo con recetas gastronómicas o imágenes de ciudades.
Por estos días, Fabrizio está grabando el podcast La Súper Carretera junto a su amigo Eduardo Beltrán, versión del programa de radio que tenían en radio Horizonte. Participó de un sketch especial de Semana Santa junto a sus ex compañeros del Club de la Comedia y trabaja como guionista del famoso comediante mexicano Eugenio Derbez. Además, junto con Paloma Salas, está lanzando Cósmico, un sello que editará rutinas de stand up y material relacionado con la comedia.

Las nuevas distancias

“Me estoy levantando muy temprano porque mi hijo me hace despertarme como a las 5.30-6.00 am. Antes peleaba contra esa idea e intentaba dormir más, pero ya no. Mi esposa creó este modelo inteligente del documento compartido. Eso me ha permitido trabajar en tantas cosas y retomar el optimismo. Me sirve tener una rutina armada todos los días porque yo soy súper desestructurado. Siempre he tenido que obligarme a bajar apps y comprar calendarios para lograr terminar las cosas a la hora que me había propuesto. Pero esta pandemia da tanto miedo, que ante la escasez de oportunidades, uno se siente forzado a decir: no puedo fallar”, cuenta Copano desde el patio de la casa donde vive en West Hollywood, Los Angeles.
-¿Cómo ha sido enfrentarse a esta nueva realidad?
-Ha sido raro. Antes estaba un poco incómodo, no encontraba mucho qué hacer en internet. Hay una barrera del pudor que quizás la pandemia hizo que bajara. Esta misma conversación antes la habríamos hecho posiblemente por teléfono, sin cámara. Pero ahora hace más sentido encontrarse, quizás porque es lo único que queda. Y todos tenemos más o menos los mismos recursos tecnológicos: una cámara, ya sea un computador o un celular. Se empareja la pista. Eso me hizo sentirme cómodo de nuevo. Yo me había entrenado desde que me fui de Chile, aprendí a editar material o a transmitir a través de un software. Ahora encontré cómo ponerlo en acción.
-¿Eso acorta las distancias?
-Claro, esto paradójicamente me hace estar más cerca de Chile. Por mucho tiempo allá no me pescaban tanto porque me había ido. Pero ahora no hay diferencia que esté en Santiago o acá. Hay un montón de pegas para las que jamás me hubiesen considerado porque estoy lejos. Y ahora mi nombre volvió a aparecer en la terna. Incluso aquí tengo mejor internet. El otro día me invitaron a participar de un piloto para un programa en Chilevisión y mi señal se veía mucho mejor que la de Jean Philippe Cretton, que estaba en Santiago.
-¿Crees que la televisión va a cambiar sus formatos después de esta crisis?
-Puede que surja un nuevo formato de TV y no sea solo una versión temporal. Quizás no era necesario tener a ocho personas en un estudio o no era tan importante la calidad de imagen, sino el contenido. Se cae el maquillaje. Lo veo mucho en los comediantes gringos. Ya no tienen esos fondos espectaculares, gente aplaudiendo o una banda en vivo, están desnudos. Solo les queda su capacidad de hacer chistes y generar situaciones. Y ahí se ve quién era más chistoso al final.
-Pero también hay un flujo inmenso de información: memes, transmisiones online o videos de TikTok, ¿cómo diferenciarse?
-La única forma, y es algo que he aprendido con el tiempo, es ser lo más parecido a uno mismo porque eso es lo más difícil de replicar. Intentar dejar de ser como otros, que es una cosa adolescente que todos tenemos. El contenido online puede ser menos calculado y más auténtico. Y a los comediantes les ha pasado que, por su entrenamiento en vivo, saben salir del paso y generar humor con nada. Estoy escribiendo guiones para un programa que Eugenio Derbez está realizando desde su casa. El primer capítulo es fácil porque es chistoso ver a alguien hablando con su lavadora. Pero al capítulo 8 hay que ver cómo encontrar el ángulo para que siga siendo fresco. Esto parece no terminar, entonces vamos a tener que seguir excavando el pozo, intentando sacar humor de ese yacimiento por meses.
-Hay un plazo de “normalidad” que cada vez parece alejarse más.
-Sí, y creo que todos hemos tenido esa curva. Al principio había cierta curiosidad ante lo nuevo o lo entretenido que era quedarse en casa para quienes podían hacerlo. Había una emoción que después se transformó en una depresión. Cayó a negro. Y luego los datos de la economía. O cuándo voy a poder volver a saludar a otra persona. Pasó a ser la nueva normalidad y eso da miedo.

Los márgenes de la risa

El 80% de los ingresos de Fabrizio Copano provenían de los shows en vivo. Cuando se agravó la situación del coronavirus, el comediante tenía una serie de viajes programados. A mediados de marzo se presentaría en Madrid y Barcelona, y el 4 de abril era el lanzamiento de Cósmico, su sello de comedia independiente, en el Club Chocolate, Bellavista. “Pocos días antes de mi viaje a España cerraron las fronteras, y yo todavía pensando si acaso debía comprar mascarilla”, cuenta. Agrega: “Por otro lado, es liberador pensar que uno no tiene ningún control sobre esto. Hay que ir día a día, y soltar”. Lleva tres años viviendo en Estados Unidos, país que a la fecha ya suma más de 40 mil víctimas fatales producto del coronavirus y una economía por el suelo. El comediante chileno dice que es difícil leer y dimensionar la realidad de ese país estando dentro. “Tengo amigos perdiendo el trabajo, están cortando sueldos y achicando empresas. California ha sido mucho menos golpeada que Nueva York. Acá se siente una extraña calma, no hay nadie, pasó a ser como un gigantesco rancho. Los gobernadores tienen mucho poder y en cada lugar es distinto. Pero Trump está encima y es un desastre”, opina.
-¿Anímicamente es más complejo hacer humor en medio de la pandemia?
-Es rara la sintonía. Y hacer humor en este contexto es muy localizado. A veces tengo que dividir mi cabeza entre lo que hago acá y lo de Chile. Porque es distinta la sensibilidad. En algunas semanas más, cuando veamos los números de muertos, imágenes aquí como las de Italia o España, o lo que pasó en Ecuador, quizás el humor se acaba y uno se calla un rato.
-Pero el humor también cumple una función importante en tiempos de crisis.
-El trabajo del comediante o humorista es encontrar el lado y pegarle a ese espacio chiquitito que queda para hacer humor. Es fácil burlarse de las autoridades, pero es complicado desacreditarlas porque quizás la gente necesita escuchar esa voz para mantenerse tranquila. Para mí se trata de encontrar el ángulo, fallar harto, ser capaz de borrar y decir: esto no ha lugar. Ser criterioso y mantenerse sensible a lo que está pasando.
-También está la necesidad de generar ingresos. La audiencia online te puede permitir tener miles de personas conectadas, ¿pero cómo monetizarlo?
-Yo todavía no me he aventurado a hacer un show pagado online. Creo que uno tiene que ofrecer algo mayor a la calidad de un streaming regular para poder cobrar. Esa es mi postura. Aunque, insisto, esto está recién andando. Tengo la suerte de que mi show No estamos solos ahora tiene un auspiciador. Esos videos, desde el estallido social, habían tenido mucho éxito, algunos hasta tres millones de visitas en Facebook. Pero ninguna marca había dado el paso hasta que pasó todo esto. Creo que los presupuestos se repensaron y ellos quisieron estar ahí donde la gente está mirando.
-¿Puede que las marcas también reformulen su manera de hacer publicidad?
-Eso espero. Reacostumbrar al público a pagar por algo que ya tiene gratis, es muy difícil. Y seamos honestos, las empresas y las marcas en Chile siguen esperando una suerte de revival de lo que fue la televisión hace diez años. Eso no va a pasar. Esta situación debería acelerarles el proceso mental de poner más plata en estos polos digitales que sintonizan con la gente. A un programa como Translate quizás me atrevería a ponerle precio, pero estoy tanteando qué hacer. Como todo el mundo.
-Estás metido en hartos proyectos grupales, ¿disfrutas del trabajo colectivo?
-Es que, paradójicamente, a pesar de que me gusta mucho el stand up, me aburre un poco estar solo. En ese sentido, disfruto interactuando con otros. Tengo una red de amigos y compañeros de oficio armada con los años.

Los archivos cósmicos

Junto con su amiga y comediante Paloma Salas, están creando el sello Cósmico con la intención de editar un catálogo de comedia para distintas plataformas, un archivo que también tenga una versión física. Lo primero sería editar a nombres emergentes e invitar a comediantes de otros países. El siguiente paso es comprar derechos y tener un catálogo antiguo. “Armar una biblioteca digitalizada que hoy no está en ninguna parte, con Coco Legrand en los 70 o las rutinas de Juan Verdaguer. Mi sueño, de acá a unos cinco años, es producir especiales audiovisuales de Cósmico para Netflix o Amazon”, dice Fabrizio, que desde septiembre de 2017 ya se encuentra en la primera plataforma con su show Solo pienso en mí.
-De los humoristas que conociste en tu infancia, ¿cuáles son tus favoritos?
-Es raro porque le tengo cariño a toda la profesión de ser humorista; tiene una nobleza y una miseria tan grande. Siempre un poco al tres y al cuatro, al borde del colapso. Y al mismo tiempo, tan queridos. Estoy pensando en el Indio y el Flaco. Dinamita Show es súper referente para mí, aunque sea distinto a lo que hago, encuentro que son secos. Pondría a Felo también en esa carpeta. A todos, pero a ellos especialmente. Recuerdo de niño estar muy atento viéndolos en televisión.
-¿Y tus referentes actuales?
-Aunque sea muy cercana, siempre que veo a la Paloma (Salas) me da sana envidia y pienso: ¿cómo no se me ocurrió eso a mí? También Luis Slimming, que trabaja de guionista con Kramer y conmigo, entre otros. De afuera creo que John Mulaney es el mejor escritor de chistes en vivo. Y me gusta Melissa Villaseñor, que tiene un tono muy dulce y divertido, otra versión de lo latino. Porque en EE.UU. se cae mucho en el cliché de ser latino, entre ridículo o sabroso. Soy de Chile, ¿qué sé yo de ser sabroso?
-¿Qué extrañas viviendo allá?
-La espontaneidad. “¿En qué estái?”, “Voy para allá”. Acá eso no pasa. Y cierra todo muy temprano. A veces salgo de un show y en mi cabeza chilena pienso que son las 3 de la mañana, pero son recién las 11 de la noche. Extraño que pasen cosas más tarde, aunque me acomode en este ritmo de nuevo padre. Acá te invitan a una fiesta de 7 a 11, es muy raro.
-¿Te aproblema pensar cuándo podrás volver a viajar?
-Me pena la idea de no poder ir a Chile en mucho tiempo porque volver a entrar a Estados Unidos posiblemente sea difícil. No sé qué va a pasar. Pero los sábados me dedico a hacer pan con mi papá por Zoom. Mi hijo ya sabe dónde está la cámara y mira ahí directamente. Todos los días le pongo a sus abuelos y eso mantiene la llama viva.
-¿Qué cosas rescatas de esta situación?
-El escenario actual es terrible, pero siento que pude respirar un poco y pensar. Calmarme. Paró el stand up, que es donde había puesto todas mis fichas, y eso me hace revalorizar la idea de volver a subirse a un escenario y conversar con el público. Creo que esto también me ha quitado muchas inseguridades: puedo fallar con más tranquilidad, sin tener expectativas y exigencias tan altas. Y construir desde ahí.