El Ministro de Bienes Nacionales, Felipe Ward, manifestó su apoyo a una campaña que busca devolver a Rapa Nui un moai en exhibición en el British Museum de Londres, llamado Hoa Hakananai’a. Este moai fue transportado a Inglaterra en 1868, tras ser sustraído desde la aldea ceremonial Orongo para llevarlo de regalo a la Reina […]

  • 6 agosto, 2018

El Ministro de Bienes Nacionales, Felipe Ward, manifestó su apoyo a una campaña que busca devolver a Rapa Nui un moai en exhibición en el British Museum de Londres, llamado Hoa Hakananai’a.

Este moai fue transportado a Inglaterra en 1868, tras ser sustraído desde la aldea ceremonial Orongo para llevarlo de regalo a la Reina Victoria.

Según el diario El Mercurio, el pasado 24 de julio, el presidente del Consejo de Ancianos, Carlos Edmunds, y cuatro miembros electos de la Comisión de Desarrollo de Isla de Pascua (Codeipa), entregaron una carta al ministro de Bienes Nacionales, en el marco de la agenda de resguardo patrimonial que trabajan con esa cartera.

El ministro Ward señaló que hay opciones de convencer al gobierno británico para que devuelvan la importante escultura “que pertenece al pueblo rapanui, sustraído en circunstancias que son cuestionables y que tiene una singularidad única”, asegura.

El moai Hoa Hakananai’a es una pieza de 2,4 metros de alto, que tiene tallada en su espalda figuras asociadas al culto de Tangata Manu (hombre pájaro), y que es uno de los pocos moais que no fueron tallados en toba volcánica sino en basalto, piedra que resalta por su dureza y elegancia.

Recordamos esta nota de Capital escrita por Jorge Poblete y Alejandro Jiménez en el año 2015.

Rapa Nui va por sus Moai

Cuando Mata-U’iroa Atan llegó a la reunión del Consejo de Monumentos Nacionales el 12 de marzo de 2014, sintió la presión de un día importante. Como coordinador de repatriación de la Municipalidad de Rapa Nui, iba en representación de su comunidad a pedir que devolvieran el moai que se exhibía en el frontis del Museo Fonck de Viña del Mar. La cita se anticipaba tensa. Cuando esa mañana llegó al edificio de Vicuña Mackenna 84, sabía que allí estarían también los representantes del museo, quienes tenían una visión muy distinta sobre dónde debía estar el monumento. Mata-U’iroa Atan sabía que no podía cometer errores, que debía hacer una buena exposición y representar bien a su pueblo, pero esa no era su única motivación: su interés por participar de este proyecto era también personal.

“Leyendo la historia del moai aparecía mi abuelo (el alcalde) Pedro Atan involucrado entre las personas que ayudaron a traer el moai. Estamos hablando del año 1951. Entonces me dije: ya que mi abuelo se equivocó, yo voy a buscar una manera de revertirlo”, dice.

El deseo de restitución de piezas de Mata-U’iroa Atan no es único. Se suma al de otros dirigentes y habitantes de Rapa Nui, además de investigadores de esta cultura, que se han organizado y, de paso, sumado a una tendencia internacional –que incluye a países como Grecia y Egipto– de solicitar la recuperación de patrimonio histórico y arqueológico: en el caso rapa nui, por una parte de los moai y, por otra, de los restos de sus ancestros repartidos por museos en el mundo, para darles sepultura en la isla.

A través del municipio, llegaron al abogado Ciro Colombara –socio del Estudio Rivadeneira, Colombara, Zegers–, quien, como su asesor, viajó hace unas semanas a Nueva York junto al alcalde Petero Edmunds. El edil cuenta que se reunieron en dos ocasiones con el abogado Hunter Carter, socio del estudio Arent Fox, quien viajaría a la isla en febrero (ver recuadro). “El Pueblo Rapa Nui ha sido víctima de un saqueo a su patrimonio arqueológico y artístico desde hace siglos, en virtud del cual parte de su historia ancestral se encuentra fuera de la isla, tanto en museos ubicados en Chile como fuera del país”, dice Colombara.

El plan Rapa Nui, en una primera etapa, consiste en recuperar los moai y fragmentos de éstos repartidos por los museos de Chile: en el mismo Museo Fonck hay una cabeza de moai (además de la pieza solicitada al Consejo), mientras que en el Museo Arqueológico de La Serena hay otro monumento, de más de dos metros.

En el Museo de Historia Natural de Quinta Normal cuentan que poseen tres de estas esculturas antropomórficas, dos de ellas traídas por la corbeta O’Higgins de la Armada en 1870 y una tercera por el buque General Baquedano, en 1921. Se trata de un moai de roca volcánica, pero de menor tamaño al usual: el mayor alcanza los 1,55 metros. Ninguna está actualmente en exhibición.

Esos no son, por cierto, los únicos que se encuentran fuera de la isla. A estos se suman otras 11 piezas (entre moai completos, cabezas y pukao o sombreros) repartidas en museos de América del Norte, Europa y Oceanía, que representan un 1% de los cerca de mil cien monumentos que han sido identificados hasta ahora en Rapa Nui. Entre estas obras destacan tres piezas que están en el museo Smithsoniano de Washington D.C. (un moai íntegro, una cabeza y un pukao); dos cabezas en poder de los museos franceses del Louvre y muelle Branly, respectivamente; y los moai de los museos de Liverpool y Británico (ver infografía).

Este último es el que enfrenta una de las demandas internacionales más bulladas por patrimonio: la solicitud de Grecia –encargada a la abogada Amal Alamuddin, casada con el actor George Clooney– de que restituyan los mármoles del Partenón, los que se exponen en una sala especial del recinto británico.

 

Monumento intervenido

Un hito reciente que hizo que los habitantes de Rapa Nui se movilizaran para resguardar su patrimonio –coinciden los isleños–, fue la solicitud que hizo en 2009 la fundación italiana Mare Nostrum, que cuenta con financiamiento de la Fundación Louis Vuitton, para llevar un moai a una gira de 10 días a París, a cambio de cerca de 300 mil dólares que se destinarían a una fundación para preservar los tesoros de la isla. Hubo protestas y meses después se organizó una consulta entre la población, que arrojó 94 votos en favor y 789 en contra de sacar el monumento.

“Pudo haber sido un momento de discusión, pero esto lo vengo escuchando desde hace tiempo”, dice el alcalde Petero Edmunds, quien cuenta que creció escuchando a su abuela paterna, Victoria Rapahango, contar historias sobre cómo las rivalidades y desencuentros en la isla se debían a que los huesos de los antepasados y las cabezas de moai, ya no estaban en Rapa Nui. “No había radio ni televisión, pero muestra lo que para nosotros hoy tiene un valor inconmensurable”, dice.

De allí se explica, dice, la relevancia que dan a “repatriar piezas y, muy especialmente, las osamentas. Hay cráneos en museos que están en nuestro país y en el mundo, que necesitamos recuperar”. Por otra parte, dice, espera avanzar en las gestiones para que en los próximos meses el moai de Viña del Mar (todavía no sabe si por aire o por mar) vuelva a Pascua. A cambio, agrega, enviarán escultores isleños a la ciudad jardín para que tallen una réplica, con rocas del continente.

“La recuperacion del moai que estaba en el Museo Fonck de Viña del Mar es el primer paso exitoso de este proceso”, recalca Ciro Colombara.

Sobre este caso, el Consejo de Monumentos se pronunció en la sesión de septiembre pasado. La socióloga Jimena Ramírez, coordinadora de la Secretaría Técnica de Patrimonio Rapa Nui del Consejo de Monumentos, afirma que “se hizo todo el estudio documental o histórico para verificar en qué condiciones habría salido el moai de la isla, confirmándose que efectivamente hay documentos en que se solicita la donación o la autorización al Consejo para tener una estatua. Está la discusión del consejo, que en principio no lo ve a mal si se dan las garantías suficientes, pero no hay un pronunciamiento que diga que sí, que efectivamente se autoriza”.

Lo único que luego figura, asegura, son textos mencionando que el monumento ya salió de Pascua, pero “no hay documentación jurídica que permita afirmar la tesis del Museo Fonck en orden a que la pieza fue donada como tal”, dice.

“No es necesario un papel para demostrar que el moai fue entregado de forma pacífica y con avenimiento de ambas partes”, responde el presidente del directorio del Museo Fonck, Claudio Etcheverry: “Este moai se sacó de un ahu (plataforma) con el beneplácito de los isleños. Vale decir, a diferencia de otros moai que están en otros países, fue sacado con el apoyo del alcalde, con gran jolgorio de los habitantes. El alcalde puso incluso dinero de su bolsillo para contratar una carreta con bueyes que llevara esto hasta el barco. Nosotros pensamos que el moai no debe irse de Viña”, recalca.

El acta de septiembre del Consejo de Monumentos Nacionales plantea que, más allá del análisis jurídico sobre la pertenencia del moai, se debe resguardar la integridad del monumento. “De lo que se trata hoy es atender a esta necesidad legítima de reclamación por parte de la comunidad, pero sólo y en cuanto se garantice que en su regreso la pieza no sufra ningún daño, porque para instalarla primero en Miramar, a un costado de lo que hoy es el Reloj de Flores y luego en su ubicación definitiva, sí tuvo que ser intervenido el moai. Le pusieron un fierro en su parte inferior. Y no es lo mismo trasladar una roca sola que una pieza ya intervenida”, dice el texto. En un informe elaborado en febrero de 2014 por Mónica Bahamóndez, directora del Centro Nacional de Conservación y Restauración, advierte: “Éste ya no es un moai de tres metros de alto, sino un conjunto de moai y base de 4,75 metros de alto y ocho toneladas de peso, que se encuentra en un estado frágil y cualquier maniobra que se realice con él siempre implicará riesgo”.

Huesos sin enterrar

La incipiente campaña que hoy se desarrolla a nivel internacional para devolver a Rapa Nui ya no los moai, sino que los restos humanos repartidos por los museos del mundo, puede remontarse a 2010. La investigadora Jacinta Arthur recuerda que pasaba unas semanas con Piru Hucke –una investigadora autodidacta del patrimonio de la isla y hoy responsable de la planta de reciclaje de Pascua–, cuando un día “Mama Piru”, que es como también le dicen con respeto en el pueblo, la llevó a recorrer las cavernas.

“Entrábamos a las cuevas, veíamos los petroglifos y ella me comentaba que allí solía haber huesos, pero que se los habían llevado”.

Hoy Arthur vive en Estados Unidos, donde realiza su doctorado en la Universidad de California y encabeza el Programa de Repatriación Rapa Nui. Cuenta que en ese país, la legislación obligó a los museos a entregar los restos de indios de pueblos originarios que tuvieran en sus colecciones, pero que la disposición no se hizo extensiva a otras culturas: “En Estados Unidos existe una ley, pero se aplica sólo a los nativo americanos. Acá todo museo que recibiera fondos estatales debió, entre 1990 y 1993, hacer un inventario de todas las colecciones indígenas que tuviera y enviarlo a sus representantes. Luego se hicieron las peticiones de repatriación y se repatrió lo que había que repatriar”.

Arthur dice que si bien esta norma no obligó a las organizaciones a hacerse cargo de los restos de otras culturas, sí favoreció una mayor sensibilidad con el tema y “lo que pasó es que varios museos de Estados Unidos empezaron a contactar a otras comunidades por iniciativa propia”. Entre los beneficiados de esta nueva política estuvo Chile: en 2007, el National Museum of the American Indian de Washington D.C. devolvió restos atacameños para que fueran enterrados según la tradición Chiu-Chiu.

Apoyada en esta buena disposición es que la investigadora chilena se puso en contacto con el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, al que solicitó toda la información que tuvieran sobre restos humanos Rapa Nui. “Con este museo estoy recién en el primer paso, pidiendo la información y esperando que me envíen el inventario porque sé, por mi propia investigación, que tienen sobre 250 restos humanos, pero eso ellos todavía no me lo han dicho”, dice.

Si bien Arthur dice estar bien encaminada en su batalla por la recuperación de patrimonio ancestral, recalca que esto no debe ser interpretado como que el camino para devolver los moai a Rapa Nui será fácil. Y lo resume del siguiente modo: “Que un museo haya devuelto restos humanos, no es indicativo de que vaya a devolver un moai”. •••

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La asesoría de Hunter Carter a la marca Rapa Nui

No sólo de moai conversaron el alcalde Petero Edmunds y el abogado Ciro Colombara con el abogado estadounidense Hunter Carter. El jurista especializado en derecho comercial –y que patrocina la causa interpuesta ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en contra del Estado chileno por la denegación de matrimonio entre personas del mismo sexo– también los asesorará en la defensa de la marca Rapa Nui y en la eventual creación de una organización internacional destinada al cuidado del patrimonio pascuense. “Nuestra intención es inscribir la marca en todos los idiomas: Rapa Nui, Easter Island, Isla de Pascua, Osterinsel y otros”, dice Edmunds.

La clave, plantea, está en contactar a privados que tengan intereses en Rapa Nui y sumarlos al resguardo del patrimonio. “La idea es, a través de la asociatividad, buscar la conservación de la cultura material e inmaterial”.

 

La otra lucha en la isla

Un total de 22 personas naturales y organizaciones, entre ellas el Consejo de Ancianos, son quienes figuran respaldando la querella interpuesta en septiembre del año pasado, con el propósito de esclarecer –y perseguir penalmente– si agentes del Estado cometieron violaciones a los derechos humanos contra miembros de pueblos originarios, entre 1888 y 1965.

El abogado Ciro Colombara afirma que un equipo especial de la Brigada de Derechos Humanos de la PDI desarrolla las diligencias de la causa, que es vista en el sistema antiguo de justicia. De acuerdo a la querella, los hechos ocurridos en la isla habrían sido perpetrados por “personas vinculadas a la Compañía Explotadora de Isla de Pascua (CEDIP), con la anuencia de dicha entidad y con la tolerancia del Estado”. La acción también menciona a “miembros de la Armada”. Respecto de la prescripción, Colombara asegura que ésta “no se aplica porque son delitos de lesa humanidad”.