El ex guitarrista y compositor de Oasis lanza High flying birds, una apuesta menor comparada con la grandilocuencia de Beady Eye, la banda de su polémico hermano. Una pelea de egos y sentimientos que vale la pena escuchar.

  • 17 noviembre, 2011

El ex guitarrista y compositor de Oasis lanza High flying birds, una apuesta menor comparada con la grandilocuencia de Beady Eye, la banda de su polémico hermano. Una pelea de egos y sentimientos que vale la pena escuchar. Por Juan Venegas

Ni los triunfos del Manchester City, ni la fama, ni el dinero pudieron mantener unidos a los hermanos Gallagher. Como caras opuestas de una moneda, Noel (44) y Liam (40) seguirán por mucho tiempo siendo asociados, como sucede con duplas como Alan y Charlie Harper, Lennon y Mc Cartney o Butch Cassidy y Sundance Kid.

Noel, el denso, el solitario, el nortino malhumorado, fue quien tuvo el suficiente sentido común para mantener al grupo rodando por más de diez años. Ofrecía las soluciones en Oasis, veía el mapa mientras viajaban y evitaba que terminaran muertos en alguna carretera. Liam, en cambio, disfrutaba su rol del desequilibrado consciente. Quien un día podía ser la reencarnación de John Lennon, de pronto se transforma en un Hunter S. Thompson prendido y extraviado en Las Vegas.

Tras un periodo de silencio, luego de la disolución del grupo en 2009, fue Liam quien dio la primera señal de vida. Junto a dos músicos de Oasis (Gem Archer y Andy Bell) y bajo el nombre de Beady Eye, anunciaba Different gear, still speeding, que se editaría a principios de este año y que lo trajo a Chile hace algunas semanas. Un álbum de 13 canciones firmadas por Archer, Bell y Gallagher, que ha sido aclamado universalmente, pues expande los horizontes y rompe con las pesadas etiquetas del sonido de su popular ex banda.

No deja de sorprender, que Liam, el indisciplinado, haya liderado un proyecto de alto vuelo como este. Different gear… es una renovación visual y acústica. Un disco fresco, diverso e inteligente, más cercano al Sgt. Peppers que cualquier otro trabajo de Oasis. Una pieza llena de consignas y proclamas, que de manera astuta mezcla los 60, 70 y 90. Con Liam inspirado profundamente por John Lennon (The roller, Millionaire, The beat goes on), el disco se niega a avanzar en los sonidos del tiempo. Tiene algo de antología, como The Beatles at the BBC. Es un repaso sin vergüenzas de todas las lecciones aprendidas.

High flying birds, el primer disco en solitario del principal compositor de Oasis, es, en cambio, un trabajo que se esculpe desde un ángulo mucho más modesto, pero no por eso de bajo calibre. Es una placa íntima, más bien acústica, cuyas guitarras altisonantes son reemplazadas por grandes coros y cuerdas. Noel expone su rudimentario corazón de clase proletaria en canciones en que la desesperación y el desencanto son la piedra fundamental. Parece una rehabilitación obligada, una manera de probarse a si mismo que es capaz de andar sin ayuda, pero se nota que aún le cuesta mucho.

Noel no posee la prístina resonancia de Liam; la suya es una voz de esfuerzo, de menor altura. No es una tormenta eléctrica, sino una amenaza misteriosa que parece esconder un poderío no descargado por completo. El guitarrista seguramente prepara arsenal para nuevas batallas. Ha comenzado su carrera solista en una nota menor que sus ex-compañeros, pero no por eso menos intensa.

Si el disco de Noel parece una catarsis, el inicio del camino para limpiarse el polvo de tantos años con Oasis y sus problemas, para Liam, al contrario, es la entrada grandilocuente, la apertura del gran espectáculo. Con todo, los dos hermanos, héroes en su propia clase, han producido álbumes que, a pesar de sus diferencias, se comunican a cada segundo, en cada uno de los sonidos y hasta en el último de sus silencios. Notable.