Desde hace un mes encarna al psicólogo clínico Pablo Ortega en la teleserie de Mega grabada de forma remota. En esta entrevista habla de los desafíos de trabajar por Zoom, del rol de la cultura durante la pandemia y del futuro de las artes dramáticas. “El teatro quedará en una pausa extraña y el actor tendrá que encontrar nuevas formas de ganarse la vida”, dice.

  • 22 mayo, 2020

Francisco Melo enciende su cámara de video llamada y se instala en el escenario donde día a día interpreta al psicólogo Pablo Ortega, protagonista de “Historias de Cuarentena,” la apuesta dramática que emite Mega todos los días a las 22:30. Atrás se ven los libros en el estante del personaje, que en realidad son los del actor, la silla que aparece en la televisión y la puerta de madera desde donde se asoma su mujer en la vida real y en la ficción, Daniela Lhorente.

“El set, al igual que el vestuario, se construyen con lo que uno tiene no más. A mi se me están acabando las camisas, voy a tener que repetirlas”, bromea. Y añade: “Que todas las casas sean reales creo que genera cierto morbo interesante, que la gente dude si es o no mi escritorio. Genera otro elemento más que causa interés”.

La historia se basa en micro relatos en formato de video llamadas, a través de los que diversas personas contactan a Pablo para tener una sesión de psicoterapia. Problemas matrimoniales, alcoholismo, violencia intrafamiliar, soledad y otras temáticas son tratadas mientras, entre consulta y consulta, Ortega deja entrever sus propios problemas con su mujer.

La teleserie -cuyo rating promedia 12.8 puntos, liderando la franja nocturna- fue creada en tiempo récord: en menos de tres semanas se tuvo la idea y comenzaron a grabar sin tener certeza de cuánto duraría y si era viable. De hecho aún no se hace por cuánto tiempo se extenderá ni si será posible trasladarla a un set cuando la crisis sanitaria pase el peak. Para mantenerlos vigentes, aclara, los capítulos se graban todos los días.

Para encarnar a Ortega, Melo se basó en experiencias personales de terapia, personajes de la TV y un elemento que él define como instintivo: el rol del psicólogo como alguien que escucha. Sin embargo, asegura que gran parte del mérito se lo lleva el guión elaborado por Rodrigo Cuevas. “Ha sido tremendamente efectiva esta manera de contar la historia, no solo artística o televisivamente hablando, sino que también se han puesto temas relacionadas a la contingencia y hay varios que se sienten identificados”, dice.

-¿Cómo es la grabación? ¿Es una video llamada real?

-Se hace completamente real. Como se produjo en apenas semanas, nos empezó a pillar inmediatamente el tema de las grabaciones. Rodrigo tiene que escribir mucho y tratar que esté lo más cercano a la contingencia posible. Hay un horario de grabación, donde nos citan a todos: la productora, los dos directores, el de fotografía para arreglar la luz y cosas así, y nuestras pantallas se están grabando en el canal, por dos técnicos. Cada computador registra una de las casas y después las juntan y las editan. La idea es hacer cada escena de una tirada, que dura entre 10 a 12 minutos

-Deben haber problemas como los de todos, se cae el internet, se corta el Zoom… 

– ¡Todo! El teléfono se pega, aparece el jardinero de la casa del lado… Hemos descubierto que es mejor poner modo avión en el celular para que no se pegue la imagen del computador. Todos los problemas que hay en el teletrabajo también los tenemos nosotros.

Entre Pancho y Pablo

Según Melo, su casa siempre ha sido su refugio y se define a si mismo como “celoso de mi intimidad y vida privada”. Por eso para él abrir las puertas de su casa en La Reina ha sido un desafío adicional, aunque pensaba que iba a ser más traumático. “Estamos todos en las mismas, no nos queda otra”, asegura.

-¿Cuál es tu historia de cuarentena? ¿Cómo ha sido estos días?

-En La Reina no nos había tocado cuarentena absoluta. Yo he realizado una cuarentena propia sin muchos problemas, hay que decirlo. Soy de lo privilegiados que puedo refugiarme tranquilo porque no tengo la necesidad de salir a generar recursos. Se me ha hecho bastante fácil. Hemos tenido días buenos, días malos, días en que estamos incómodos. Me he reencontrado con ciertos hobbies. Tengo un pequeño taller donde hago cosas de madera, tomo pedazos de madera que tenía guardados y hago banquillos. Pero más allá de hacer muebles funcionales, juego a hacer el trabajo delicado, que tiene que ver con la sutileza, la precisión y la belleza de la madera.

-¿Eres de estar en casa o de salir?

– Soy un tipo hogareño, tiendo a estar en mi casa siempre. No ha sido muy traumático. Hoy paso gran parte del día aquí, en mi escritorio, grabando o memorizando textos y eso agota a ratos. Pero ha sido bien llevadero.

Pausa incierta

Antes de la llegada de la pandemia a Chile, Melo trabajaba en una obra en el Teatro San Ginés con el actor Juan Pablo Sáenz. Actualmente están barajando alternativas para retomarla, grabarla o transmitirla por streaming, como ya lo están haciendo otras producciones; por ejemplo las de The Cow Company, con Luis Gnecco, Amparo Noguera y Gabriel Urzúa.

Sus proyectos con Alfredo Castro también se mantienen stand by. “Es una pausa incierta,” dice Melo, explicando que aún no hay certeza –ni en Chile ni el mundo– de cómo será el regreso a los escenarios. “El teatro funciona con público, es un hecho único, concreto, que tiene una obra, actores y un público. Si no está alguno de los elementos, no sirve”, agrega.

-¿Te hacen sentido las obras de teatro por internet?

-Hace poco vi la versión de Frankenstein online. Son entretenidas, pero no es lo mismo. Los proyectos teatrales están en una espera indefinida, compleja y a ratos un poco angustiante. No tener control alguno respecto de qué va a suceder y cómo va a suceder genera mucha incertidumbre.

-En Broadway por ejemplo, se descarta hacer funciones con la mitad de público

-Imagínate en Chile, donde los presupuestos son bastante menores. Las salas son de 200 personas y el público, con suerte, 100. Es inviable. Honestamente no sé cómo vamos a volver y nadie lo sabe. Además se debe garantizar la tranquilidad de ir a sentarse en una sala cerrada. Creo que el teatro quedará en una pausa extraña y el actor tendrá que encontrar nuevas formas de ganarse la vida.

¿Cuál es el rol de la cultura en estos tiempos?

-Como vía de escape la lectura y el acceso a ver películas o series genera una liberación interesante para la cabeza: desconectarse con lo que está sucediendo y embarcarse en un mundo distinto. Ese es el potencial de cualquier fenómeno cultural, el hecho de transportarte, de inspirarte y de provocarte sensaciones distintas a lo cotidiano. Te desconecta y te entrega nuevas alternativas para que la imaginación vuele, crezca y se enriquezca.