El camino de Felipe Heusser ha sido circular, una cosa ha ido llevando a otra. El fundador de la ong Ciudadano Inteligente y socio de radio Súbela, ahora está desarrollando Rhinobird.tv, una tecnología que promete modernizar la manera en que interactuamos con los videos.
foto: Verónica Ortiz

Aficionado a la tecnología, abogado de profesión y master en políticas públicas, desde siempre interesado en el acceso a la información y la democratización de los medios, Heusser (39) estaba viviendo en Inglaterra el año 2008, mientras estudiaba el master que luego continuó como doctorado, y fue interesándose en la idea de una ciudadanía que fuera más participativa a través de la tecnología. Eso que ahora resulta obvio, recién estaba siendo más evidente a propósito de la campaña digital que impulsó la candidatura presidencial de Barack Obama en Estados Unidos. Desde ahí creó la plataforma Ciudadano Inteligente en diciembre de 2009 –ahora funciona como Fundación Ciudadanía Inteligente–, y que en su primera aproximación se llamó Vota Inteligente, pensando en monitorear el contenido de las elecciones, crear un registro que ayudara a combatir la corrupción, cruzar las promesas de campañas con lo legislado y detectar situaciones de conflicto de interés. Todo a partir de información pública: Diario Oficial, Dicom (en ese entonces), actas parlamentarias e información del Ejecutivo. “Nos pasó que en poco tiempo empezamos a tener cierto peso al interior de la clase política porque revelamos información que antes no estaba abierta. Los cruces eran súper evidentes; había gente que regulaba el cigarrillo y que tenía una plantación de tabaco”, cuenta Heusser.

En eso estaban cuando comenzaron las movilizaciones sociales de 2011. Como organización quisieron salir a documentar lo que estaba pasando en las calles, pero desde una perspectiva alternativa, yendo más allá de los desórdenes que mostraban los  noticiarios. Antes de que los drones fueran una alternativa accesible, se les ocurrió meter celulares –de generación 3G– dentro de botellas plásticas con alerones que les diesen estabilidad, y los amarraron a globos de helio para que se elevaran. Así fueron transmitiendo en streaming y manejando las tomas a través de una piola. Esa sesión artesanal duró cerca de una hora y obtuvo alrededor de 50 mil visualizaciones. Con la idea de contar una historia desde muchas perspectivas, surgió el primer proyecto que se llamó PeopleTV, con el cual Heusser obtuvo un premio de financiamiento otorgado por la Knight Foundation en el MediaLab de MIT. El propósito: desarrollar una tecnología capaz de sincronizar videos en vivo.

Narraciones colectivas

Heusser explica que existe una gran comunidad de usuarios jóvenes que tienen totalmente incorporada la interacción al momento de usar la tecnología, y el mundo de los medios de comunicación está quedándose muy atrás en su oferta respecto de aplicaciones como Snapchat o InstagramTv. “Notamos un abismo entre el consumidor que descubre contenido con sus dedos sobre la pantalla, tomando el control de la experiencia, y que luego se enfrenta a videos en ESPN, Canal 13, o cualquier otro medio que ocupe un player o reproductor de video”, dice respecto de la necesidad de una nueva tecnología que frene la migración de las audiencias de los medios más tradicionales a través de otra manera de consumir videos.

Actualmente, señala el CEO, los medios ponen sus contenidos en redes sociales –ya sea Youtube, Facebook o Instagram–, y con eso desaprovechan la oportunidad de monetizarlos directamente y además pierden el control sobre su audiencia. Considerando que el avisaje digital paga por impresiones –me gusta, corazones, retuits–, el contexto de crisis de financiamiento de los medios de comunicación y la fuga de audiencias más jóvenes a redes sociales que disponen de un ejército de cuatrocientos ingenieros como Facebook o Snapchat para desarrollar tecnologías, supieron ver una oportunidad de mercado, asegura el experto en políticas públicas y desarrollador de este proyecto junto a su socio Sebastián Echeverría.

Así fue tomando forma Rhinobird.tv, originalmente pensada como una aplicación; una plataforma donde la gente podría compartir sus videos y streaming en vivo para cocrear historias. La tecnología que han desarrollado permite sincronizar elementos para entregar una narración colectiva. En el proceso tuvieron que cambiar de nombre, porque People Magazine no autorizó el uso de la marca PeopleTV, y junto a un diseñador pensaron un concepto que hablara de una relación colaborativa, una nueva televisión hecha por muchos.

La simbiosis

Llegaron a Rhinobird, en alusión a la simbiosis entre el rinoceronte y el ave que se posa sobre él para alimentarse de sus parásitos. Un experimento importante tuvo lugar para la maratón de Boston de 2014, evento que transmitieron en simultáneo desde distintas perspectivas. Ese demo fue destacado por el sitio especializado Tech Crunch y por el Wall Street Journal, como una alternativa interesante en medio de la batalla por el poderío del live streaming que en ese entonces libraban Periscope y Meerkat. Heusser era miembro del Centro Berkman para Internet en Harvard, y en entrevistas recalcó su interés por democratizar la televisión y terminar con la asimetría entre medios y redes sociales. En el camino por hacer de Rhinobird.tv una app, se fueron dando cuenta de distintas variables. Una de ellas fue el patrón de consumo de videos con peaks en las horas punta –temprano en la mañana y luego al final de la tarde–, por lo que, en palabras del emprendedor, “a mediodía tienes que ser Lady Gaga para lograr una alta audiencia”.

Una vez creada la tecnología necesitaban de una audiencia activa que subiera sus videos para luego sincronizarlos y ordenarlos. Ese fue el desafío siguiente: “Cómo lograr que la gente subiera contenido a nuestra plataforma si Internet está avanzando en otra dirección. Hay una experiencia concentrada en Facebook, Snapchat, Google, Instagram, no son más de cinco apps de uso cotidiano y entrar a esa lista es muy difícil”, agrega.

En paralelo se les acercó gente del holding televisivo Turner interesados en utilizar Rhinobird para sus contenidos. Ahí, Heusser y su equipo entendieron que eran los medios, como intermediarios, quienes más podían requerir de esta herramienta. Cambió el foco y fueron visualizando que desde ahí podían conectarse horizontalmente y contar historias de manera más descentralizada. Ya no serían una red social más, sino que se enfocarían en prestar un servicio a los medios para competir de mejor manera con las nuevas plataformas digitales. “Nuestra misión más militante se conectó con una oportunidad de mercado: ayudamos a esos medios a monetizar mejor sus propios contenidos y a conectar con su audiencia”, apunta Heusser.

La tecnología

Rhinobird.tv funciona a través de dos capas: primero a nivel de metadatos para organizar grandes volúmenes de video. “Podemos identificar el ADN de los videos para saber dónde fueron grabados, en qué espacio geográfico, a qué hora, etcétera. Tener esa información te permite saber qué videos corresponden, por ejemplo, al concierto de Paul McCartney sin que necesariamente hayan sido etiquetados”, señala el cocreador de la tecnología. Luego viene una capa interactiva. Si un usuario está viendo la final de la Champions League, además puede ir pinchando videos de Messi, entrevistas a los jugadores, reacciones de los hinchas o imágenes del camarín. Se trata de aprovechar todo el material que un canal de televisión ya tiene, sin la limitación de contar con una sola pantalla. Para tratar de explicar cómo funciona esta compleja organización de datos, Heusser utiliza referencias pop: “Son como las puertas de la película Monsters Inc. o como cuando Mario Bros entra a un tubo y se encuentra un submundo”. La mecánica de Rhinobird ya está patentada en Estados Unidos y promete funcionar como una estructura liviana que se adapta a cada medio sin que este necesite migrar de tecnología. Además del valor por el uso de la licencia, el objetivo a largo plazo es capturar un porcentaje del aumento de utilidad generada por el medio a través de esta tecnología. “Si logro acrecentar la monetización y luego agarro un 10% o 20% de ese aumento, es un montón”, dice respecto del modelo de negocios.

El salto

En junio del año pasado, Rhinobird tenía recursos para operar por solo cuatro meses más. “En Estados Unidos es como estar en diciembre, con las vacaciones de verano por delante y poca toma de decisiones”, cuenta Heusser. Ya habían levantado 2,5 millones de dólares a través de inversionistas ángeles de Boston, la Fundación Chile y Manutara Ventures, pero eso se estaba acabando. “Sabíamos que estábamos en la dirección correcta, esa esperanza siempre ha estado ahí. Usualmente los emprendimientos que salen desde Chile o América Latina consisten en traer algo desde afuera para ser implementado aquí. Pero esto nunca nadie lo ha hecho y eso mismo hace que el equipo esté muy abanderado”, agrega el fundador.

Las buenas noticias llegaron en septiembre: cerraron dos contratos pilotos, uno con Turner y otro con Sky UK, y eso motivó a un grupo de inversionistas a inyectarles un puente adicional de 100.000 dólares. Por esas fechas apareció además la firma Recochoku, plataforma musical japonesa propiedad del gigante de la telefonía NTT Docomo, que los contactó para armar un canal de video música. Después de muchas reuniones en California, y un viaje al país nipón, cerraron un contrato por dos años de uso de la licencia Rhinobird.tv. Al mismo tiempo, fueron uno de los nueve seleccionados para participar del prestigioso programa de aceleramiento de emprendimientos Techstart 2019. Y eso fue lo que motivó a los japoneses de Recochoku a invertir 400.000 dólares en la plataforma.

Techstart, programa al que postularon cerca de mil startups, fue el salto definitivo. Parte del equipo de Boston y algunos de Chile se trasladaron en febrero pasado hasta Los Ángeles, donde se realiza el evento, para sumergirse tres meses en un intenso trabajo que incluyó más de 130 reuniones, en las que presentaron y testearon el producto con importantes actores de la industria. Además, recibieron una inversión de capital de 120.000 dólares como parte del programa de aceleración. “Está lleno de salas y entras y sales de reuniones, como en una especie de speed date. Súper potente. En esas conversas conocimos a algunos con los que estamos trabajando hoy día, como el canal de videos Vevo y Ticketmaster”, cuenta Heusser. El 2 de mayo fue la presentación oficial de Rhinobird en Techstart, cuyo video se puede encontrar en Internet.

Hace un par de meses Heusser volvió a vivir a Chile, después de cinco años en Estados Unidos, pero se mantiene viajando al menos una semana al mes, y está a cargo del equipo de catorce personas que hoy se distribuye entre Santiago y Boston, pero que está ad portas de instalarse en Nueva York.

El desafío actual de la empresa es alcanzar métricas que les permitan seguir consiguiendo clientes para poner en práctica la tecnología. Mientras, para Heusser el ciclo que partió con Ciudadano Inteligente comienza a cerrarse: “Estamos contribuyendo con una propuesta para que los medios vuelvan a ser más competitivos dentro del contexto del monopolio de las redes sociales y Google. Ahí se me arma el círculo con Ciudadano Inteligente. Es lo que me gusta hacer: proyectos que no solo buscan utilidad, buscan generar un impacto. Me hace sentido económico y político”.

Sintonía digital

Era marzo de 2011 y la radio online Súbela.cl llevaba menos de una semana al aire, cuando Felipe Heusser fue de invitado para hablar de Ciudadano Inteligente. Le encantó el proyecto y le vio mucho potencial, por lo que decidió entrar como socio 50-50 junto a su creador Juan Margotta. La semana pasada, la radio lanzó una nueva plataforma dedicada a los contenidos en podcast y además anunciaron una importante alianza con Radio Public de Estados Unidos. “Súbela nació en digital, por lo tanto, le cuesta menos ajustarse a los cambios del mercado de los medios de comunicación y la demanda del consumidor. Además, nuestros costos de operación son muchísimos más bajos que los de las otras radios con las cuales competimos”, explica el emprendedor.

El año pasado Súbela tuvo más de dos millones de descargas en podcast, superando las cifras de cualquier otro medio en Chile en el consumo de ese formato. Como esta manera de contar historias está de moda, buscan aprovechar su propia experiencia como ventaja comparativa y tirar toda la carne a la parrilla con unos 30 espacios ultra segmentados. Y así como ya han venido haciendo con el programa Ciudad Cola, que se dirige a la comunidad LGBTI, ahora se suman otros dedicados a temas específicos como venture capital o feminismo, además de alianzas con otros medios como un programa radial del semanario The Clinic. “Nos graduamos de las limitaciones de la radio donde solo te caben ciertas cosas, ahora podremos hablar de muchos más temas”, señala el emprendedor.