Por: Francisco Ortega Con exactos ocho días de diferencia, a fines de mayo recién pasado, las dos editoriales más grandes que operan en Chile, Penguin Random House y Planeta, presentaron sendas novelas chilenas que tenían en común estar dirigidas al público juvenil, lucir atractivas portadas ilustradas, iniciarse con mapas y datos geográficos de lugares inexistentes […]

  • 23 junio, 2016

Por: Francisco Ortega

fantasy

Con exactos ocho días de diferencia, a fines de mayo recién pasado, las dos editoriales más grandes que operan en Chile, Penguin Random House y Planeta, presentaron sendas novelas chilenas que tenían en común estar dirigidas al público juvenil, lucir atractivas portadas ilustradas, iniciarse con mapas y datos geográficos de lugares inexistentes y extenderse por más de doscientas páginas con aventuras de héroes pintorescos, herederos de tradiciones ancestrales que inician un camino lleno de pruebas en pos de lograr un fin cuyo resultado será fundamental para la supervivencia de los universos donde habitan. Y lo de universos no es gratuito. Ambas novelas arman los suyos, pero no en las reglas de la ciencia ficción, sino en la esfera de la fantasía, o del fantasy, como corrigen los expertos para apartarlos del resto del fantástico literario: ese género poblado de monstruos, criaturas imposibles y campeones que usan espada y magia.

Las cenizas del juramento, de Joseph Michael Brennam, seudónimo de Exequiel Monge, profesor de Historia y estudiante de un doctorado en estudios célticos en la Universidad de Galway, Irlanda, fue la apuesta del sello Montena del grupo Penguin Random House, a la cual siguió La espada de la luna rota, del cineasta Alejandro S. D’Allesandri. Ambas obras se parecen. Sus héroes tienen motivaciones similares y los libros son partes de epopeyas mayores, ambas prólogos de trilogías, el primero de la Trilogía del juramento y el segundo de las Crónicas de Équilas. Pero la similitud parte y comienza por instalarse en el mismo género, porque a medida que uno se sumerge en los libros entiende que son tan distintas como El Señor de los Anillos y He-Man y los Amos del Universo.

El fantasy aparece a inicios del siglo XX en las revistas de pulp, cuando el escritor norteamericano Robert E. Howard, un discípulo de H.P. Lovecraft, empieza a publicar las aventuras de Conan, un bárbaro originario de la ficticia Cimeria, uno de los reinos de la Edad Hiboriana, período de nuestro planeta situado en los diez mil años que mediaron entre el hundimiento de la Atlántida y el alza de la actual civilización. Veinte años después de Howard y su Conan, en Inglaterra, dos profesores de Oxford, J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis le dieron forma final al templo del fantasy a través de El Señor de los Anillos, el primero; y Las crónicas de Narnia, el segundo. Una tendencia que se ha extendido hasta nuestros días, representada por ese poderoso caballo de batalla creado por George R.R. Martin bajo el nombre de Canción de hielo y fuego, que gracias a HBO se ha convertido en la serie de televisión más vista, descargada y rentable de los últimos veinte años. Si usted no sabe lo qué es Juego de Tronos, es que vive en un planeta muy lejano.

 

Mezclando roles

Tahmuz tiene 15 años y no sabe nada de su pasado. Doenal, su maestro, lo sobreprotege y se niega a revelarle detalles de su origen. Ambos habitan en la llamada Ciudad Alta, una de las fortalezas de la República de los Cuatro Vientos, lugar imaginario donde el invierno es desolador y el viento una divinidad que parece tener vida propia. Impetuoso como cualquier adolescente, Tahmuz desobedece a su protector y comienza un viaje hacia las tierras desoladas, en busca de respuestas que al parecer no encontrará. Ese es el plot de Cenizas del juramento, el debut literario de Joseph Michael Brennan. “Es un trabajo en proceso, una trilogía. El segundo libro está casi listo, y el tercero está bastante completo en mi cabeza. No puedo dar fechas exactas, pero quiero que El príncipe de los Cuatros Vientos (el tomo II) salga para Navidad. En cuanto a La sangre de los dioses (el tomo III), será para mediados de 2017”.

En la otra esquina, la de editorial Planeta, aparece también un huerfano, llamado Lían Aionfel, quien posee una espada mágica y recibe el encargo de reunir unos cristales súper poderosos enterrados en las profundidades del continente de Équilas, un territorio que está siendo devastado por una fuerza maligna llamada Vólcarat. La excusa inicial da forma a las casi seiscientas páginas de La espada de la luna rota de Alejandro S. D’Allesandri, también el comienzo de una saga de tres partes. “La espada… es la introducción a Las crónicas de Équilas. La secuela, que ya está escrita, se titula La doncella del corazón negro. El tercer volúmen aún lo tengo pendiente”.

-¿Cómo fue el proceso creativo de sus novelas?

-J.M. Brennam (JMB): Todo empezó con un juego de rol: con una partida de Leyenda de los 5 Anillos jugada hace más de seis años con algunos amigos. Salió tan bien que me quedaron las ganas de escribir la historia. Una noche, me senté y redacté el primer capítulo de un tirón, sin parar ni para hacerme una taza de café. Me gustó. Después creé el mundo que ese primer capítulo necesitaba.

-Alejandro S. D’Allesandri (ASA): El primer personaje, Zelas del Viento, lo inventé cuando estaba en el colegio. Él es una especie de monstruo de Frankenstein mezclado con el Joven Manos de Tijeras, sólo que en versión espadachín y más cool. Después creé el mundo para tener un lugar propio donde ambientar las aventuras del juego de rol Calabozos & Dragones que armaba para mis amigos. Por último, hace unos tres años, tomé a grandes rasgos la trama que narraba en estos juegos de rol, los mapas que dibujaba y algunos personajes recurrentes, y los convertí en una historia propia, basándome en parte en el viaje del héroe de Joseph Campbell y en las estructuras dramáticas del profesor de narrativa norteamericana Robert McKee, con quien estudié.

-¿Qué materiales usaron para construir a los protagonistas?

-JMB: Tahmuz surgió en ese primer capítulo, muy desde el fondo de mi corazón, muy desde mis entrañas. Es un muchacho del que me hubiera gustado ser amigo. Me agradan sus virtudes y me agradan sus límites. Como pasa a menudo en literatura fantástica, reconozco que Tahmuz es un arquetipo, pero es uno que rara vez ocupa el rol protagónico: él es el “sidekick”, el compañero, el amigo incondicional. Tiene un poco de Sancho Panza. Pero quizás el referente más reciente y conocido de este tipo de personajes es Sam Gamyi, en El Señor de los Anillos.

-ASA: Curiosamente el protagonista, Lían, fue uno de los últimos personajes que creé. Tenía todo: la trama, los amigos, los villanos, el mundo… Faltaba definirlo más a él. Quería que tuviera un arco de personaje intenso y bien marcado. Por lo que el Lían que verán más adelante en la saga será muy diferente al del comienzo. Saqué inspiración de muchos lados. Me encanta One Piece y los personajes de Eichiro Oda, con sus traumas de la infancia con los que deben luchar en el presente. Me fascina el personaje Guts del manga Berserk. También me gusta la inocencia de Luke Skywalker y las pruebas que debe superar. Hay algo de todos ellos en Lían.

 

La geometría del universo

“Llegué a la fantasía a través de sus raíces: la mitología, las leyendas del Viejo Mundo y los cuentos de hadas”, apunta Joseph Michael Brennan. “Mis padres me leían incesantemente cuando niño, y me hacían ejercitar mi imaginación y mi memoria. Después, a los siete, me encontré con Tolkien y me fasciné del género. Desde entonces, no paré de consumir literatura de fantasía. Elegí escribir una novela de este tipo porque te da máxima libertad y no implica un trabajo de investigación, como pasa con la novela histórica. Por mi carrera académica, tengo que estar investigando minuciosamente la mayor parte del tiempo, y cuando escribo narrativa prefiero no hacerlo”.

“Es el género que mayor impacto ha causado en mi vida, ojo que considera Star Wars fantasía, no ciencia ficción”, agrega Alejandro S. D’Allesandri, acentuando la primera impresión: no sólo las obras se parecen, sus autores también. No son hermanos ni gemelos, pero forman parte de una misma fauna. “El amor por los libros lo descubrí cuando, atrapado entre los textos que me hacían leer en el colegio, vi la portada de El Hobbit entre las novelas de un amigo”, continúa. “Y luego vi Star Wars (las antiguas, no me gustan las nuevas) en unos VHS viejos que tenía mi papá. Y me hizo implosión el cerebro. Esas naves que se movían más rápido que la luz y surcaban el cielo con sus turbinas como estrellas incandescentes, ese universo enorme lleno de criaturas y civilizaciones exóticas, ese joven con que todos pudimos empatizar, Luke, que era arrastrado fuera de su aburrido mundo ordinario para verse involucrado en una aventura llena de espadas de luz, una fuerza ancestral que definiría el destino de la galaxia, combates interestelares y, a fin de cuentas, confrontar su propio origen y destino. Hay mucho de todo eso en Équilas”.

-¿No temen al prejuicio de cierta crítica frente al género, que los reduzcan a versiones locales de Juego de Tronos?

-JMB: Realmente no le tengo nada de miedo a la crítica en general. Tengo confianza en mi historia, sobre todo en mis personajes, y sé que hay un gran público al que puedo llegar y que le gustará lo que he escrito. Que me comparen con Martin es un honor, en todo caso: me encanta Canción de hielo y fuego (Juego de Tronos). Por lo demás, es natural que a uno lo etiqueten comparándolo con alguien; lo entiendo, y no me enoja.

-ASA: Me gusta Canción de hielo y fuego, pero hay obras de ficción que me gustan más. Ni siquiera pensé en ella como un referente, con el respeto que le tengo a Martin por escribir tan bien y entretenido. En lo personal no creo que tengan nada que ver, pero si me compararan con Juego de Tronos me lo tomaría como un cumplido.

-¿Star Wars o El Señor de los Anillos?

-JMB: Eso es maldad, paso.

-ASA: Yo también. •••