Por: Vivian Berdicheski Gaspar Galaz, escultor “Andy Warhol trabaja con ella de manera inquisitiva en foto serigrafía y la consagra como un ícono. Analíticamente, Warhol estudia a través de su imagen la problemática del color; gracias a una cantidad casi infinita de matices cromáticos va descubriendo diversos aspectos, incluso psicológicos, de Marilyn Monroe. Al mismo […]

  • 23 junio, 2016

Por: Vivian Berdicheski

marilyn

Gaspar Galaz, escultor

“Andy Warhol trabaja con ella de manera inquisitiva en foto serigrafía y la consagra como un ícono. Analíticamente, Warhol estudia a través de su imagen la problemática del color; gracias a una cantidad casi infinita de matices cromáticos va descubriendo diversos aspectos, incluso psicológicos, de Marilyn Monroe. Al mismo tiempo logra que ella aparezca como infinita, algo que también hizo con otras figuras del star sistem, como Elvis Presley.

Después de la trágica muerte de la actriz, en 1962, Warhol interviene diferentes retratos y los reproduce en inmensos paneles logrando que el rostro de Marilyn se expanda, se multiplique, sacralizándola en las artes visuales. La publicidad le da un carácter erótico implacable. Su rostro, sonrisa y postura la convierten en la Mona Lisa del siglo XXI”.

 

Iván Petrowitsch, fotógrafo

“Las fotos que más me gustan son las primeras, las del inicio, a los 19 años, que le hizo Earl Moran, en la que se ve feliz, ingenua y radiante. Después de esas fotos no hay límites, Marilyn se globaliza (si es que podemos usar ese término para esos años). Su maravillosa sonrisa con los ojos entrecerrados era impactante, con un poder de seducción máximo.

Es interesante pensar en los cánones de belleza de la época porque Marilyn no era una mujer flaca, era curvilínea y voluptuosa, muy femenina y lejana a la imagen anodina de la modelo Twiggy que se puso de moda en los años 70 y que de alguna manera predomina hasta hoy. Su figura más que ir desvaneciéndose se mantiene intacta, como una diosa griega.

Hace un tiempo me encargaron fotografiar a Penélope Cruz, y después de una mañana de fotos y filmaciones hubo un descanso. Cuando de repente observo que estaba ella sentada ¡comiendo sola! Obvio me senté con ella y almorzamos juntos, nadie se acercó. Fue raro, es un detalle, pero me hace pensar en las situaciones de soledad que deben inundar la vida de las personas con tanta fama y poder. Al pensar en Marilyn me doy cuenta, una vez más, de que nadie puede con tanto peso”.

 

Jorge Yarur Bascuñán, Museo de la Moda

“Ella tuvo una vida marcada por la vulnerabilidad de su niñez, por la carencia de afectos y de protección, por su debilidad emocional. Se refugió con inteligencia en el revolucionario personaje que creó, en el contexto de una sociedad adversa que la trató como un producto. Sin embargo, se casó con hombres alejados de Hollywood y supo salir adelante, pasando a la historia como un personaje que reflejó y marcó a una sociedad.

Desde hace muchos años hemos recopilado y restaurado la mayor colección de Marilyn Monroe que existe en América Latina, la que nos permite tener hoy abierta una exposición en su honor, donde mostramos a una Marilyn con facetas más desconocidas: la mujer detrás de la actriz, su inquietud intelectual y su sencillez en la intimidad del hogar. Mostramos libros, discos, cartas familiares, fotos de su juventud y muchos otros artículos personales, incluso de cuando era Norma Jeane.

Marilyn pasó por muchas fases hasta llegar a ser el ícono que es hoy, usando en un inicio vestidos ceñidos que mostraban su silueta. Una vez consagrada, empieza a usar vestidos más holgados y quiere ser valorada por su inteligencia más que por su apariencia. El legado de Marilyn Monroe es histórico y cultural”.

 

Pía Montalva, historiadora de la moda

“Recuerdo vagamente la imagen de ella durante mi infancia, a comienzos de los años 60, publicada en alguna revista femenina y más adelante en una que otra película en la televisión. Marilyn Monroe ya había muerto. En ese tiempo no le prestaba mayor atención porque me parecía anticuada al lado de modelos como Twiggy, Jean Shrimpton, Veruschka o Penelope Tree, mucho más largas y delgadas, que además vestían piezas ultra contemporáneas.

Son varios los legados de Marilyn. En primer lugar, la cabellera rubia platinada que representa el summum del glamour y la seducción. Esta tendencia emerge en los años 30 asociada a la vampiresa hollywoodense, pero se masifica en los años 50, gracias a la Monroe, quien le agrega una cuota de ingenuidad. Luego el maquillaje algo excesivo que combina delineador oscuro y labial rojo, además del lunar al comienzo de la mejilla. También es interesante el hecho de que considerara el perfume como una suerte de vestimenta que envolvería el cuerpo apelando no a la vista, sino al sentido del olfato. Esto a propósito de que declaró dormir sólo con unas gotas de Chanel N°5.

Me parecen más interesantes los looks informales que aquéllos donde aparece con trajes de noche ceñidos y ultra elaborados. Por ejemplo, los pantalones capri combinados con suéteres cuello beatle, cuello polo, o chalecos más gruesos. También el modo como envuelve su cabellera con diferentes pañuelos y los combina con las gafas. Respecto a los vestidos, rescato la emblemática pieza blanca diseñada por William Travilla, recuperada una y otra vez en diferentes momentos, y copiada al infinito: falda muy amplia a media pierna, plisada y cortada al sesgo, escote halter, espalda descubierta. Un clásico que ella contribuyó a instalar en el imaginario de la moda”.

 

Silvio Caiozzi, director de cine

“Era evidentemente una buena actriz con un carisma muy, muy particular, era una mezcla de personajes en sí misma, podía ser al mismo tiempo la muñeca ingenua e inocente y la señorita lanzada a la vida. De hecho, al ver sus fotografías es posible apreciar a dos jóvenes totalmente diferentes: lo que ella era originalmente y lo que fue Marilyn Monroe.

Transmitía muchas cosas a través de la pantalla. Sonreír y de repente pegar una mirada, y a través de esa mirada se podían leer muchos significados. El talento y espontaneidad la hacían distinta, lo que va más allá de que sea buena o mala actriz, que se aprenda o no los parlamentos, pues nació con ello.

Se atrevió de muchas maneras, con su manera de vestir, con el pelo pintado rubio platinado, con la forma de jugar con un lunar falso y en la manera osada de pintar sus labios rojos, adelantándose a una época. Después de ella, vinieron muchas actrices que trataron de copiarla, pero ninguna dio en el clavo.

Si tuviera que elegir entre sus interpretaciones, llevo grabadas en la memoria la que realizó en El príncipe y la corista, junto a Laurence Olivier, y en una de sus últimos filmes, El multimillonario, con Yves Montand ”. •••