En 1974, el fotorreportero y documentalista francés Raymond Depardon consiguió permiso para seguir al milímetro la campaña del candidato derechista a la presidencia, Valéry Giscard D’Estaing. El documental se rodó y Giscard ganó, pero al nuevo mandatario no le gustó el metraje rescatado por Depardon. Y así fue que se prohibió la exhibición de 1974, […]

  • 28 enero, 2013
Francois Hollande

Francois Hollande

En 1974, el fotorreportero y documentalista francés Raymond Depardon consiguió permiso para seguir al milímetro la campaña del candidato derechista a la presidencia, Valéry Giscard D’Estaing. El documental se rodó y Giscard ganó, pero al nuevo mandatario no le gustó el metraje rescatado por Depardon. Y así fue que se prohibió la exhibición de 1974, une partie de campagne, que no llegaría a verse en Francia sino en 2002.

No fue la mejor de las experiencias, pero nada de eso inhibió en 2007 a Yasmina Reza, autora del taquillazo teatral Art, a quien autorizaron a seguir la campaña del voluntarioso Nicolas Sarkozy, también carta ganadora de la derecha para el Elíseo. Y terminó pariendo L’aube le soir ou la nuit, libro que no quedará entre lo más distintivo de la narradora y dramaturga, pero que mostró una mirada al corazón de la política.

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“No sé si Yasmina Reza, tras seguir a Nicolas Sarkozy durante toda la campaña de 2007, terminó votando por él. Yo encontré que había guardado una distancia respetable. Y ya sé que no seré capaz de guardar esa distancia”. Quien escribe es Laurent Binet (40 años), el 12 de octubre de 2011. Es parte de un diario en el que fue anotando impresiones, observaciones y reflexiones de la campaña que permitió a François Hollande derrotar a Sarkozy en mayo pasado y llevar al Partido Socialista de vuelta a la presidencia tras 17 años. Y que se convirtió en un libro que ha vendido más de 40 mil ejemplares: Rien ne se passe comme prévu, cuyo título corresponde a lo que el propio Hollande afirmó en TV cuando su entrevistador le planteó que el bullado escándalo protagonizado por Dominique Strauss Kahn, tras la denuncia de una camarera, rebarajó el naipe político: “Nada ocurre como se ha previsto. Nunca”.

A Hollande se le conocía como talentoso ejecutor político y como ex pareja de Ségolène Royal, la candidata socialista derrotada por Sarkozy en 2007. Pero mucha gracia no le encontraban –pasaba por fome y desabrido– y estaba lejos de ser la carta fuerta del PS hasta ocurrido lo de DSK. El propio Binet apuntaría que su interés era seguir la campaña presidencial, más que seguirlo a él. Pero así pasaron las cosas. No como se previó.

¿Y cómo es él?

Binet no era un desconocido para cuando se planteó la opción de tomar el relevo de Reza, Depardon, o bien del Hunter Thompson que siguió la presidencial gringa del ’72. En 2010 este profesor dio el golpe a la cátedra con HHhH, ganadora del premio Goncourt a mejor debut novelesco. Aplaudida internacionalmente, esta reconstrucción del asesinato del jerarca nazi Reinhard Heydrich le dio cierta notoriedad. Y permitió la coincidencia de que la actual pareja de Hollande, la periodista Valérie Trierweiler, lo entrevistara para una revista. Ahí comenzó todo, cuenta en el libro. Y agrega por mail, desde París, que el futuro presidente al que siguió no es el tipo blandengue y desaliñado que todos –hasta en su propia editorial– decían o pensaban que era:

“Esa es una falsa imagen, levantada por sus adversarios, pero que cambió durante la campaña, sobre todo tras el debate que lo enfrentó a Sarkozy y donde todo el mundo lo dio por ganador”.

Eso sí, agrega Binet, él está hablando de Hollande candidato. “Hollande presidente es otro tema: no diría que es un blandengue, sino… simplemente socialdemócrata. Es una apreciación política, no sicológica”.

El escritor, que visitó por primera vez Chile en septiembre para participar en el ciclo “La ciudad y las palabras”, declaró entonces que “quería que el candidato fuera de izquierda y que tuviera chances de ganar”. Y en el libro tal voluntad queda expresada, pero también las dudas del autor entre votar por un político responsable de ciertos aspectos de la crisis francesa y europea, o acaso hacerlo, al menos en primera vuelta, por Jean-Luc Mélenchon, la figura apoyada por los comunistas.

“Hasta el final –cuenta Binet– dudé si votar en primera vuelta por Mélenchon. Pero se impuso la razón política: no quería correr el riesgo de que ningún candidato de izquierda llegara a la segunda vuelta, como en 2002, cuando pasó Jean-Marie Le Pen, de la extrema derecha”. Y así es como el libro va exponiendo las dudas, las certezas y reconsideraciones del propio autor, que alaba el talento y la sagacidad de Hollande –un político que “tiene oficio”–, pero no puede sino sacarse el sombrero ante el candidato izquierdista alternativo, capaz de citar en una concentración pública un extenso pasaje de Los miserables.

Un poco periodista, un poco biógrafo, un poco voyeur, Binet parece superar sin dificultad el que en TV lo hayan llamado “la Yasmina Reza de los pobres”. Y se lanza al seguimiento de rigor: mítines, apariciones en TV, visitas a fábricas, 5 minutos para hablar en el auto del candidato, entre una actividad y otra. Y así le va tomando el pulso: de la triunfal primaria socialista de octubre de 2011, al temor y la incertidumbre de los días previos a la segunda vuelta frente a Sarkozy. En medio de asesores, gente de confianza y antiguos rivales, de sobadas de lomo, pelambres y zancadillas, hay que establecer ante todo quién es Hollande. Pregunta difícil donde las haya.

Anota Binet en su diario, poco antes de la señalada primaria, que le habían dicho dos cosas del candidato: “Sabe arengar a las muchedumbres y es divertido (por eso lo llaman Señor Chistecitos)”. ¿Qué más hay para descubrir? Que el hombre se vale de la retórica como quien practica el judo, usando para su beneficio la fuerza del adversario.

Lo anterior, sin embargo, no le dijo a Binet ni al lector quién es realmente Hollande. Si su propia pareja dice no saberlo a ciencia cierta, y su hijo lo considera “inasible”, la tarea se hace cuesta arriba. “Es bastante impenetrable”, comenta hoy el escritor. “Es ante todo un hombre político a tiempo completo. Es un experto en el lenguaje de los políticos, que tiene todo bajo control, que rara vez se cae”.

Los errores y los aciertos

Como si reclamara para sí eso de que uno mismo debe hacer las cosas para que salgan bien, el candidato retratado por Binet es de los que escriben sus propios discursos. O bien que reescriben a tal punto los que le han escrito, que termina dando un poco lo mismo. Que da vuelta los argumentos del adversario allí donde no se lo esperaba, o que llegado el caso empieza a improvisar sin más.

Y no es que el futuro presidente haya sido inmune a los errores. Faltaba más. Que una bullada reunión por aquí con el filósofo mediático Bernard Henri Lévy, que unas declaraciones poco afortunadas al diario británico The Guardian, por allá. Pero acaso Binet se fija más y mejor en los errores que Hollande no cometió allí donde otros antes cayeron. Como su ex, Ségolene Royal, que en su debate televisivo con Sarkozy le cedió la palabra para no recuperarla más, mientras en el mismo trance Hollande no vacila, mira a su adversario sin temor y repite cual mantra: “Yo… el Presidente”.

Es cierto, y Binet lo admite ante el propio Hollande en el libro: si el triunfo final no hubiera llegado, acaso este volumen no habría funcionado. O sencillamente no habría llegado a la imprenta. Pero ahí fue donde este “tapado” socialdemócrata, un moderado de ayer que podría ser más duro mañana, encontró los espacios para ser y mostrarse tranquilo y seguro de sí mismo, ya estuviese en Lyon, Marsella, Berlín o Guyana. Así, los tiempos en que decían de él que era “el único defecto de Ségolène”, asoman muy lejanos.

Esta idea de que la victoria puede venir de donde menos se espera está en el corazón del libro de Binet. Por de pronto en el mismo título, si se nos explica su origen. También en un breve texto introductorio, especie de epígrafe de sus 307 páginas. Allí, Binet reproduce un intercambio de chat con la escritora Chloé Delaume, en mayo de 2011:

Laurent: “Por simple curiosidad, ¿crees que Hollande tenga alguna chance en 2012?
Chloé: JAJAJAJAJAJAJA

Acaso Delaume sepa hoy eso de que uno no prevé el futuro y que el futuro se organiza como quiere. •••