Brian Joseph Burton es su nombre, pero muchos lo conocen como Danger Mouse, sin duda uno de los más interesantes productores de los últimos años. Acaba de editar un “no-disco” titulado Dark night of the soul y el resultado es brillante, uno de los mejores trabajos de la temporada.

  • 23 junio, 2009

 

Brian Joseph Burton es su nombre, pero muchos lo conocen como Danger Mouse, sin duda uno de los más interesantes productores de los últimos años. Acaba de editar un “no-disco” titulado Dark night of the soul y el resultado es brillante, uno de los mejores trabajos de la temporada. Por Andrés Valdivia.

Aunque muchos podrían asegurar que no han escuchado jamás el trabajo de Danger Mouse, les garantizo que están equivocados. Detrás del súper mega éxito de Gnarls Barkley (nadie se libró de la maravilla melódica de Crazy, que el 2006 sonó hasta el cansacio en las radios del mundo) o al frente de las perillas del último trabajo de Beck (Modern guilt) y Gorilaz (Demon days), entre otros, Danger Mouse se ha posicionados como uno de los productores más respetados y admirados del planeta. La historia de su ascenso como productor y compositor, así como la de su nuevo disco, Dark night of the soul, bajo el nombre Sparklehorse, no han estado exentos de polémicas que hablan del hedor que expele la industria disquera mundial estos días, así es que a ponerle ojo a este artista, que hay mucha carne que echar a la parrilla.

Danger Mouse se hizo famoso a través de Internet (¿quién no, a estas alturas?), cuando publicó en su sitio web el año 2004 un trabajo titulado The grey album, que era nada más y nada menos que un mashup (la superposición de canciones y trozos de canciones de distintos autores) entre el llamado Álbum blanco de The Beatles y el Álbum negro de Jay-Z, uno de los más famosos raperos del momento. El resultado fue alucinante, completamente innovador y, por supuesto, completamente ilegal. A medida que se corría la noticia por la red, los sellos reaccionaron pidiendo que se eliminara el álbum del sitio, pero el virus ya se había echado a andar y el contagio, computador a computador, se expandió a la velocidad de la luz.

Danger Mouse se transformó en una celebridad de la “nueva música” y en un héroe de la causa que aboga por un cambio en las leyes de autoría en el contexto online. Luego vinieron las ofertas para producir a Gorillaz y, claro, Gnarls Barkley, donde su estatura creció a dimensiones insospechadas. Un caso canónico de un talento expuesto al mainstream por la catapulta benigna de Internet. Desde el contexto underground y gratuito al éxito internacional y la limusina, con departamento en el East Village incluido, en unos cuantos meses.

Si hubiese que explicar el tipo de música que Danger Mouse desarrolla, lo mejor sería centrarse en la metáfora que se desprende de su primer e ilícito disco. El tipo es tributario por igual del legado melódico y del pop universal de The Beatles, como de la moral más sintética y modernilla del hip-hop. Y esa mezcla, al igual que The grey album, es simplemente irresistible.

Dark night of the soul tiene también una historia polémica e inusual. Presentado como una colaboración entre el controvertido productor y el director de cine y compositor David Lynch -que realizó el arte del disco-, el álbum generó altas expectatvias. Sin embargo, gracias a algún lío contractual entre ambos y el sello que edita el trabajo, Danger Mouse decidió lanzarlo de una manera extrema para algunos, pero brillante para el espíritu de la época: la placa viene con todo el arte correspondiente y con un CD virgen vacío en su interior. La idea es que la gente se quede con el plástico y descargue desde la red gratuitamente las canciones, algo que confirma que la música, hoy en día, si no está acompañada de una performance o de un objeto-fetiche, no tiene valor comercial alguno. Mala noticia para el sello, buena para los que entendemos la música como un negocio que debe revisar su modelo de explotación comercial de manera urgente (La vieja industria se viene abajo, señores, y sobrevivirán los que entiendan de qué se trata la nueva moral online, no los que se restan de esa tendencia a cualquier precio).

Musicalmente, Dark night of the soul es un disco precioso. Lleno de detalles, de excelentes voces invitadas (desde el vocalista de los Strokes hasta Iggy Pop, pasando por Black Francis, de los Pixies), y de un ambiente al mismo tiempo sicodélico y contemporáneo. Mucho más ligado al pop que al hip-hop o a la electrónica, esta nueva placa de Danger Mouse lo vuelve a poner al centro de lo mejor que se está realizando en la industria actual, en términos musicales, ideológicos y comerciales. Un imperdible de este semestre, sin duda.

 

 

 

 

Los grandes momentos de la música online
1. Todo comenzo con Napster el año 2000, cuando millones de jóvenes comenzaron a compartir archivos mp3 de manera distribuida, gracias al genio de un universitario con ganas de hacer algo cool para sus amigos.
2. Metallica arremete con una demanda contra Napster por violación de las leyes de derecho de autor y para el año 2001, los jueces ordenaban el cierre de los servidores de Napster.

3. Mientras oficialmente las redes para compartir archivos online parecían destinadas a la ilegalidad, proliferaban los servicios y las nuevas tecnologías para hacer precisamente lo que estaba prescrito.

4. El 2003 iTunes abre una tienda virtual para vender canciones en formato digital. A pesar del escepticismo de muchos, la plataforma es un éxito y ha vendido a la fecha más de 6 billones de canciones, transformándose en el principal retailer de música tanto online como offline, desplazando a Wal-Mart.

5. Llega 2007 y Radiohead lanza su disco In rainbows a través de un sistema de “pague lo que quiera” en su sitio web. El experimento resulta un éxito, ya que las ventas del CD físico, editado a fines del mismo año, sobrepasan las de sus dos discos anteriores. Nine Inch Nails experimenta el mismo año con un modelo aun más radical, regalando sus canciones, pero vendiendo un deluxe-box con vinilos y merchandising al mismo tiempo, generando millonarias ventas de este último producto. Por ahí está la clave.