La banda que reúne a los hermanos Durán (ex Bunkers), con los hermanos Ilabaca de los Chancho en Piedra y el músico Pedro Piedra, todavía no lanza oficialmente su disco y ya se está transformando en una de las principales novedades de la escena nacional.

  • 25 octubre, 2018

Se conocen hace años, de hecho cuentan que en dos años de carrera musical en Chile ya conoces a todos; a los emergentes, a los consagrados, a los que vienen, a los que fueron y a los técnicos. La escena es chica y los cinco músicos además han coincidido en distintos proyectos, como Pablo Ilabaca, que hace poco se retiró de los Chancho en Piedra, y Pedro Piedra, quienes forman parte de la formación de 31 Minutos. 

Fue después de un concierto de la banda infantil en el teatro Metropolitan de Ciudad de México, en noviembre del año pasado, que los músicos salieron a tomarse algo con los hermanos Durán, que llevan instalados hace años en el país azteca. Ahí, en el entusiasmo de la noche, surgió la idea de hacer algo juntos. Todos engancharon y como el tiempo no abunda en sus respectivas carreras, lo aterrizaron rápidamente. Aprovecharían la próxima visita de los hermanos Bunkers a Chile para internarse 10 días en una casa en Valparaíso y grabar un disco. No les gusta hablar de Pillanes como proyecto musical, eso les suena a una aventura por materializar, en cambio se definen como una banda real. 

Es difícil definir el género musical de este primer disco porque contiene distintos ritmos y velocidades. En sus doce canciones hay algo de rock, de soul, de hip hop, de cumbia, de electrónica y también guiños a la música andina como en el track Loro, inspirado en el músico Horacio Salinas. Felipe Ilabaca reconoce que el disco es totalmente ecléctico: “Hay desde inspiración soulera hasta huayno boliviano, pero lo raro es que no suena forzado. Lo que hermana todas estas influencias es un barniz de sicodelia. Nosotros trabajamos un audio lleno de texturas y de distintas profundidades. Eso es lo que define a la sicodelia, que es mucho color”. 

El single del disco, cuyo videoclip grabado en la Universidad de Concepción ya está circulando en internet, se llama El mundo es un lugar tan triste. Lo eligieron para debutar porque es probablemente la canción donde mejor se evidencia la participación de todos los miembros del quinteto. Su letra contiene una clara crítica social: habla de los sinsentidos y mezquindades de la humanidad y fantasea sobre cómo serían las cosas en otros planetas. La cuarta canción del álbum se titula Facho pobre, suena tipo cumbia villera y su letra reza así: “Nunca te has puesto a pensar que este veranito de San Juan se nos acabará. Siempre son los mismos los que ganan, aunque creas tener la razón, aunque creas decir la verdad”. El álbum tiene una duración de 45 minutos y otras de sus canciones son Tú sabes, Somos lo Peor, Valparaíso/Concepción, Carmesí, Barrabás, Convénceme y Montañita Blanca. 

EL DESPEGUE

En Providencia, en el patio de la productora Evolución, que dirige Manuel Lagos, los músicos derrochan entusiasmo al hablar de Pillanes y la experiencia de grabar un disco. También confiesan que están ansiosos por tocar en vivo y compartir escenario juntos, definen la sensación como “esa adrenalina rica que quieres que llegue luego”. El lanzamiento digital del disco tiene fecha para el 9 de noviembre y el debut en vivo será el 25 de ese mes en la Feria Pulsar. Luego se presentarán en la Cumbre del Rock, posiblemente en Lollapalooza 2019 y proyectan alguna gira por regiones.  

En sus teléfonos tienen varios whatsapp dedicados a la banda: “Pillanes Evolución”, “Pillanes Clip”, entre otros. Ahí, dicen, no abunda el meme, los usan para mantenerse comunicados, ponerse de acuerdo y compartir información desde donde estén. Felipe Ilabaca cuenta que antes de grabar el disco se juntaron un par de veces e hicieron una especie de competencia para definir su estilo musical. Este consistía en elegir alguna canción que consideraran una obra maestra. “Uno ponía ELO (Electric Light Orchestra), entonces el desafío es que el que venía tenía que encontrar algo más sorprendente y emotivo: Congreso, Los Ángeles Negros, etcétera, y así empezamos a encontrar el patrón común y una cierta estética que eran los ancestros, personas que nos influenciaron a todos. Pillán en mapudungun es el espíritu de los antepasados, entonces se trata de un homenaje a la música que nos inspiró”, explica Felipe Ilabaca, el bajista de los Chancho en Piedra. Pillán también es el nombre de un modelo de avión chileno monomotor que sirve para aprender a volar, reconocer el terreno y son además los que se usan para hacer acrobacias aéreas. Como analogía a la nave, los músicos explican que en este disco ellos pudieron explorar sus conciencias y fundir sus creatividades.  

DE CAMPAMENTO

Dos semanas en la casa familiar de Pedro Subercaseaux en un cerro de Valparaíso, con un fin de semana de recreo entre medio, fue el tiempo del que disponían para grabar el disco. Incluso en uno de los trayectos entre Valparaíso y Santiago hicieron la letra de una canción, literalmente aprovechando cada minuto. Llegaron sin nada en carpeta en un genuino ejercicio de experimentación, y como no había mucho tiempo no existió espacio para entramparse. Se dedicaron a componer y tocar, con un computador siempre grabando. “Como confiábamos en los criterios de los demás, y sentíamos respeto y admiración por el trabajo de cada uno, intuíamos que iba a resultar, ¡y funcionó! Después ni nosotros lo creíamos, escuchamos los temas y nos sorprendimos del trabajo que logramos en esos días”, cuenta Pablo Ilabaca. Según el dueño de casa, la dinámica era como estar de campamento: “Uno tocaba batería, otro teclado, mientras alguno cocinaba y otro salía a comprar. Cada uno encontró su lugar y nadie presionó a nadie. Como era un experimento nuevo, estábamos todos súper enfocados. Yo sentí que todos pusieron lo mejor de su parte para sacar esta cuestión adelante”. Pedro Piedra también destaca la buena disposición y humildad de sus compañeros: “A mí me sorprendió mucho la apertura de los cabros, Los Bunkers, que son quizás la última gran banda de Chile, los Chancho en Piedra, que fundaron una iglesia aquí, y llegaron todos sin ningún cancherismo innecesario”.

El sistema de trabajo resultó muy productivo, incluso les sobró algo de material y les alcanzó el tiempo para filosofar y distenderse. Para ellos, lo importante era hacer música y disfrutar del proceso. Misión cumplida. “Lo otro que resulta particular de esta música es que es fresca. A veces, al hacer un disco sacas temas que tenías guardados de antes, pero esta música está hecha al momento. Es como un restaurante cuando llegan los productos frescos. Ojalá que la gente sienta esa frescura”, dice Felipe Ilabaca. Después del trabajo intensivo, los hermanos Durán se volvieron a México con la grabación y allá mezclaron el disco para que luego volviera a Chile a ser masterizado. 

 

EDAD DORADA

Mientras en otros países de la región, como Brasil y Argentina, es común que músicos reconocidos trabajen juntos y compartan su música, en Chile esa no ha sido la tónica. Además, la idea del colectivo es un bien escaso hoy en día, en que todo se puede hacer de manera individual. “Ninguno de nosotros podría haber llegado a este resultado por su cuenta. El hito de Pillanes es que por primera vez, músicos de distintas canteras se juntan en un experimento de cruza”, sostiene el mayor de los Ilabaca y su hermano Pablo agrega: “Me siento orgulloso porque creo que esto también puede inspirar a otros músicos que están partiendo. Ver a estos cuarentones haciendo música juntos y animarse”. 

El menor de los Pillanes es Francisco Durán, con 36 años. El resto ya ha pasado las cuatro décadas. Pedro Piedra cumplió 40 y es efusivo al respecto: “Me siento con más pilas y más ideas que nunca. Y más seguro de lo que puedo entregar y cómo hacerlo. No volvería nica a tener 25 años”. Con 42 años, Pablo Ilabaca está de acuerdo: “La juventud es una idea asociada al mito del rock. Pero la experiencia te va dando nuevas herramientas y vas aprendiendo todo el rato. Además, la música tiene un poder de eterna juventud porque te mantiene de buen humor”. Felipe, de 46, va incluso más allá: “Creo que hay una trampa dirigida a vender la juventud, desde siempre, en el mundo entero. Y es hermosa la inconsciencia de la juventud, pero creo que uno crece y va siendo más preciso. La precisión también es bonita, no te andas con rodeos”. 

Sobre sus distintos públicos y cómo van a recibir el trabajo de Pillanes, los músicos señalan que eso los tiene tranquilos. Confían que los seguidores de Los Bunkers, los Chancho en Piedra y Pedro Piedra van a reconocer elementos de cada una de estas bandas, pero a la vez se van a enfrentar a algo totalmente nuevo, una historia distinta. “Lo importante es estar contento con tu trabajo y ser honesto en el vínculo con las canciones, si eso es así, la gente inevitablemente se va a sentir identificada”, sostiene Francisco Durán. También afirman tener las expectativas bajo control. “Yo estoy ansioso porque la gente sepa de nosotros, no por la gloria, sino porque es muy urgente demostrar que si uno quiere, puede”, dice Felipe. Francisco, además, reflexiona: “Ahora todos nosotros somos padres y queremos que nuestros hijos se sientan orgullosos de lo que escuchan”.

Desde ya se declaran dispuestos a continuar la aventura Pillanes. “Si es que no es un fracaso estrepitoso, creo que se debería repetir”, bromea Pedro Piedra, y Pablo, también conocido como KVZon, dice: “De todas maneras. Lo pasé demasiado bien, es una de las mejores experiencias que he tenido en el proceso de armar un disco”. Están contentos y se les nota.