El 9 de julio el grupo Los Tres interpretará en vivo su primer disco homónimo, lanzado hace 20 años, que sería el comienzo de una extensa transformación de la escena local. Por Juan Venegas

 

  • 1 julio, 2011

 

El 9 de julio el grupo Los Tres interpretará en vivo su primer disco homónimo, lanzado hace 20 años, que sería el comienzo de una extensa transformación de la escena local. Por Juan Venegas

 

Así como en la década de los ochenta Los Prisioneros produjeron una verdadera revolución en el rock chileno, Los Tres con su disco homónimo de 1991 llegaron para escribir su propio capítulo en la historia de la música nacional. El disco será interpretado de forma íntegra en vivo el 9 de julio en el Teatro Caupolicán, razón más que suficiente para revisar el legado de ese álbum ya clásico.

Con la publicación de ese trabajo se pone fin al boom del pop latino y se inicia una mudanza hacia nuevos referentes musicales. Ya no serán los grupos anglo las únicas influencias visibles: gracias a la irrupción de Los Tres el abanico se expandirá en direcciones inéditas. Es así como el grupo liderado por Alvaro Henríquez se convertirá en el primer grupo chileno que fusione la cueca y el jazz guachaca con sonidos provenientes del pop sajón.

En su primera grabación, la banda demuestra su amplia instrucción musical y se pasea a sus anchas por géneros diversos como el rockabilly, el blues, el funky, el reggae y las baladas acústicas. “Hay ciertas influencias comunes con otros grupos de la segunda mitad de los ochenta, pero nadie había grabado un bolero como Un amor violento, ni una canción con el swing de Flores secas o Pájaros de fuego” apunta David Ponce, autor del libro sobre rock chileno Prueba de sonido y editor del sitio musicapopular.cl.

La banda penquista inaugura de este modo un estilo de componer e interpretar que no se había escuchado entre los grupos chilenos. Las bandas de los ochenta tocaban y componían de una forma más o menos esquemática. Los Tres, en cambio, eran instrumentistas aptos no sólo para repetir en vivo las notas de un disco, sino para recrear también en la interpretación.

Sin la presión política de los ‘80 y con una democracia recién estrenada, el grupo se aleja del estilo contestatario y opta por escribir canciones que abordan las experiencias personales, con letras que incorporan desde el sarcasmo irreverente hasta el dolor y la vulnerabilidad de las relaciones afectivas. Era el natural cambio de folio de un país que transitaba desde una sociedad marcada por los movimientos sociales hacia una de tintes mucho más individualistas.

Finalmente, el gran éxito alcanzado por Los Tres y su disco debut sirvió para que otras bandas de Concepción vinieran a probar suerte en la capital. Los sicodélicos Santos Dumont, el grupo punk Machuca y los ahora internacionales Bunkers formaron parte de esa verdadera invasión musical penquista, que de paso convirtió a Concepción en una especie de Manchester criollo. Quizás por su condición de “inmigrantes”, los rockeros sureños demostraron una resolución encomiable y una productividad muy superior a la de los grupos santiaguinos. Los Tres son, por supuesto, el mejor ejemplo. Con una actividad creativa incesante desde que arribaron a Santiago, el grupo liderado por Alvaro Henríquez ha conseguido llenar en buena parte el gusto de los seguidores de la música rock de las últimas dos décadas en Chile.

Testimonio
La primera vez
Corría el año 88 y en la facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile se presentaba en solitario el nieto de Violeta, Angel Parra, que volvía de París luego de una temporada estudiando jazz en una prestigiosa escuela de música gala. Angel interpretó temas de Pat Metheny y John McLaughlin, muy de moda en esos tiempos.

Cuando acabó el show de Parra me fijé en un par de posters con caricaturas de tres surfistas, que anunciaban la tocata de un grupo de Concepción llamado Los Tres en el reducto predilecto del under santiaguino de los ochenta, Matucana 19. Me había imaginado que hacían música surf como Brian Wilson y los Beach Boys. La idea de un grupo retro nacional me quedó dando vueltas durante esos días.

Matucana 19 era un lugar donde se reunía toda la fauna alternativa de esos años: punkies, new waves, mods, pintores y músicos. Un viejo galpón que nos hacía sentir como si estuviésemos en Londres, Amsterdam, París o Nueva York.

La noche que tocaron Los Tres la concurrencia fue más bien escuálida. Treinta o cuarenta personas estábamos ahí para escuchar a este nuevo grupo penquista. El trío subió al rústico escenario y de inmediato me llamó la atención que Titae Lindl usaba un contrabajo y no un bajo eléctrico. Lindl, un muchacho cuadrado, algo regordete, hacía bailar el dantesco instrumento como si tuviera pies. Los Tres sonaban frescos y seguros, como esos pillos callejeros retratados en las novelas de Charles Dickens. El vocalista, luego conocido como Alvaro Henríquez o “Jefe de Jefes”, animaba la pequeña fiesta “under” con sarcasmos y un tono de voz entre Gene Vincent y un vendedor de feria. Henríquez, con 19 años, se mostraba ganador y canchero.

Así como Titae Lindl y su contrabajo eran lo primero que uno apreciaba del grupo, la batería de Pancho Molina era quizás el punto más alto del espectáculo. Nunca antes había escuchado a un mejor baterista. Con un toque suave, limpio y preciso, Molina mantenía la estructura del grupo libre de fi suras. La destreza musical de Los Tres contrastaba con el primitivismo instrumental de los grupos de la generación del boom. El grupo penquista estrenaba una nueva forma de tocar, en la que ya no importaba tanto el discurso sino la pulcritud musical. Si bien Henríquez no estaba al mismo nivel que Lindl y Molina, él sería el encargado de contar el cuento y empujar al grupo hasta lograr la popularidad.

Esa noche de estreno capitalino, tocaron ocho o nueve temas. Dos de ellos eran composiciones propias (Sudapara y Jamaica), el resto fueron covers de Gene Vincent, Stray Cats y Chuck Berry. Por primera vez escuché en vivo una buena versión de Johnny B. Goode, el clásico rock and roll de Berry, tocada con envidiable soltura. Fue en ese momento que pensé que Los Tres sería un grupo grande que reemplazarían a Los Prisioneros, que ya habían dado todo lo que se suponía iban a dar.