El dólar se desploma, los exportadores aúllan y el gobierno se agita. Pero una de las externalidades positivas de la caída del tipo de cambio es que traer gente a tocar a Chile estaría costando sólo un par de chauchas. Lugares hay: está el glorioso y renovado teatro Caupolicán –que es a mi parecer, el […]

  • 19 marzo, 2008

El dólar se desploma, los exportadores aúllan y el gobierno se agita. Pero una de las externalidades positivas de la caída del tipo de cambio es que traer gente a tocar a Chile estaría costando sólo un par de chauchas. Lugares hay: está el glorioso y renovado teatro Caupolicán –que es a mi parecer, el mejor espacio para conciertos de menos de 10.000 personas–, Arena Santiago, que suena bien y es enorme, y los ex cines, devenidos teatros, como el Oriente y el Providencia para las ocasiones más intimistas. Si sumamos la caída del dólar con la presión sobre los músicos para salir de gira, bendita piratería, este año deberíamos estar repletos de estrellas. Buenas noticias por donde se le mire. Y claro, si los productores se ponen creativos y aprovechan bien las circunstancias, todo esto podría ser una muy buena noticia para la escena local, que ya está lista para telonear a quien venga.