La artista chilena Denise Lira-Ratinoff cree que el arte debe ser activo en su rol educativo y que la mejor manera de transmitir un mensaje es a través de la experiencia. Con ese espíritu montó la instalación Cronómetro, que alerta sobre las consecuencias de la contaminación en nuestros mares.
Fotos: Verónica Ortíz

  • 17 enero, 2019

Antes de entrar al túnel que está montado en uno de los niveles del Museo de Artes Visuales (MAVI) hay que ponerse unos cubre zapatos de tela, para luego sumergirse en una oscura estructura hecha con 1.200 fardos de desechos plásticos organizados en vigas mecánicas. Al llegar a la primera esquina, se escuchan sonidos marinos; oleaje, radares y cantos de ballena. Al final de la siguiente esquina uno se topa con una fosa al fondo de la cual se ve un mar proyectado en el último piso del museo. A un lado la imagen de un iceberg en proceso de derretimiento y un cronómetro con números rojos marcan el paso urgente del tiempo. La descripción no es spoiler porque la obra Cronómetro, de la artista Denise Lira-Ratinoff (42), es una experiencia sensorial que cada espectador, niño o adulto, recorre a su manera. El mensaje es claro: estamos llenando de basura nuestros océanos y el tiempo para revertirlo se acaba. Al salir de este laberinto se puede bajar al último nivel del museo, donde los escalones dan paso a un espacio relleno con sal sobre el cual se proyecta –utilizando maping, entre otras técnicas digitales– un oleaje que da la sensación de estar bajo un muelle. De pronto las olas virtuales se distorsionan y dan paso a una malla raschel, simulando las mismas redes que muchas veces se utilizan en la extracción indiscriminada de recursos marinos. En uno de los escalones hay una botella de plástico, que podría interpretarse como un elemento más de esta inmensa instalación site-specific; un desperdicio del hombre que el mar devuelve a la orilla. Pero no. Alguien la dejó ahí desatendiendo olímpicamente la enseñanza que pretende transmitir Cronómetro. La fotógrafa y artista afirma: “Por eso mismo, todo el mundo tiene que venir. Nosotros nos vamos a morir y el planeta va a seguir igual, es a los niños a quienes les estamos dejando este desastre y por eso urge tomar conciencia”.

El montaje fue arduo, empezó el 27 de diciembre y acabó minutos antes de la inauguración, el pasado 5 de enero. Era necesario organizar los cientos de fardos que les proporcionó la empresa de reciclaje TriCiclos según distintos criterios –botellas, plástico metalizado, bolsas, envases desechables– dentro de la estructura diseñada especialmente para ocupar el espacio del MAVI. El día de la entrevista, la exposición lleva tres días abierta al público. Lira-Ratinoff se pasea por el museo, recibiendo los comentarios de los asistentes, ordenando los zapatitos de género que usan quienes ingresan a Cronómetro, revisando pequeños ajustes a la obra. En ese rato pasan por ahí, entre muchos otros, el periodista Rodrigo Guendelman, que entrevistó a la artista en su programa radial Santiago Adicto, y Cristián Undurraga, arquitecto del museo. Denise conversa con todos en medio de un constante flujo de personas entrando y saliendo del túnel, y niños recorriendo los distintos espacios. Junto con saludar, la artista presenta al otro responsable de la instalación, Patricio Aguilar, escenógrafo, director de arte y experto en efectos especiales. Ambos constituyen la dupla creativa Forever y han trabajado en varios proyectos, juntos dieron vida a la escenografía de la película de Alejandro Jodorowsky, Poesía sin fin (2016). “Yo apoyo en toda la parte estructural: cómo va a ser la mecánica del lugar, cómo concretar las ideas artísticas de Denise. Ella tiene un aspecto más libre, pero también es muy prolija en la disciplina del orden. Aquí nada es aleatorio”, cuenta Aguilar.

Los fardos son un formato recurrente en la obra de la artista; empezó el año 2000 utilizando montones de paja para construir una enorme casa que instaló en la Ruta 68, luego montó la muestra Nictagenia con cubos de boldo, y después se encontró con los fardos de residuos sólidos que decidió usar para plantear su preocupación por el medioambiente. “Cada uno de estos cubos es una escultura y la banda sonora representa la polución acústica en el océano. La contaminación de los barcos y sus radares hacen que los cetáceos se desorienten y varen. Eso no pasaba hace 50 años. El oído de un cetáceo es su alma y ahora están explotando en sangre. Acá se vivencia el agobio y el miedo al entrar a este angosto pasillo rodeado de la misma basura que nosotros estamos tirando al océano. Recorres tu propio legado”, señala Lira-Ratinoff. Se declara como una amante del óceano, pero reconoce que apenas sabe nadar como “perrito”, y por eso está tomando clases de buceo con el fotógrafo submarino Eduardo Sorensen. Quiere entender el mundo submarino en todo aspecto y a eso se va a dedicar este año porque “conocer es proteger”, frase que repite varias veces al explicar el sentido de la instalación. Otra de sus máximas es “the time is now”, con ella recuerda a una querida amiga que tuvo en Estados Unidos y que murió, el concepto de cronómetro tiene que ver con ese sentido de inmediatez. La exposición se la dedica a su sobrino Exequiel y a todos los niños que tengan la oportunidad de visitarla: “Ellos no tienen la culpa de nuestro consumismo y por eso quiero crear conciencia a través de este proyecto que reúne arte, ciencia, tecnología y educación”.

-¿El arte que te mueve tiene que ver con la experiencia?

-Totalmente, es algo físico. Si no hay una experiencia personal, no podría crear nada. Cronómetro es la manifestación más política que he hecho en mi vida. Cuando haces algo sensorial y la audiencia es parte del resultado, te estás comunicando. Cuando trabajo con una instalación que va a durar un tiempo acotado, siento la responsabilidad de usar la tecnología de manera orgánica. Para esta obra trabajé con un equipo de más de veinte personas que son parte del proyecto.

-¿Y eso cómo se financia?

-Con mis fotografías. Las imprimo en Alemania porque son imágenes grandes y aquí no existe la tecnología para hacerlas con la pulcritud que yo necesito. Con la venta de esas fotos genero la plata que luego destino a estos proyectos. Me llega a picar la mano (ríe y se rasca), ojalá venda para poder hacer más cosas.

 

Ese mar que tranquilo nos baña

“No podría vivir sin el arte”, afirma la fotógrafa que además es hija de la reconocida martillera Denise Ratinoff. Desde niña tuvo la posibilidad de viajar mucho y las vacaciones familiares transcurrían más en museos que en la playa. De chica quería ser veterinaria, pero de repente “todo era arte y solo arte”, cuenta. Actualmente Lira-Ratinoff sigue viajando mucho entre Estados Unidos y Alemania, pero ahora quiere asentarse aquí. “Amo Chile y encuentro que acá tenemos una topografía de la cual no nos podemos alejar tanto: glaciares, el desierto más árido del planeta, el océano Pacífico. Ya me fui mucho tiempo y ahora necesito volver. Mi misión máxima, y hasta mi muerte, es el océano”, dice la artista hablando de modo pausado e intenso. “Empecé este proyecto, que es una trilogía, sabiendo que iban a ser ocho años: dos años en los glaciares, dos años en los océanos y luego dos años en el desierto, para después poner todo junto. He hecho varias exposiciones con fotografías que hablan sobre el cambio climático, pero desde la belleza. Son imágenes espectaculares, pero se acabó esa etapa, y aunque voy a seguir fotografiando, ahora necesito meterme debajo del agua: quiero ver tiburones, pulpos, conocer ecosistemas profundos. Vivir esa experiencia para poder transmitirla”. Su pasión por el mar también lo vive como asesora de Nature Conservative y embajadora de Plastic Ocean, ONG que además proporcionó cifras y datos duros que la ayudaron a montar la exposición en el MAVI. Cada detalle de la muestra propone coherencia, por ejemplo el catálogo de Cronómetro se descarga mediante un código QR, pues considerando que gran parte de los chilenos usa smartphones, era innecesario imprimir catálogos en papel que finalmente se transformarían en más basura.

Sentados junto a la gran instalación, tanto Lira-Ratinoff como su socio apuntan al consumismo desmedido como gran responsable de la contaminación que amenaza a nuestros ecosistemas. “Si tienes consumo se supone que el país está sano y pujante, pero hay una línea que no podemos pasar, de lo contrario, la salud del planeta empeorará de manera irreversible. Evaluarte a través de la productividad es una presión que nos pone el sistema. La idea de ir a poblar Marte es como botar la esponja: ‘destruyamos esto y vámonos para allá’. Es un legado triste”, señala Aguilar. La artista agrega: “A mucha gente le da lo mismo la contaminación. Antes la vida era mucho más simple comercialmente hablando y ahora, cada vez más, todo es desechable. El facilismo es peligroso y por eso es bueno sentirse incómodos”. La gente sigue recorriendo la muestra mientras adentro, al fondo del túnel, el cronómetro corre. 

One moment art

Otra de las piezas que hizo posible la muestra Cronómetro, y a quien la artista agradece, es el gestor José Manuel Belmar, responsable de la plataforma One Moment Art, que ya cumple cinco años y que se define como un espacio curatorial para la difusión de proyectos en artes visuales. “Tenemos dos misiones: existen los espacios expositivos más institucionales –museos o centros culturales– y, por otro lado, tenemos intervenciones más pop up que suceden en espacios patrimoniales. Nosotros representamos artistas y los instalamos en espacios que no son galerías. Hay artistas que tienen un nombre, pero no han pasado por museos”, explica Belmar.