El emblemático congreso festeja 50 años de existencia. La celebración se extenderá por todo el 2019 y tendrá su punto de partida en la Cumbre del Rock Chileno y tres actuaciones en el Teatro Municipal de Las Condes donde contarán con invitados de lujo y realizarán un repaso por los mayores hitos de su trayectoria.
Fotos: Verónica Ortíz

  • 17 enero, 2019

“Uno no cree que son cincuenta años, piensa que fue ayer cuando partió la película”, discurre Pancho Sazo, letrista y cantante del grupo Congreso, mientras nos acomodamos en una heladería del barrio Bellavista. Sazo es un anti rockstar y de aquellos que se enorgullecen de conservar sus hábitos provincianos. No tiene celular, no maneja y se moviliza en micros o en buses interprovinciales.

Luce su típica gorra jockey, más nerudiana que Peaky Blinders, que le da un aire italiano y un enorme parecido con el poeta Raúl Zurita. Pedimos un par de aguas minerales, mientras afuera, un bulldozer parece estar destrozando la calle, y me da pánico pensar que la grabadora no capte su voz con el cacofónico ruido que por momentos inunda el local.    

Sazo ha sido el cronista de estos 50 años de Congreso, en el que recaen las preguntas Y tú dónde estarás o la narración del círculo virtuoso de Vuelta y vuelta, dos de sus temas más populares.

Se considera un amanuense, un escribano que mira el mundo a través de la música de sus compañeros de banda. “He sido una especie de trabajador por encargo”, dice, y asegura que sus letras no se mantendrían a flote por sí solas, que no son poemas, que son simples letras de canciones, y que sin la música de Congreso solo serían palabras al aire.

Cuenta, como si fuera verdad, que los temas del grupo son compuestos casi por telepatía. “Es curioso, pero tenemos una conexión especial. A veces llego con letras que calzan perfectamente con las composiciones de Tilo (González)”. Históricamente, el método de trabajo es articular música y palabras como si se tratara de un guion. “Tilo a veces llega con la película casi completa y terminamos trabajando una especie de animación cuadro a cuadro”.

Le pregunto cómo ha sido la evolución de las letras de Congreso y dice que con el tiempo se han refugiado en la simpleza. “Con los años rescato el intento de no complicarnos, de simplificar todo. Es cierto, partimos con frases grandilocuentes, influidos por García Lorca, pero con el tiempo comenzamos a simplificar el modo de escribir. Y hoy si queremos decir mano, simplemente decimos mano”. 

 

-Ustedes se configuran oficialmente como Congreso en 1969. Antes de ello tuvieron un par experiencias musicales en otros estilos, ¿qué recuerdos tienes de esos primeros años?

-El 69 realizamos nuestro primer concierto como grupo Congreso, pero antes ya tocábamos en fiestas y kermeses de la Quinta Región. Los hermanos González habían armado Los Masters, que hacían música bailable y covers, y yo era parte de Los Sicodélicos, donde cantaba y tocaba el bajo. En esos años, muchas veces compartimos escenario con Los Jaivas, que también tocaban todo tipo de música.   

-¿Cuáles eran sus influencias musicales en ese entonces?

-En un comienzo fueron The Shadows, los Tijuana Brass, pero después nos agarró súper fuerte la psicodelia. El primer disco de Led Zeppelin fue impresionante, nos llamaba la atención la potencia y el sonido que generaban. Era un sonido distinto y con canciones largas. Obviamente también los Beatles tuvieron una gran influencia, rayamos con el Sgt. Pepper.

-Finalmente, en un proceso similar al de Los Jaivas, terminan fusionando el rock con las raíces latinoamericanas. 

-Es que simultáneamente al rock y la psicodelia, también nos tocó vivir el sentimiento americanista. En las calles los jóvenes tocaban quenas y zampoñas. Los muros se cubrían con murales de la brigada Ramona Parra, y nosotros, que éramos hippies, fuimos navegando poco a poco hacia un compromiso más social. Esas influencias nos transformaron en lo que somos aún hoy. 

-¿Musicalmente no se identificaron con la corriente de Víctor Jara y grupos como los Quilapayún?

-Nosotros no pertenecemos a la corriente del Inti, del Quila o de Víctor. Ellos tenían una cosa muy de partido, tocaban en poblaciones y nosotros éramos más psicodélicos y hippies. Lo curioso es que en nuestros recitales más rockeros sacábamos quenas y charangos y nos miraban raro, y cuando tocábamos en sitios más políticos con guitarras eléctricas nos decían que éramos casi imperialistas.

-En cincuenta años de historia han experimentado varios cambios de integrantes. ¿Cómo han administrado esas variaciones?

-Yo creo que músicos como el bajista Ernesto Holman o Joe Vasconcellos trajeron su propio bagaje y lo han incorporaron al grupo. Cada músico que ha entrado no ha reemplazado a nadie, nunca hemos perseguido la continuidad. 

-Por mucho tiempo le has quitado importancia a tu trabajo como letrista. ¿Qué te ha faltado para convertirte en poeta?

-Nunca me he pegado ese salto porque tengo un enorme respeto hacia los poetas. Yo diría que en Chile existen poetas, antipoetas y yo vendría a ser algo como un casi poeta. No es por falta de rigurosidad, es simplemente falta de talento, no les podría llegar ni a las sombras a los poetas que admiro.

La música Quiltra

“Quiltra” puede sonar una palabra fuerte, hasta ofensiva, pero Sazo le da ese apelativo a la música de Congreso. Y la llama así porque, según él, es música impura, capaz de combinar a Violeta Parra con los Rolling Stones, los Beatles, Doménico Modugno y hasta Adriano Celentano. Congreso fue parte del boom de la música latinoamericana de los 70, que incluso llevó a Paul Simon a incluir en el disco Bridge Over Troubled Water una versión de El cóndor pasa que repercutirá principalmente en el continente europeo, que será el destino de la mayoría de las bandas chilenas en el exilio. Si bien Congreso fue de los pocos grupos que se quedaron en el país durante el régimen militar, sus nexos con la Nueva Canción y luego con el Canto Nuevo los convirtieron en agentes sospechosos y por un buen tiempo sus tocatas fueron suspendidas.

Tras el golpe militar, ¿se cuestionaron seguir en la música?

-No, nunca nos lo cuestionamos. Pero el golpe nos obligó a crecer, tomar una posición y olvidarnos de la adolescencia porque la vida ya era otra. Al mismo tiempo, músicos que estaban en el exilio nos preguntaban por qué no nos íbamos del país, que existían mejores oportunidades de tocar afuera, pero decidimos quedarnos acá.

-les tocó vivir la dictadura y el regreso de la democracia. ¿Cuál de las dos crees nos define más como país?

-Lo lógico es que nos defina la democracia, no solo por lo logrado, sino también por lo que aún esperamos de ella. El espacio que queda de la dictadura hay que extirparlo, pero no evadiéndolo, sino con una visión clara de lo que pasó. Hay que tener presente la historia no solo para no repetirla, sino porque los jóvenes se merecen nuevos estadios de civilización.

-Desde tu labor como cronista musical, ¿cómo ves al chileno actual?

-El chileno de hoy es un personaje complejo, porque le ha tocado vivir una realidad de cambios constantes. Vivimos una época muy volátil, donde el striptease de la vida privada parece suplir algunas de nuestras deficiencias como colectivo. Por eso, como grupo tratamos de volver a mirar hacia adentro y enternecernos. La principal labor de los chilenos debería ser tratar de volver a conmovernos.

-Estamos lejos del Todos juntos de Los Jaivas.

-Creo que antes éramos un pueblo más unido. En ese cambio, la dictadura tuvo un rol importante, nos dividió y aún lo sigue haciendo. Pero uno no puede quedarse en el pasado, creo que la esperanza siempre es posible. Todavía tenemos rasgos similares, espacios donde podemos juntarnos todos. Pero claro, los cambios toman un largo tiempo.

-Una vez dijiste “somos país de emigrantes y lo peor para un emigrante es ponerse racista. Que venga todo el mundo y nos la pasamos bien. Let it be”. ¿Esa invitación sigue en pie?

-La invitación siempre sigue en pie. Y si la inmigración ha sido desordenada es porque en todos lados lo ha sido, ya sea Europa o Estados Unidos, nosotros no somos la excepción.

-Considerando que la música de Congreso ha sido siempre una alquimia de diversos orígenes, es medio lógico que pienses así.

-Claro, es parte de la filosofía del grupo. Y cuando aparecen los compadres haitianos, pienso que entre ellos vienen de todo: artistas, pintores, músicos, atletas, y ellos están trabajando para el país, muchas veces en condiciones abyectas. Por eso me gusta citar a la madre de Serrat, que ante la pregunta de dónde era, decía “yo soy de donde mis hijos comen”. Y esa es la mejor definición de un ser humano.

-Como agrupación, ¿les cuesta mirar al futuro con tanto pasado a cuestas?

-Yo creo que no es tan difícil. Al contrario, como dice Jorge Teillier, uno tiene que tener nostalgia del futuro. Es bonita la nostalgia, pero no podemos habitar ahí, porque te momificas, y eso es lo que menos queremos. Tenemos que remontar el pasado, aunque pese.

-El último disco de Congreso, La canción que te debía, ganó la categoría mejor álbum del año en los premios Pulsar, demostrando una inusual vigencia.

-Es que tenemos la bendición de contar con muy buenos compositores; Tilo González es genial, entonces pienso que tenemos show para rato. Él es una especie de físico cuántico que encuentra siempre nuevas maneras de conectar los infinitos puntos de la música.

-2019 será el año de la celebración. ¿Cuál será el itinerario?

-Para estos 50 años tenemos pensado presentar cuatro temas nuevos y la celebración se inicia en la Cumbre del Rock Chileno y con tres fechas en el Teatro Municipal de Las Condes, donde tendremos invitados de lujo. Luego intentaremos realizar 50 conciertos a lo largo del país, con paradas en Latinoamérica y también en Europa. Se nos viene un largo viaje.

-Mirando hacia estos 50 años de historia, ¿podrías definir el principal aporte de Congreso a la música chilena?

-Lo primordial que es que aún somos un grupo musical que intenta compartir ternura, en el sentido del cariño, del amor, del cuidado y del consuelo. Somos un colectivo que cree que un futuro mejor es posible, de que aún hay esperanza.