El esperado debut de la cantante chilena confirma algo que se sospechaba: una nueva generación comienza a tomar fuerza. Por Andrés Valdivia Ya es una realidad: una generación de recambio comienza a apoderarse de la canción chilena. Un proceso inevitable y positivo para cualquier escena respetable, pero que se había mantenido oculto en la pequeñez […]

  • 23 marzo, 2007

El esperado debut de la cantante chilena confirma algo que se sospechaba: una nueva generación comienza a tomar fuerza.
Por Andrés Valdivia

Ya es una realidad: una generación de recambio comienza a apoderarse de la canción chilena. Un proceso inevitable y positivo para cualquier escena respetable, pero que se había mantenido oculto en la pequeñez del circuito independiente de conciertos y tocatas de nuestra capital. Las cosas están cambiando y eso es, por donde se lo mire, una excelente noticia. Pero mucho más importante que el recambio en sí, es el portentoso talento que las nuevas voces traen bajo el brazo. El año pasado fue Gepe con su disco Gepinto, y este año es el turno de una de las placas más esperadas en mucho tiempo. Señores, su nombre es Javiera Mena, su disco Esquemas juveniles, y está aquí para quedarse.

Si lo de Gepe tuvo que ver con hacer el largamente pospuesto update de la canción de raíz folklórica a nuestros tiempos, impregnándola de una mirada independiente, elegante y profunda; lo de Javiera Mena tiene su ancla bien puesta en el pop. Con bastante menos de 25 años, esta cantante chilena se dio el lujo de componer y arreglar su disco debut casi por completo –además de interpretar la mayoría de los instrumentos– con un despliegue de buen oído, cariño por su oficio y transparencia en el trazo pocas veces vista en nuestro país. En Esquemas juveniles Mena oscila entre el lado bailable, sintético y ciertamente ochentero –en el buen sentido de la palabra– de canciones como “Al siguiente nivel”, “Como siempre soñé” y “Cuando hablamos”, que suenan como Erasure mezclado con Julieta Venegas; y el lado más orgánico, pausado y meditativo de canciones como “Cámara lenta” y “Esquemas juveniles”, repletas de notables armonías vocales, piano, el necesario equilibrio entre melodía y ritmo que requieren las buenas baladas, y bellas pinceladas de sintetizadores y guitarras acústicas. Mena se mueve con propiedad y sabia prudencia entre ambos estilos, demostrando una vocación precoz por las buenas melodías. Algo hay de encantador y cautivante en la música de Esquemas juveniles, mezcla de ingenuidad con un espíritu sintético y pop muy contemporáneo.

Punto aparte es la producción de Cristián Heyne. Sobria, inteligente y con el cariño suficiente por las canciones como para dejarlas respirar y desarrollarse. Heyne ya ha dado muestras suficientes acerca de su capacidad como músico y productor, y en Esquemas juveniles su mano se siente como la de un hermano mayor, protectora y benigna. Otro punto aparte es “Sol de invierno”, canción con una profundidad de campo impactante, repleta de nostalgias y un trabajo armónico e instrumental absolutamente excepcional (Gepe participa cantando una estrofa). Un clásico automático que espero sea lanzado como single en algún momento ya que tiene el potencial de convertirse en un himno generacional. Gran canción, notable.

Algunos críticos han opinado amargamente acerca de la performance de Javiera Mena en vivo. Y tienen un punto toda vez que esta chica aún tiene camino que recorrer para demostrar la confianza que se requiere al involucrarse físicamente con sus canciones, pero de ahí a que aquello le quite méritos a su disco y a su trabajo hay mucho trecho. Ella acaba de editar uno de los grandes discos del 2006 y de eso no cabe duda. 100% material de exportación.