Fernando Casasempere no tiene miedo a reinventarse. A volver a partir de cero, las veces que sean necesarias. Su mayor miedo es a estancarse. Hace 15 años tuvo la certeza de que necesitaba un cambio cuando vendió todas sus obras días antes de inaugurar en la galería AMS Marlborough de Santiago. Sintió que haber impulsado […]

  • 28 enero, 2013
Fernando Casasempre

Fernando Casasempre

Fernando Casasempere no tiene miedo a reinventarse. A volver a partir de cero, las veces que sean necesarias. Su mayor miedo es a estancarse. Hace 15 años tuvo la certeza de que necesitaba un cambio cuando vendió todas sus obras días antes de inaugurar en la galería AMS Marlborough de Santiago.

Sintió que haber impulsado una suerte de reivindicación de la arcilla como material artístico no era suficiente: había tocado techo. “Mi carácter autocrítico me hizo ver que era muy peligroso para mi obra seguir en Chile”, reconoce.

Así, hace 15 años llegó a Londres, donde forjó una nueva historia, nueva residencia, nuevo taller, nuevas galerías. Una ruta no exenta de sacrificios en un medio adverso y reconocidamente difícil. Tres años después de su partida, el 2003 expuso por primera vez en una muestra colectiva en la galería más importante de cerámica de Inglaterra; luego vendrían exhibiciones grupales e individuales.

Hoy, tiene un nombre reconocido dentro del ámbito del arte en Europa. Su último trabajo escultórico en Londres se llamó Out of Sync y fue plenamente difundido por el mundo: debió plantar con sus propias manos 10.000 flores de arcilla teñidas con polvos procedentes de relaves de cobre en uno de los espacios más distinguidos de la ciudad, el Somerset House, un majestuoso edificio, que hoy constituye uno de sus polos culturales, en el marco de las actividades que se realizaron por los Juegos Olímpicos. La misma intervención llegó después a la Plaza de la Ciudadanía, frente a La Moneda y terminará su periplo en Antofagasta, aunque todavía no encuentra un lugar definido para establecerse.

Se declara trabajólico, ordenado y solitario. Sólo recurre a un aprendiz cuando necesita ayuda física para mover las piezas de sus trabajos, que pueden llegar a pesar varias toneladas. A la hora de crear busca esa adrenalina que lo mantiene hasta las 3 de la mañana en su taller si las cosas están funcionando. De lo contrario creaciones completas se van al tacho de la basura, antes o después de pasar por el horno.

Su obra tiene una matriz muy americana, con un material como la arcilla, que hunde sus raíces en el mundo precolombino. Y con tonos que tienen que ver con el paisaje chileno. A lo que se suma la influencia de la tradición escultórica inglesa y la geografía británica. Sin embargo, si tuviera que elegir un espacio en el mundo para realizar una intervención afirma: “el norte de Chile me atrae sobremanera. Me encanta su naturaleza y mezclarme en ella”.

Actualmente, tiene varios proyectos que prefiere mantener en reserva, pero se sabe que planea una gran intervención en un importante parque en Londres. También trabaja en una escultura de 6 x 5 metros y 1.70 de alto para CorpBanca en el Patio de las Esculturas del edificio corporativo ubicado en Nueva Las Condes. Eso, además de la exposición que está programada para el 2014 en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Llega a la entrevista en un café cerca del lugar donde está montando la escultura; aparece con un casco blanco que le da pinta de ingeniero. Se sienta, habla pausado, se da su tiempo aunque se nota que su mente está puesta en el trabajo que realiza (y que interrumpimos muy a su pesar). Impulsor de la obra conectada a la ciudad, al espacio público, su aporte acaba de ser incluido en el libro Arte urbano, curado por Enrique Zamudio (ver recuadro).

-¿Qué le acomoda más: la obra pequeña o las grandes instalaciones?

-Ambas. Sin embargo, la pequeña abarca una cosa intimista preciosa que puedes tomar con la mano. Lo otro son los monstruos que te hacen rabiar, sufrir en el buen sentido de la palabra; a pesar de ello cuando ves la obra terminada y el efecto que genera en la gente, quedas fascinado. Por ejemplo, la primera intervención que hice en Londres, The Thought Provoking Machine, en Economist Plaza, invitó a la reflexión sobre los efectos de las máquinas y la producción en masa en el medio ambiente y la sociedad moderna.

-¿Qué piensa de las posturas ecologistas?

-Soy una persona del siglo XXI y esta persona tiene que tener conciencia ecológica. Claramente en mi obra este ámbito se manifiesta con fuerza. Trabajo con un material que existe desde el tiempo neolítico, que las grandes culturas americanas han desarrollado magistralmente, dentro de un lenguaje contemporáneo y no pachamámico.

-¿Volvería a vivir en Chile?

-Cuando sienta que Inglaterra no me esté dando todo lo que necesito, pienso buscar un lugar en Italia para pintar y dibujar. Quizás al momento de retirarme, me vendría a Chile. También por un proyecto importante estaría dispuesto a pasar largas temporadas en mi país.

-¿Como la retrospectiva suya que se hará en 2014?

-No diría retrospectiva, porque siento que es para la gente que está muerta. Tengo la inquietud de mostrar mi evolución, lo que he logrado con el material. Tengo la sensación que ayudé a mucha gente a que se entusiasmara para trabajar con arcilla, pero cuando me fui de Chile faltó más investigación, ser más atrevidos. Los que quedaron no exploraron y sus trabajos se fueron poniendo más decorativos y quizás bastante repetitivos. Quiero que sea una exposición educativa que entusiasme a la gente desde la modernidad del material.

-¿Quiénes son sus referentes?

-Anselm Kiefer, Tony Crag y Anish Kapoor, aunque este último me está interesando cada vez menos. Cuando vives en una ciudad como Londres la información pasa tan rápido que vas llenando tu disco duro y lo vas vaciando a medida que puedes. Me interesa la inmediatez y lo contemporáneo de los lenguajes.

-¿Las tendencias cambian demasiado rápido?

-No sé, pero aún no asimilamos el video y ya en las bienales se ve cada vez menos. Si tuviera que decir en qué minuto estamos, todavía no superamos la pregunta que planteó Duchamp: ¿se pueden hacer obras de arte con objetos que no sean arte? Un urinario, por ejemplo. Por ahí pasa la frescura que dejaron los Young British Artists, que en un momento se pasaron un poco de la raya y ahora se han calmado. Ahora nuevamente está gustando el artista inserto en su taller.

-¿Ya no quedan movimientos de vanguardia?

-El discurso es siempre de un grupo, y así se forman los movimientos. Pero se producen afuera de Chile porque allá los museos compran y muestran la tendencia que está llevando la batuta. En el museo se arma la teoría, se oficializa y escribe la crítica. En Chile, las buenas ideas se desperdigan porque los museos no están comprando, no están oficializando. Pocos entienden el talento, sobre todo en el arte contemporáneo, donde la gente tiende a sentirse completamente ajena porque no lo sabe leer o cree que le están tomando el pelo; por eso educar es una obligación muy grande. Cuando la obra entra al museo la gente lo mira distinto.

-¿Cómo ve el panorama local de exhibiciones?

-No digo que sea igual a 15 años atrás, cuando me fui, pero vengo todos los años a pasar las vacaciones de verano en el invierno europeo, y me doy cuenta de que en el Bellas Artes y en el Museo de Arte Contemporáneo, que son las catedrales de arte en Chile, sigue pasando muy poco. Lo poco interesante que pasa es gracias al mérito de los directores que son verdaderos héroes y algo de locos por querer el cargo sabiendo las condiciones. Punto aparte es el Museo Precolombino que es extraordinario en cualquier lugar del mundo.

-¿Cree que quedarse en Chile puede ser fatal para un artista? ¿Existe el riesgo de achatarse?

-Hay una tendencia natural al estancamiento en cuanto al desafío a seguir investigando y creando. Eso fue lo que me motivó a irme. Es un país con un ritmo muy lento. Si quiero ver lo que está pasando basta recorrer en un fin de semana las galerías y 2 ó 3 museos, por lo tanto, todo es más provinciano. Los cambios son menos aceptados porque las sorpresas no gustan, no hay una cultura profunda que pueda entender el cambio.

-¿Cómo vivió Out of Sync en Londres, que logró bastante cobertura en medios de arte?

-Me tomé una semana para ir a verla todos los días; quería vivenciar lo que le pasaba al ciudadano. Además, fue la culminación de una idea que partió desde cero. Te dices: lo logré. Te ayuda a pensar que no estás tan equivocado y que no eres tan malo. En Chile siempre la crítica ha sido muy mezquina con mi obra cosa que me parece curiosa. En Inglaterra es menos sesgada, muy culta, respetuosa, librepensadora y definitivamente no es barrera. Sin embargo, cuando exhibes en tu país sientes una emoción distinta: es una responsabilidad diferente y te produce una sensación retrospectiva. Cuando se inaguró Out of Sync en Santiago, fue particular porque estaba abierta a la calle, la gente pasaba, pasaban las micros y eran tus micros… las chilenas. •••

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Irrupción en la urbe

¿Pertenece el arte a la ciudad? Una interrogante que ha surgido con fuerza en los últimos 30 años, sobre todo porque la representación visual del arte se ha hecho más extensible y abierta a la sociedad, saliendo de los cuarteles –el taller, la academia, el museo– donde el arte tradicional se gestaba. El lienzo hoy puede tomar la forma del Palacio de Buckingham o la mismísima Time Square, así como la Alameda o el Estadio Nacional. El arte urbano contemporáneo es tan social como político y su irrupción paulatina y efectista.

Precisamente, por su carácter fugaz es que la fotografía que plasma la intervención pasa a ser clave a la hora de generar mayor alcance y muchas veces tiene tanta relevancia como la obra en sí. Bien lo sabe el artista visual Enrique Zamudio, quien acaba de asumir como decano de la Facultad de Arte de la universidad Finis Terrae y quien es el curador del libro Arte Urbano. El volumen recopila la obra de artistas que han realizado intervenciones, instalaciones, ocupaciones y acciones que utilizan a la ciudad y a sus habitantes como componentes y soporte material donde situar su trabajo con un objetivo transformador de la realidad.

“Trabajamos casi un año en armar el proyecto, y lo cierto es que más allá de su aporte en lo académico busca generar una reflexión en torno al arte urbano, por ello se invitó a tres especialistas, que desde sus disciplinas establecen una apreciación de esta actividad en nuestro país: obras, artistas e ideas que constituyen un fondo crítico y discursivo de este género artístico que ha adquirido presencia e identidad en Chile”, señala Zamudio.

Arte urbano, producido por Entel y acogido a la Ley de Donaciones Culturales, cuenta con la selección de 8 artistas nacionales y 9 internacionales, entre ellos Fernando Casasempere, Juan Pablo Langlois, Sebastián Errázuriz, Sol LeWitt y Christo, entre otros.