Por Sofía García-Huidobro. Periodista y parte de Mujeres Bacanas junto a Isabel Plant, Fernanda Claro y Concepción Quintana. Ayer lanzaron su segundo libro, Mujeres Bacanas Latinas.

El 8 de marzo no se celebra. Se conmemora. No es trivial la distinción porque aunque cada año existan más razones para celebrar, hay que recordar que esta fecha quedó instaurada en honor a aquellas trabajadoras que murieron en Nueva York, un día como hoy en 1857, por la fuerte represión policial recibida mientras protestaban por sus derechos salariales. O las 123 mujeres que en marzo de 1911 se quemaron vivas encerradas en la fábrica en la que trabajaban. La mayoría eran inmigrantes y la menor tenía solo catorce años, trabajaban bajo llave porque la empresa quería evitar robos. No todos lo saben o muchos lo olvidan. Para eso existe Mujeres Bacanas, como un sencillo ejercicio de memoria. Cada día destacamos a una mujer; no por perfecta, no por ser famosa, por ser bacana. Para nosotras eso significa que hay una historia de valentía y perseverancia que merece ser contada. Bajo el lema “Si ellas pudieron, nosotras también”, buscamos inspirar a otras mujeres – y hombres -, y ponernos al día con la inmensa deuda histórica que arrastran las mujeres en cuanto a reconocimiento y visibilidad. Porque durante siglos la opinión de una mujer valía menos y hasta hace pocas décadas no éramos dignas de votar. Porque la voz de la humanidad ha sido masculina aunque más de la mitad de los habitantes del planeta seamos mujeres. Eso está cambiando, puede haber diferencias sobre la forma, la velocidad o el lenguaje, pero lo que ya parece imposible de torcer es el rumbo de esta oleada feminista.

En junio de 2016, cuando partimos con Mujeres Bacanas, nos pusimos un plazo de un año pensando que en ese tiempo quizás ya habríamos reseñado a las mujeres imprescindibles. Todo lo contrario: llevamos casi tres años, dos libros publicados, miles de ejemplares vendidos, unas 800 biografías publicadas en nuestro sitio mujeresbacanas.com y una gran comunidad en redes sociales e infinitas mujeres pendientes. Estamos muy contentas, cada vez más conscientes de lo obtenido hasta aquí, pero también de lo que falta por delante. Sería eterno enumerar los abusos con los que todavía deben lidiar las mujeres en sectores más vulnerables. Incluso en ambientes privilegiados hay datos que resultan impresentables. Esperamos que en un futuro cercano resulte difícil explicar cómo es que dos personas que asistieron a una misma universidad, tuvieron a los mismos profesores, rindieron las mismas pruebas y se sacaron las mismas notas, luego reciban un sueldo 30% menor (promedio de la brecha salarial en Chile), solo por ser mujeres. O que durante años nos hemos resignado a que las isapres les cobren más a aquellas en edad fértil. Todo indicaría que nuestra sociedad busca castigar la mera posibilidad de la maternidad, como si la especie humana buscase extinguirse. Como si tener útero fuese una carga social, incluso para aquellas que no quieren ser madres. Pero somos optimistas, creemos que alcanzar la justa igualdad de derechos y oportunidades ya no es algo cuestionable. Que los abusos son cada vez más condenados. Que la violencia tiene que acabarse y en la medida en que las mujeres alcen la voz y se apoyen entre ellas, así será. Que hoy, y todos los días, se escuchen fuertes nuestras voces.