Casi diez años de trabajo musical abarca AB, el primer disco póstumo con material inédito del fundador de La Ley. No es la intención del álbum el archivo por el archivo. Las dieciséis canciones consiguen, más bien, confirmar el reconocido talento de un hombre que, hasta el día de su muerte, vivió para y por la música. Por Marisol García

  • 16 noviembre, 2010

 

Casi diez años de trabajo musical abarca AB, el primer disco póstumo con material inédito del fundador de La Ley. No es la intención del álbum el archivo por el archivo. Las dieciséis canciones consiguen, más bien, confirmar el reconocido talento de un hombre que, hasta el día de su muerte, vivió para y por la música. Por Marisol García

 

 

Amplia y diversa era la colección de discos de Andrés Bobe. Su hermano Germán la conserva hoy en su propia casa, y vuelve a ella de vez en cuando para revisar antiguas carátulas de Genesis, Ritchie Blackmore, Queen, Talk Talk, The Smiths, Joy Division. “Está impecable”, asegura. Andrés Bobe siguió un curso de interés auditivo que partió en el rock progresivo y derivó en la new-wave inglesa, un trayecto más o menos frecuente en los jóvenes enterados de su generación. Pero la distinción, en su caso, estuvo en cómo utilizó esas muchas influencias para un trabajo propio que marcó a fuego el sonido chileno de su época. Nadie como él estuvo antes dispuesto a enorgullecerse de trabajar un pop sofisticado e inteligente, cuidado y adulto. Incluso tras su muerte, en 1994, La Ley no pudo despegarse de sus lecciones y visión, una impronta profesional que hasta hoy contagia a parte del pop local.

AB, el nuevo disco con música de Andrés Bobe, es una publicación póstuma atípica. En vez de desempolvar material antiguo y desconocido por el simple gusto del archivo, busca compartir la evolución de uno de los compositores más importantes para la música pop y rock chilena. “La idea es mostrar su desarrollo y explicar cómo eso generó el sonido de La Ley”, explica Carlos Fonseca, productor ejecutivo del disco y uno de los amigos más cercanos al fallecido músico, en parte por su labor como primer manager de La Ley. Germán Bobe, su hermano menor, fue el otro gran pilar para sostener esta idea:

“Nos tomó un buen tiempo concretarla, pero me parecía importante insistir, porque este disco estaba en los planes de Andrés”, explica. “Las últimas canciones que se muestran de él eran parte de un disco solista que quería editar, del cual hablamos una semana antes de que él muriera. Me dijo: No se lo cuentes a nadie, pero el trabajo estaba en marcha, en paralelo a La Ley”.

Efectivamente, abre con cuatro canciones de ese proyecto inédito. Temas de pop adherente, cantados en inglés por el propio Andrés sobre colchones eléctricos orientados por el mejor New Order o ABC. With you y Love in fire son grabaciones de 1994, realizadas poco antes de su fatal accidente en moto. “Siempre me sorprende lo adelantado que estaba Andrés. El iba hacia la vanguardia y daba pasos certeros. No perdía el tiempo. Su oído pop era en serio”, dice Germán. Incluso en Teorema de Pitágoras, el tema más antiguo del disco (1985), se escuchan scratches atribuibles al hiphop mucho antes de que ese género entrara en Chile. Entre uno y otro extremo, AB muestra esa evolución, con dos temas antes inéditos del grupo Paraíso Perdido (Edificios y Matrimonio, ambos con Javiera Parra en voz), otros tres del primer (y descatalogado) álbum de La Ley (Sólo un juego, A veces y La luna, en los tiempos de Shía Arbulú como vocalista), tres canciones de La Ley cantadas por Bobe, y otra triada de instrumentales grabadas en 1987.

De ese talento, el medio chileno nunca estuvo ajeno. Bobe fue un músico activo, reconocido y solicitado, que no cesó de trabajar en los más de diez años en que le entregó dedicación exclusiva a la música. Al menos tres bandas lo tuvieron como integrante (Paraíso Perdido, La Banda del Pequeño Vicio y La Ley) y otras muchas se benefi ciaron de sus consejos y colaboraciones. Al momento de su muerte, el guitarrista pretendía comenzar a trabajar en la producción del primer álbum de Lucybell, por ejemplo. “Alcanzamos a telonear un par de conciertos de La Ley y, de manera natural, él se acercó a nosotros”, recuerda Gabriel Vigliensoni, uno de los fundadores de Lucybell, y en los créditos de AB junto a Oscar López como remezclador de cuatro temas. “Era alguien obsesivo con sus producciones, que hizo algunas gestiones a favor nuestro en la entonces (casa disquera) Polygram, con quien compartíamos gustos”.

La música del guitarrista, cantante, compositor y productor alcanzó no sólo para cinco álbumes (cuatro de La Ley, y uno de La Banda del Pequeño Vicio), sino también para incontables demos y grabaciones aún inéditas. Según Germán Bobe, de su hermano existe aún material guardado para armar “otros dos o tres discos”. Conocer hoy parte de ese material recuperado es profundizar en uno de los escasos autores cosmopolitas de nuestra música reciente, y también en su época.