Motown, la casa disquera independiente más exitosa de la historia, cumple medio siglo. Un sello que entregó la banda sonora de un proceso social que cambiaría a Estados Unidos para siempre. Leyenda pura.

  • 5 marzo, 2009

 

Motown, la casa disquera independiente más exitosa de la historia, cumple medio siglo. Un sello que entregó la banda sonora de un proceso social que cambiaría a Estados Unidos para siempre. Leyenda pura. Por Andrés Valdivia.

¿Qué tienen en común los autos, la comunidad afroamericana y los incipientes años sesenta? Mucho. Veamos.

En 1959, de la mano de Berry Gordy, nació uno de los imperios disqueros más peculiares e interesantes de la historia del entretenimiento. Fue en Detroit, centro neurálgico de la industria automotriz de EEUU (Motown, por cierto, es uno de los sobrenombres de la ciudad), y su ubicación geográfica no fue casual. Tampoco lo fue que estuviera por comenzar una de las décadas más convulsionadas y transformadoras en ese país, y que Mr Gordy fuese un prominente hombre de negocios de raza negra.

Una de las genialidades de Gordy al momento de concebir su empresa fue la de entender su negocio como una factoría de canciones más que como una agencia “busca talentos”. Observó la eficiencia de la línea de producción de la industria automotriz y la puso en práctica en el ámbito musical junto a una férrea política de control de calidad. Las cosas funcionaban así: un grupo de compositores escribía canciones, un grupo de músicos de sesión las grababa y una serie de “estrellas” en formación las interpretaba. División del trabajo “101”.

Gordy mantenía el control desde la composición de las canciones (tenía derecho a veto y así lo hacía, eliminando aquellos temas que sentía que no eran “fáciles de consumir”) hasta los arreglos, la producción y el look y estilo de cada uno de los intérpretes. Les obligaba a tomar clases para comportarse bien socialmente y comprender la lógica y las maneras de la cultura dominante. Su estrategia era simple: invadir las casas de la Norteamérica blanca con un producto asequible, inmaculado, pero negro por donde se le mirase, con el soul de moral pop de Motown. Y dio resultados. Entre 1961 y 1971 la compañía tuvo nada menos que 110 hits en el Top Ten, en manos de leyendas como Stevie Wonder, Marvin Gaye, Diana Ross & The Supremes, The Four Tops y The Jackson 5. No sólo eso. Motown contribuyó de manera significativa a un cambio cultural que fue paralelo al movimiento de libertades civiles que se desarrollaba en las calles. Hasta el momento eran dioses blancos con voces y composiciones de artistas negros (¿recuerdan a Elvis?) los que triunfaban; pero Motown logró encarnar ese estilo en estrellas afroamericanas de tomo y lomo. Fue una proeza artística y comercial que sintonizó con la transformación de la sociedad norteamericana.

Con los años, Motown continuó explorando los sonidos negros de su tiempo, como el funk y el hip-hop (Lionel Ritchie, The Commodors y hasta Boys II Men, grabaron en el sello). Tuvieron éxitos importantísimos y paulatinamente fueron declinando hasta ser absorbidos por la industria global, asunto que ocurrió en 1988. A pesar de que su estado financiero en esa época era lamentable, Motown ya se había encumbrado como la compañía disquera independiente más exitosa de la historia de Estados Unidos. Y una de las más perdurables.

El sonido Motown

El “sonido Motown” fue una marca registrada. De hecho, todos los discos en un principio se grababan igual: mismos músicos de sesión, mucho pandero al momento de acentuar el ritmo de las canciones, melodías reconocibles y simplificadas al máximo, un bajo potente y melódico, muchas guitarras y siempre, siempre, dos bateristas por canción, los que otorgaban a los temas aquella presencia rítmica impresionante. Fue este sonido el que logró llevar al número uno algunas de las canciones más bellas del repertorio norteamericano: My Girl, Baby Love, ABC, Superstition, Let´s Get It On y Ain´t No Mountain High Enough, entre tantas otra.

 

 

Discos imperdibles
STEVIE WONDER, SONGS IN THE KEY O LIFE, 1976

Uno de los músicos más talentosos de su generación, en un disco que lo encuentra en la cúspide de la experimentación y el riesgo. Música de alto octanaje y de una belleza indescriptible. Sir Duke y Superstition sobresalen.

MARVIN GAYE, WHAT´S GOING ON, 1971

La voz inmortal de Gaye da vida a uno de los discos más apasionados de su tiempo, que a la vez es una crónica sobre los conflictos sociales. Imperdible y entrañable: una obra maestra.

THE SUPREMES, WHERE DID OUR LOVE GO?, 1964

Un disco que parece una compilación de grandes éxitos, pero que no lo es. Bellas canciones con una impronta melódica de alta categoría y con los mejores arreglos de la era Motown pre años setenta.