“Hago un llamado a Estados Unidos para que mantenga su solvencia, cumpla sus compromisos y garantice la seguridad de nuestros activos”. Parecen palabras de cualquier norteamericano desesperado, pero en realidad provienen del primer ministro chino. En el país asiático están preocupados. Por eso quieren reducir la influencia y –ni más ni menos- terminar con el reinado del dólar.

  • 10 junio, 2009

“Hago un llamado a Estados Unidos para que mantenga su solvencia, cumpla sus compromisos y garantice la seguridad de nuestros activos”. Parecen palabras de cualquier norteamericano desesperado, pero en realidad provienen del primer ministro chino. En el país asiático están preocupados. Por eso quieren reducir la influencia y –ni más ni menos- terminar con el reinado del dólar.

Mientras la atención global se concentra en los “brotes verdes” y el avance de la influenza humana, China comenzó a mover las fichas para dejar su marca en la transformación del sistema financiero internacional. El gigante asiático teme por sus ahorros, demasiado concentrados en bonos del Tesoro de Estados Unidos y cuyo valor está atado a los movimientos del dólar.

Con un crecimiento proyectado de 6,5% y enormes reservas por 2 billones (millones de millones) de dólares, es fácil mirar a China como un posible salvador de la economía global. Sin embargo, las autoridades chinas tienen otra preocupación.

 

Recordemos que por los últimos 30 años China ha mantenido un tipo de cambio fijo e interviene periódicamente para mantener su moneda lo suficientemente barata como para dar ventaja a sus exportadores. Los superávit gemelos de China, comercial y de cuenta corriente, le permitieron acumular una cantidad enorme de reservas: las mayores del mundo, unos dos billones (millones de millones) de dólares. Buscando un lugar seguro y relativamente rentable para esas reservas, Beijing se lanzó a comprar bonos del Tesoro estadounidense, financiando a otros gemelos: los déficit comercial y presupuestario de Estados Unidos. En el proceso, se convirtió en el mayor acreedor de Estados Unidos.

China ha reaccionado con molestia ante cualquier sugerencia de que su enorme acumulación de reservas contribuyó a la orgía de liquidez en los mercados financieros globales. Pero lo cierto es que sus reservas están ahí, y se estima que 70% está en valores del gobierno estadounidense.

Y vinieron la crisis subprime; el caos en el sistema financiero estadounidense y la recesión. El dólar se vio amenazado. Encima, el gobierno de Obama decidió hacer frente a la situación gastando y emitiendo más dinero, lo que –en todo caso– en cualquier otro país que no fuera Estados Unidos ya habría hecho que la moneda se fuera a pique.

 

 

 

A la ofensiva

A fines de marzo, días antes de la cumbre del Grupo de los 20 en Londres, Zhou Xiaochuan, gobernador del Banco Popular de China, sorprendió publicando en el sitio web de la entidad un paper en el que planteaba que el sistema actual basado en el dólar era demasiado vulnerable y que era necesario reemplazar a la divisa estadounidense por una moneda supranacional, independiente de los vaivenes económicos de un único país. El planteamiento de fondo fue recogido por otros, los más visibles los rusos, que tienen sus propias razones para querer que el dólar pierda protagonismo (Rusia prepara una reunión de los cuatro grandes países emergentes –Brasil, Rusia, India y China– en Moscú, y uno de los temas en la agenda es la búsqueda de otra moneda de reserva).

El mismo mes, el primer ministro Wen Jiabao dijo en la reunión anual del Congreso Popular Nacional que “hemos prestado una enorme suma de capital a Estados Unidos y, por supuesto, estamos preocupados por la seguridad de nuestros activos. Sinceramente, tengo algunas aprensiones. Así que espero a través de ustedes hacer un llamado a Estados Unidos para que mantenga su solvencia, cumpla sus compromisos y garantice la seguridad de los activos de China”.

En abril, China salió de nuevo al ataque, declarando que esperaba que en el largo plazo el dólar fuera reemplazado como moneda de reserva por una canasta de divisas y commodities significativos. A mediados de mayo, un funcionario de la comisión regulatoria de la banca en China sugirió que el renminbi podría tener un mayor papel como moneda de reserva, llegando a 3% de las reservas globales para 2020.

 

 

Obras son amores

 

El gigante asiático no se ha quedado en palabras. Silenciosamente, comenzó a preferir Treasuries de maduración más corta. En la cumbre del G20 se comprometió a inyectar 40 mil millones de dólares al FMI, probablemente a través de la compra de bonos del Fondo. Esto no es puro altruismo, porque al final le permite presionar por una reforma al FMI que implique más poder de voto.

Además, desde el segundo semestre de 2008 ha firmado swaps de moneda con una docena de países por un monto total de 120 mil millones de dólares, y probablemente habrá más. Esto se traduce en que muchas de las actividades comerciales de China utilizarán el renminbi como moneda en lugar del dólar. Los acuerdos no se limitan a Asia, donde Beijing claramente quiere promover el renminbi como divisa regional, fortaleciendo su peso político: ya firmó un swap con Argentina. En mayo, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva discutió con su contraparte china, Hu Jintao, la posibilidad de que Brasil le pague en reales a China por sus productos y que China a su vez pague las mercancías brasileñas con renminbi.

Los grandes cambios suelen tomar tiempo. La posición del dólar no es resultado de la decisión de las autoridades, sino un reflejo del peso de Estados Unidos en la economía global. Sin embargo, China está poniendo los primeros ladrillos para un nuevo sistema que reflejará el cambio del poder económico de occidente a oriente.

Timothy Geithner, secretario del Tesoro de Estados Unidos, ya experimentó las primeras evidencias de este cambio. De visita en China el 1 y 2 de junio, buscó tranquilizar a sus anfitriones respecto de la seguridad de sus ahorros (y convencerlos de que sigan comprando deuda estadounidense, financiando así el plan de estímulo económico). Les dijo que la administración Obama había prometido hacer lo que fuera necesario para bajar el déficit a 3% del PIB desde el 12,3% previsto para este año, una vez que la recuperación se haya establecido.

 

 

En la trampa

 

Los chinos saben que hablar demasiado fuerte contra el dólar también atenta contra el valor de sus reservas. En esa línea, Guo Shuqing, presidente del China Construction Bank y ex director de SAFE, la administradora cambiaria del país, dijo que “en el corto plazo, no creo que podamos encontrar una moneda que reemplace al dólar. El dólar estadounidense es la principal divisa porque su economía es la número uno en términos de competitividad e innovación”. Las declaraciones coincidieron con la visita de Geithner.

Pero también saben que tienen razones para preocuparse. Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, llamó el miércoles pasado al Congreso de su país a actuar ahora para corregir el déficit presupuestario y no caer en una “trampa de deuda”.

Es una pesadilla para los chinos: la enorme y creciente deuda estadounidense, el gigantesco déficit presupuestario y la impresión de más dólares (así es como la Reserva Federal planea comprar bonos del Tesoro, echando a andar las prensas) es una receta segura para la inflación y la consiguiente devaluación del dólar. Incluso, hay quien sospecha que las autoridades estadounidenses no ven con malos ojos una depreciación de su moneda, que les permitiría exportar su salida de la recesión. Todo esto diezmaría los ahorros chinos.

 

 

En busca de la salida

 

Nadie vendrá al rescate. Así es que los chinos se pusieron en campaña. Primero, buscar mayor protagonismo en el nuevo orden económico, más en línea con su tamaño, algo que hasta ahora habían eludido. Segundo, tomar medidas como los swaps cambiarios para fortalecer la posición del renminbi.

Un tercer esfuerzo de los chinos por salir de la trampa del dólar, como la llama Krugman, pasa por la diversificación de sus inversiones ya no en valores o monedas, sino en activos en energía y recursos naturales. Aunque el mundo es el límite, hasta ahora estas inversiones se han concentrado en Australia.

Y en todo este movimiento, se pierden un poco las preguntas respecto de la estrategia china. Las críticas domésticas apuntan a que un país aún relativamente pobre no puede seguir prestándole a uno rico, poniendo otra vez sobre la mesa el tema de la gestión de las reservas.

Además, para conseguir un rol internacional mayor para su moneda debería hacerla convertible y revisar los controles al movimiento de capitales hacia dentro y fuera del país. La falta de un mercado de bonos abierto y profundo, con tasas fijadas por el mercado, también juega en contra de eventuales emisiones de activos en renminbi.

Los chinos aún tienen mucho por hacer. Pero no hay duda de que el dólar estadounidense será el mayor perdedor a medida que se fortalezca el rol global del renminbi.