A Jaime Cardemil le cuesta mucho encontrar zapatos. En su opinión, todos son iguales: con suela de goma o hechos en China. Una maña que lo obliga a comprar calzados fuera de Chile, a través de Internet. Pero adquirirlo en la web, a su juicio, tiene un solo inconveniente: “terminas pagando un costo altísimo”. Hasta que decidió mandárselos a hacer. “Qué lindos tus zapatos”, le comentaron más de alguna vez. Su afi ción por el diseño, sumado a su tradición familiar de rodeo y a su sangre italiana, lo llevó a dar el paso: se convirtió en zapatero. Y no en uno cualquiera: sus modelos son de materiales nobles y con diseños italianos. Pero made in Chile. Hace un mes armó un taller, al que bautizó como Sitrana, y tiene a 4 zapateros cortando el cuero, cosiendo las suelas calibradas y enlazando cordones de algodón encerado. Todo, hecho a mano. “Cada zapato es una verdadera obra de arte”, asegura este ingeniero comercial. A Cardemil no le interesa caminar tan rápido con Sitrana. La meta es haber vendido, a fi nes de este año, unos 100 pares mensuales. Su intención está lejos de masifi car la venta. Todo lo contrario, quiere posicionarse en un nicho comercial. De hecho, sus zapatos se venden a través de la web y ya está en conversaciones con un par de tiendas boutique para exhibirlos.

  • 6 mayo, 2011

A Jaime Cardemil le cuesta mucho encontrar zapatos. En su opinión, todos son iguales: con suela de goma o hechos en China. Una maña que lo obliga a comprar calzados fuera de Chile, a través de Internet. Pero adquirirlo en la web, a su juicio, tiene un solo inconveniente: “terminas pagando un costo altísimo”.

Hasta que decidió mandárselos a hacer. “Qué lindos tus zapatos”, le comentaron más de alguna vez. Su afición por el diseño, sumado a su tradición familiar de rodeo y a su sangre italiana, lo llevó a dar el paso: se convirtió en zapatero. Y no en uno cualquiera: sus modelos son de materiales nobles y con diseños italianos. Pero made in Chile.

Hace un mes armó un taller, al que bautizó como Sitrana, y tiene a 4 zapateros cortando el cuero, cosiendo las suelas calibradas y enlazando cordones de algodón encerado. Todo, hecho a mano. “Cada zapato es una verdadera obra de arte”, asegura este ingeniero comercial.

A Cardemil no le interesa caminar tan rápido con Sitrana. La meta es haber vendido, a fi nes de este año, unos 100 pares mensuales. Su intención está lejos de masifi car la venta. Todo lo contrario, quiere posicionarse en un nicho comercial. De hecho, sus zapatos se venden a través de la web y ya está en conversaciones con un par de tiendas boutique para exhibirlos.